"Yo podía": Fernanda, la joven que perdió lo que más amaba y ahora tocó el cielo con las manos
Tenía 11 años cuando sufrió un golpe tan duro como inexplicable. Luego llegaron las noches más difíciles, pero una mañana su vida dio un giro y hace unos días logró lo que creía imposible. Una relato que emociona y que moviliza.
Fernanda y Fernanda.
Estas lágrimas que no suelta la flamante arquitecta Fernanda Langella, estas lágrimas contenidas por la capa de papel picado y engrudo de recibida en la cara, estas lágrimas que no salen porque cuando todos lloran, ella no, estas son las lágrimas que tampoco derramó el día más difícil de su vida, cuando la ahora joven de 25 años tenía apenas 11 y acababa de perder a su mamá por una enfermedad que nadie supo hasta hoy por qué.
“Yo estaba en el cementerio y todo el mundo estaba llorando. Todos menos yo. Yo tenía 11 y era la que consolaba al resto. A mi familia, a mis hermanos más chicos de 7 años y de 1 año y medio. Les decía a todos los que venían a consolarme que fueran con ellos. Quería mostrarme fuerte, que no me pasaba nada, pero me estaba pasando de todo. Y de todo me iba a pasar”.
Fernanda, llamada así como su mamá, vivió una infancia soñada junto a ella: “Fue muy linda mi infancia. Éramos muy unidas. Ella estudiaba cosas parecidas a las que después estudié yo. Le faltaban tres materias para ser diseñadora de interiores. Solía hacer cosas de arquitectura, tenía un taller de pintura, me enseñó a pintar, tengo su misma letra. Hacíamos todo juntas. Pero cuando yo tenía 10 años, mi mamá enfermó. Hasta el día de hoy no sabemos qué fue. Y en cinco meses murió”.
Aquella infancia soñada con su madre se convirtió en sueños recurrentes sin ella. Y aquellas mañanas de taller junto a su mamá mutaron en largas noches sin dormir, en eternas madrugadas donde Fernanda empezó a llorar, a llorar y a llorar sin parar: “No había una sola noche que no llorara. Lloré tanto que llegué al punto de que a los 13 me lastimé las córneas y ahora tengo miopía, astigmatismo. No veo nada sin anteojos o sin lentes de contacto. No conozco a nadie que haya llorado tanto”.
Mientras habla con eltucumano, Fernanda recuerda cómo hizo posible lo que parecía imposible: ser feliz. “En el secundario siempre tenía sueño porque vivía llorando a las noches y dormía poco. Mis compañeros pensaban que me dormía porque era vaga. Porque no le contaba a nadie todo el dolor que tenía adentro. Y a los 15 empecé a sentirme muy sola, a odiarme a mí misma, y en paralelo a hacer de cuenta de que podía con todo, de demostrarme que podía hacer millones de deportes, de hacer todo bien en el colegio, de hacer gimnasia aérea, de todo".
"Pero la realidad es que estaba muy mal por dentro y todo lo que me pasaba lo ocultaba. Llegué a un punto tal que estaba muy, muy mal. Llegué a un punto de depresión extrema. Estuve tres meses encerrada en el verano llorando. Llegué a odiarme tanto que me quería morir todas las noches. Dejé de comer. Llegué a pesar 38 kilos. No quería hacer nada, no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Hasta que en el último momento de la secundaria, hice un clic”.
Ese clic que hizo Fernanda comenzó con terapia y mudándose a la casa de su abuela María, la mamá de su mamá, la abuela que veía en su nieta Fernanda a su hija Fernanda, parecidas en todos los sentidos. “Empezamos a curarnos juntas con mi abuela. Yo ahí entendí que la pérdida de mi mamá había sido difícil para todos. Después de dos psicólogas, después de que mi familia aceptara que si yo no quería vivir no podían hacer nada, hice terapia y soñé a mi mamá 20 veces".
"En mis sueños mi mamá me decía que no era el momento de que estuviéramos juntas, de que me extrañaba, pero que esperara. Ahí me di cuenta que que peor no podía estar en la vida. Me dije: ‘Más hondo no puedo llegar. Voy a buscar ayuda’. Y ahí se me metió en la cabeza estudiar una carrera muy larga. Muchos familiares, que después me felicitaron y contuvieron, me dijeron que Arquitectura no era para mí, que no me iba a dar la cabeza, que no era una carrera para mujer”.
Solo Fernanda sabe íntimamente todo lo que vivió hasta llegar al día del título en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán. Pero hay partes que puede y quiere contar: “No me apoyaba nadie, me fui de mi casa, me mudé a mi abuela, vendí combos de hamburguesas, trabajé para pagar mis estudios, di clases de acrobacia, vendí productos de belleza de Mary Kay, bikinis, de todo. Mi abuela después me ayudó muchísimo con todo. Es una carrera larga y cara. Me cocinaba cuando yo no podía, pero las últimas dos semanas no pude comer por una gastritis nerviosa. Hace unos días recién volví a comer. Fue durísimo”.
Solo quienes hemos sufrido una pérdida tan dolorosa como capital en nuestras vidas sabemos de lo que se trata. Aquí, en esta entrevista, Fernanda abre su corazón después de publicar un hilo en Twitter que caló profundo. Es la historia de una superación, de salir de un cuadro difícil para el que Fernanda ha pedido ayuda, pero del cual principalmente Fernanda ha salido sola.
“Dejé de callar. Dejé de contar solo lo bueno. Empecé a contar lo malo. Así empecé a contar todo y así empecé a cerrar etapas. Hay mucho más de fondo como la relación con mi padre, pero no es el punto. Lo fundamental es que después de tanto amor a mi mamá, de recibir tanto amor cuando era niña, después de tener todo eso pasar a no tener ese cariño. Y empecé a odiarme y a preguntarme: no entendía por qué no la tengo, no entendía por qué nadie me daba ese amor, por qué no había nadie que me dijera: ‘Vos podés’. Yo podía. Y pude”.
“Y volví a soñar con mi mamá pero de otra manera: siempre supe en los sueños que no la tenía a mi lado, pero a veces me despertaba sintiendo que me había abrazado toda la noche y la cama estaba caliente. Soñaba que me decía: ‘Hoy quiero tener una tarde de chicas con vos’. Y nos íbamos a la peluquería y a comprar ropa. O que en las últimas materias me decía: ‘Te vas a sacar un 8’. Y me sacaba un 8".
"Fue así que estuvo presente en todo momento, pero sobre todo en las últimas dos semanas de la carrera, cuando le pedí que me ayudara. Fui al cementerio y le pedí. Hasta que llegó el día, el día que me recibí, un día lleno de sensaciones encontradas. Quise lagrimear, pero había 100 personas llorando, y yo sosteniendo al resto. Hasta que pasaron un par de días, fui a la Facultad a hacer unos trámites por el título y lo recuerdo, lo recuerdo porque fue hace poco: estaba en un auto, y me cayó la ficha, la gran ficha, y terminé de llorar todo lo que me faltaba, todo lo que tenía”.

La Arquitecta Fernanda Langella se encuentra aquí debajo de múltiples capas de espuma y papel picado el día que se recibió. ¡Felicitaciones!

Con la abuela María, la mamá de su mamá Fernanda. Una persona fundamental para llegar al momento tan esperado.
Estos días estuvieron cargados de muchas emociones porque no fue solo un título de la carrera que amo, fue superación. Hace 10 años atrás llegue a un estado de depresión máxima, todas las noches rogaba morirme, me lastime los ojos por tanto llorar y hoy tengo +
— FL✨ (@FeerLng) June 2, 2022








