"Siempre llega el día": después de 49.999 llaves Carlos consiguió la suya para la felicidad
Este sábado recibió de manos del Presidente el llavero de su casa, su nuevo nido de amor para él, su esposa Juana Cristina, sus siete hijos y su pequeño nieto. Lágrimas y un abrazo que jamás olvidará.
Carlos y el Presidente, fundido en un abrazo. (Foto: Prensa IPVDU)
“Me he largado a llorar como un niño, porque era imposible que me pase todo esto”, confiesa Carlos Rosales al teléfono, con la voz quebrada, todavía espasmódica, propia de una enorme emoción provocada por la sorpresa. Y es que esto último es lo que vivió este sábado el adjudicatario 50.000 de viviendas entregadas durante la gestión del presidente Alberto Fernández.
Había dos cosas que Carlos no sabía en este día tan especial. La primera, la cifra que le endilgaban y, segundo, quién le entregaría las llaves de su nuevo hogar, el que convertiría por fin el sueño en realidad después de años de solo imaginarlo, de prender velas, de pasar por enfrente y tratar de autoconvencerse de que el día llegaría. Y llegó. Y quien le abrió la puerta de su casa fue el mismísimo Presidente de la República Argentina, de visita en Tucumán por los festejos del 206° aniversario de la Declaración de la Independencia.
Pasaban de las 16 cuando a Carlos, a su esposa Juana Cristina y a algunos de sus siete hijos y su nieto de ocho años los hicieron subir a una tarima junto con el Primer Mandatario, el jefe de Gabinete, el gobernador y la interventora del Instituto Provincial de la Vivienda y Desarrollo Urbano (IPVDU). Le habían avisado minutos antes lo que estaba por ocurrir. Esa fue la primera de las dos veces que confiesa haber llorado esa tarde. Fue una semana llena de emociones para él y su familia. El jueves les avisaban que les habían adjudicado la casa y, dos días más tarde, la entrega de llaves que jamás habrían imaginado en sus vidas.
“Lo he abrazado y le he dado la mano”, dice Carlos sobre su encuentro con Alberto. “Me dijo que me iba a ayudar en algunas cosas”, añade sobre lo que ha podido hablar brevemente con el mandatario nacional.

Carlos tiene 42 años y es carpintero. Nunca tuvo la posibilidad de acceder a una vivienda propia y alquilar no era una opción. Vivió durante muchos años en casas prestadas. Primero en la de su madre y luego en la de una cuñada. Son de Leales, pero su vida entera gira en torno a la capital. Sus hijos estudian en escuelas del centro y uno de ellos juega en la reserva de Atlético Tucumán. Con todo tratan de cumplir y el único medio de transporte con el que cuentan es con el colectivo. Poder vivir en el Manantial Sur, a pocos kilómetros del centro, les cambiará la vida a niveles invaluables.
Al acto de entrega de este sábado, Carlos llegó en auto. Es de una abogada a la que le suele realizar varios trabajos de carpintería. Le prestó el vehículo para la ocasión especial. Todavía recuerda como si fuera ayer las veces en las que en la moto prestada de un amigo, cuando iba a dejar a su hijo al Complejo Ojo de Agua donde entrena, pasaba frente a las casas y se imaginaba en alguna de ellas. Se detenía, pasaba minutos mirándolas, mentalizándose a él y a su familia habitándolas. Si acaso eso de la conspiración universal por Ley de Atracción es real, este de la familia Rosales debería ser al menos un caso de estudio.

Carlos y su esposa Juana Cristina se convirtieron en padres cuando tenían apenas 16 años. Habían completado su séptimo grado recientemente y decidieron mudarse juntos a la casa de los padres de él. Una casa a la altura de la Ruta Nacional 9, varios kilómetros adentro ingresando por un camino de tierra. Eran siete kilómetros hasta la escuela más cercana y nueve kilómetros hasta el CAPS. “No quería que mis hijos tengan esa vida, queríamos que salgan del pueblo y conozcan más allá. Yo hace 15 años conozco la ciudad, antes iba solo hasta la Terminal a comprar algo y volver”, recuerda.
Las complicaciones de la ubicación para cumplir con las obligaciones hicieron muchas veces tambalear la pareja. Desde entonces, hace más de 25 años, comenzaron no solo a soñar, sino a trabajar por ese sueño. Pero, mientras tanto, debían conseguir un techo. Contaron con la ayuda de varios familiares, a quienes les agradecen profundamente por todo.
“Estaba viviendo en una casa prestada y ya la tenía que desocupar porque los dueños iban a venderla. Me iba a tener que ir a la casa de mi viejo o de mi suegra y eso significaba volver atrás; quería tener mi casa propia”, señala Carlos.
Años de espera valieron todas las penas juntas. Hoy Carlos, Juana Cristina, sus siete hijos (Melani, Carlos, Luis, Nicol, Agustín, Ariana y Thiago) y su nieto Lisandro ya tienen su casa propia. Una vivienda de tres habitaciones y un patio que ya piensan cómo acondicionar. Quieren ver cómo agrandar un poco más el comedor, ya que la mesa en la que comparten comidas en familia mide casi tres metros. Y es lógico, ¡son 10! Un hogar en donde el corazón y la mesa prometen ser grandes.
“Le diría a la gente que nunca pierda la esperanza. Nunca se debe perder la esperanza. Siempre me iba a verlas a las casas, las miraba y decía que alguna de esas iba a ser mi casa; siempre llega el día”, dice Carlos, emocionado, después de ver pasar 49.999 llaves, y sin poder encontrar palabras para materializar el agradecimiento por el haber cumplido el sueño de la casa propia. Su hogar. La puerta de entrada a un futuro mejor.
Sobre el programa de viviendas El Gobierno invirtió 110 mil millones de pesos para finalizar la ejecución de más de 55.000 obras paralizadas entre 2016 y 2019 A través del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, se encuentran en ejecución más de 125.000 viviendas correspondientes al Programa Federal Casa Propia, mientras que se entregaron más de 55.000 créditos para la construcción y 102.000 para refacción. |








