El día que dos pilotos tucumanos casi arrasan con las tropas inglesas en Malvinas
Un 13 de junio de 1982, un grupo de combatientes de Malvinas, liderado por tucumanos, realizaron un ataque sorpresa a un cuartel con altos miembros del ejército británico.
Los Halcones del Segundo Escuadrón A-4B del 5 Grupo de Caza. Mario Roca, Antonio Zelaya, Sergio Gustavo Mayor, Hector Sánchez, Marcelo Moroni y Luis Alberto Cervera. (Gentileza L. Cervera).
Un 13 de junio de 1982 el general británico Jeremy Moore, comandante de las fuerzas terrestres voló hasta el cuartel del brigadier inglés Julian Thompson para una reunión clave en donde ultimaron los detalles para el asalto final a Puerto Argentino que terminaría con la Guerra de Malvinas. Sin embargo, lo que ellos no esperaban era encontrarse con dos escuadrillas del Grupo 5 de Caza, conocido como los “halcones” de la Fuerza Aérea Argentina, se dirigían hacia sus posiciones en el Monte Kent. La primera escuadrilla, que llamaron “los nene”, estaba conformada por los tucumanos Antonio Zelaya y Luis Cervera, capitán y teniente, respectivamente, el teniente Omar Gelardi y el alférez Guillermo Dellepiane. La segunda escuadrilla, “los chispa” era liderada por el capitán Carlos Varela, también oriundo de Tucumán.
Eran ocho aviones Skyhawk A-4B que volaban con este objetivo: dar un ataque sorpresa a las fuerzas enemigas. La misión se inició y tuvo su primer inconveniente, ya que durante la recarga de combustible, en el aire, el avión de Zelaya chupó combustible, se recalentó la turbina y tuvo que regresar. Cervera asumió como jefe y se puso detrás del grupo de Varela. Sólo siete aviones siguieron en vuelo sobre el mar.
Según se supo, durante la misión el radar de Malvinas le informó a Varela que tenía aviones enemigos, volando encima de él en todas direcciones, entonces el tucumano le preguntó al radarista si él captaba el avión en la pantalla, al contestarle que no lo veía, el hombre aseguró que “entonces ellos tampoco me ven; continúo la misión”.
Al llegar a las colinas, la escuadrilla de Varela disparó sus cañones contra el puesto de comando británico. Tras escuchar El teniente Luis Cervera observó las 12 explosiones de las bombas lanzadas por el capitán Varela y su cuadrilla y, de inmediato, le ordenó a Omar Gelardi y Guillermo Dellepiane seguirlo en su ataque.
Sin embargo, otro contrapunto ocurrió al finalizar la operación cuando Varela sintió una fuerte explosión y vio un gran resplandor junto a su avión. En ese momento, el teniente Mario Roca le gritó por radio que se eyectara porque le habían pegado a su nave.
Por otro lado, el alférez Dellepiane tenía el tanque de combustible derecho perforado y creía que no iba a llegar hasta el avión reabastecedor. No obstante, realizó un pedido de auxilio al capitán Exequiel Martínez, quien despegó un helicóptero y se adentró en el océano Atlántico junto a su copiloto y su mecánico.
Dellepiane logró acoplarse con el Hércules reabastecedor a menos de un minuto de quedarse sin combustible. Allí pudo iniciar la transferencia donde parte del combustible ingresaba al avión, mientras que el resto salía por el ala perforada.“Era fácil ubicarlo en el cielo, parecía el Cometa Halley debido a la estela del combustible que iba perdiendo por los tanques perforados”, contó Martínez años atrás.
En cuanto a Varela, el avión que comandaba se detuvo a metros de llegar al aeródromo de San Julián. El tucumano decidió no eyectarse e intentar el aterrizaje para salvar al avión, quien planeó unos instantes y luego cayó sobre la pista, perdiendo los soportes del amortiguador. La nave llegó a la pista y, extenuada, se detuvo con su piloto a salvo.








