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"No pagó la cuenta, me miró y pasó lo peor": Giselle, la tucumana que padeció con San Valentín

VIVA EL AMOR

Llegó el Día de los Enamorados y, dentro del abanico de amor que se flota en el aire, hay veces que Cupido le pifia con la flecha. Primera entrega de testimonios para reír y llorar.

Lloran las rosas.





¿Cuáles son las reglas básicas de una primera cita? ¿No hablar de un ex? ¿Pagar la cuenta a medias? ¿No contar demasiado? ¿No llevar las cosas a un plano demasiado íntimo? Lo cierto es que este 14 de febrero el mundo celebra el Día de los Enamorados, el Día de San Valentín, y es una fecha que para muchas personas se vuelve una excusa perfecta para compartir con ese “alguien” especial que les hace sentir mariposas en el estómago, paz, felicidad, o simplemente ese compañero/a de vida con quien se tienen muchos proyectos, o años juntos en común.  

Pero no todo es color de rosa: en la misma fecha, muchas personas reflexionan o piensan sobre su propia soledad, y ahí es cuando se asoma la posibilidad de conocer un nuevo amor... Pero solo el recordar algunas aterradoras experiencias de primera cita genera en muchos un cambio de opinión. En este caso, desde eltucumano consultamos sobre esas primeras citas que por lo bizarro o desagradable de las mismas se convirtieron en la primera y la última casi de inmediato. Y este es el caso de Giselle.

Giselle tiene 32 años, pero nunca olvidará la primera cita que tuvo en su adolescencia, plena etapa de amores intensos: “En ese momento, quien era mi novio me invitó a comer una vez. Me enteré en la esquina que no había pagado y me hizo correr. Después el mozo lo reconoció en otro evento y le hizo pasar una vergüenza... Yo ese día me acuerdo que le digo: ‘Pagá que voy al baño’. Cuando salgo del baño él ya estaba afuera. Cuando llegamos a la esquina me miró y pasó lo peor. Me dijo: ‘¡No pagué, corré!’”.

Pero si hablamos de experiencias fallidas no podemos dejar de contar lo que vivió Alejandra, quien le cuenta a eltucumano lo que le pasó con un chico de otra provincia: “Una vez hice venir a un chico desde Santiago porque era insistente. Cuando llegó no se quería subir al auto de mi amiga (que nos iba a hacer la gauchada de tirarnos hasta el departamento) porque decía que tenía miedo que le hagamos algo o lo asaltemos”. 

“Lo peor es que no me gustó el chico y lo tuve que aguantar toda la noche hasta que llegue el primer colectivo y se vuelva. Era alto pelotudo, con ideas de mierda, no coincidíamos en nada. ¡Y lo peor de todo es que quería volver a verme! Obviamente, nunca más”.

Graciela, en cambio, revela una experiencia que le resultó un poco vergonzosa para sí misma, el día que se animó a tomar la iniciativa e invitarlo ella a salir: “Este chico me dijo que le encantaría que veamos una película juntos pero que estaba sin dinero. Como él trabajaba de albañil yo sabía que no cobraba mucho, así que lo invité yo al cine. Y le dije que la próxima él me invitara algo a mí”, confiesa Gra. 

“Fuimos al Portal a ver una película, pero antes de que empiece yo quise ir al baño. El problema fue que me quedé encerrada, y me arrastré por debajo de la puerta para salir después de mucho pensar cómo hacer. No lo quería llamar para que vaya a ayudarme porque me daba vergüenza. Cuando al fin volví y me senté al lado suyo, me susurró que estaba pensando que me había ido y que no quería estar con él. Pobrecito, se sintió mal”, recuerda, todavía con un poco de culpa. 

En tanto, Agostina mandó al frente a su amiga este último fin de semana, sobre una primera cita en la que no la pasó nada bien: “Mi amiga aceptó salir el sábado con un chico pero no sabía que era otaku (fanático apasionado por el animé japonés, el manga, y sus características). El vaguito era un animé andante. Hacía movimientos, gestos y hablaba como los dibujitos. Estaba re incómoda, pobrecita. Caminaba como animé, se enojaba como animé, ¡nada que ver con ella!”. Y a vos, ¿qué te pasó en tu cita inolvidable o para el olvido?