Top

"Murió en su ley; tomando birra y mirando a Atlético": José y su reja de los recuerdos

HISTORIAS DE ACÁ

Era hincha Decano y fotógrafo del colegio San Francisco. Murió el jueves pasado. Los estudiantes lo recordaron de un modo muy especial. El deseo que falta por cumplir. VIDEO.

Lo conocían como Marcos, pero se llamaba José. (Foto: Facundo Flores)





Martes. Minuto 14 del segundo tiempo. Atlético Tucumán ya gana por 2 a 0 a Barracas Central. Lateral sobre la derecha a la altura del área grande. La pelota pica en dirección de Joaquín Pereyra, que la deja pasar con un giro de 180 grados para despistar a un rival que lo mide a una distancia prudencial. La acomoda levemente con la parte interna de su zurda, mira de reojo, la empuja con la parte externa del mismo pie, levanta su cabeza. Uno, dos, tres pasos, apunta, dispara y ¡gaaaaaaaaaaaaaal! Al primer palo. Una maravilla de gol. Una avivada del jugador Decano, que vio al arquero en actitud de espera ante un posible centro, y con un zapatazo le daba la victoria parcial por 3 a 0 sobre el equipo del presidente de la AFA.


La hinchada en la cancha delira, explota de alegría. Grita, canta, sueña. Muy cerca de allí, en ese mismo instante, en una casa de Monteagudo y Ecuador, a un hombre le duele el pecho. Le falta la respiración. Pide ayuda a familiares que miraban el partido junto a él frente a la tele. No puede más. Lo llevan de urgencia hasta el Instituto de Cardiología que queda en avenida Mitre, de la Capital. Lo internan inmediatamente. Estaba infartado. Estuvo allí el resto del martes, todo el miércoles y, finalmente, el jueves su corazón dijo basta.

Se llamaba José, pero todos lo conocían como Marcos. Era hincha Decano, primero, y fotógrafo de sociales de profesión. El segundo de la familia. Su padre, que sí se llamaba Marcos, tuvo en la década del 90 un negocio de revelado de fotos llamado “Fotomarco”. De ahí el apodo que arrastró hasta el último de sus días, con decenas de niños y padres del Colegio San Francisco, el de calle Marcos Paz al 600, rindiéndole un sentido homenaje sin conocer realmente su nombre. Lo que les importa, en realidad, son los recuerdos que José –o Marcos- les legó. Un afiche adherido a la reja externa del recinto educativo lo define perfectamente. “Es difícil olvidar a alguien que te dio tanto para recordar”.


En aquella reja de aquel colegio, donde tomaba y colgaba sus fotos desde el 86, cada estudiante, sus padres y algunos abuelos, sumaron su propia foto. Postales para las que el fotógrafo que hoy no está más los hizo posar algún día cualquiera como el de hoy. Prácticamente durante toda su vida profesional pasó allí. Esos chicos, a los últimos que fotografió, ya eran nietos de otros exalumnos con los que hasta hace meses compartía tribuna en la cancha de Atlético, más precisamente en el codo de la Laprida y Bolivia, a donde iba a alentar al club de sus amores y, también, a apoyar y a presumir a su hijo Facundo, fotógrafo como él, que trabaja en el verde césped razón de su locura y pasión.


Es Facundo, hermano mediano de cinco, quien accede a hablar con eltucumano para contarnos del emotivo homenaje a su padre y del gran amor que se lo terminó llevando. Pasaron cuatro días. Y, con un poco menos de dolor, se permite emocionarse y también reír al recordar a su padre.

“Murió en su ley”, cuenta. “Se fue tomando birra y viendo a Atlético; ha muerto como él ha querido”, añade. Tal y como contamos al comienzo de este artículo, fue el tercer gol Decano ante Barracas lo que llevó a José a dar su último respiro. El grito de gol emocionado, el sueño del Decano puntero, las puteadas al árbitro.

José alentando a Atlético en el lugar de siempre, el codo de la Laprida y Bolivia. (Foto: Facundo Flores)


A José ya no lo dejaban ir a la cancha. Padecía una enfermedad cardíaca y temían que algo malo le pase en medio del fragor y la pasión que se vive en el Monumental José Fierro. A Facundo le avisaron que habían internado a su padre cuando terminó el partido. Poco pudo hablar con él. Lo fue a ver al sanatorio, pero casi no podía pronunciar palabra por su estado de salud. No hicieron falta demasiadas palabras para conocer y cumplir algunos de los deseos póstumos de su padre. Luego del velatorio, en la conocida sala Flores, la carroza fúnebre llevó a José hasta el colegio San Francisco, donde estudiantes y autoridades salieron a despedirlo y le dedicaron algunas palabras. Desde allí, a su segunda casa, el estadio. El sábado, sus restos fueron cremados y hoy la familia debe decidir qué hacer con ellos. Era el deseo de José que sus cenizas se esparcieran en el verde césped Decano.

Yo iba por detrás de la carroza. Fue muy fuerte ver todas las muestras de cariño de la gente”, recuerda Facundo del día después de la muerte de su padre. “Hasta el martes a la mañana estuvimos juntos, hablamos de Atlético, de trabajo. Hablábamos mucho de trabajo porque nos dedicábamos a lo mismo”, describe.

La cantidad de gente que fue al velorio no deja de sorprender a Facundo. Estudiantes de colegios en los que solía tomar fotos, sus padres y abuelos, hinchas Decanos. “Le llevaron hasta una wiphala, creía mucho en la pachamama”, recuerda sorprendido.

Selfie de Facundo y su padre, José, en un café. (Foto: Facundo Flores)


¿Y cómo era José –o Marcos- como hincha de Atlético? Es la pregunta que le hicimos a su hijo. Una duda ineludible, teniendo en cuenta el contexto que rodeó su partida. Facundo no duda en responder. “Alentaba a los jugadores, puteaba a todos los árbitros, vivía los partidos frenéticamente”, describe.

Por supuesto, la última derrota de Atlético ante Boca no pasó desapercibida para nadie. Y nos animamos a consultar a Facundo qué es lo que hubiera dicho o hecho su padre al ver semejante robo a mano armada en La Bombonera. “Le prendía fuego al televisor, estoy seguro. A Espinoza lo odiaba, ya tenía algo personal con él”, cuenta entre risas el hijo fotógrafo de un padre fotógrafo cuyo padre también fue fotógrafo.