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"No podía ni moverme": Patricia y la pesadilla que vivió junto a su prima en Simoca

TUCUMÁN PARANORMAL

La joven se encontraba con su prima Karina en una habitación apartada de la casa en el paraje conocido como Macio. Cuando se fueron a acostar, les sucedió lo inesperado.

Terror en Simoca.





Patricia es una joven de San Miguel de Tucumán que por las noches todavía despierta asustada cuando recuerda la pesadilla que vivió junto a su prima Karina, en el paraje de Simoca conocido como Macio. 

La por entonces niña Patricia fue invitada por sus tíos a pasar unos días en el campo de sus tíos: “Fue en el verano, y una de esas noches, nos habíamos quedado en casa con Karina, ya que mi tío y mis otros primos se habían ido de pesca y volverían recién al amanecer”.

Todo el calvario relatado por Sebastián Galbán para los colegas de Tucumán Paranormal comenzó cuando Patricia y su prima Karina se fueron a acostar: “Nos pusimos a contar historias de espantos, hasta que nos vino el sueño. Recuerdo que la habitación de mi prima estaba totalmente separada del resto de la casa, era como si fuese otra vivienda en el mismo lote. De repente escuchamos que los perros empezaban a llorar, corrí unas cortinas floreadas y miré por la ventana”.

“Le dije a mi prima que se acercara también a mirar, era como que los perros lloraban y daban vuelta alrededor de algo que nosotras no podíamos ver, hasta que uno salió despedido por el aire como si una fuerza lo hubiese expulsado, de ahí, todos los perros se revolcaban a la orilla del camino y no dejaban de llorar, era como si alguien los estuviera pisando”, contó la joven.

“Me agarró un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo y me metí en la cama, temblaba de miedo, mi prima estaba un poco mejor que yo e intentó consolarme. En ese momento sentíamos cómo la puerta de madera de la entrada al dormitorio la empujaban y querían abrirla, se escuchaba también arañazos, y un sonido de cadenas que también rozaba con la madera”. 

La situación se tornó insoportable y dramática: “El miedo se apoderó de mí, no podía ni moverme, Karina me pidió que rezáramos, no podía articular los labios del miedo. A medida que empezó con sus rezos, todo se empezó a quedar en silencio. No quisimos salir de la habitación. Ni siquiera a mirar por la ventana. La noche parecía eterna, hasta que nos ganó el sueño”.

Pero el temor que vivió esa noche Patricia se confirmó al día siguiente: “Con las primeras luces del día, regresaron mi tío y mis primos, los escuché cómo murmuraban algo, no querían que yo escuchara. Hice correr la cortina de la ventana y vi cómo cargaban en una camioneta a todos los perros. Estaban muertos y estaban secos. Algunos tenían hasta marcas de fuego como si hubieran sido quemados”. ¡Terrible!