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"Esto me demostró que las almas existen": El Chalita, el misterio del hincha que grita los goles en la cancha de San Martín

HISTORIAS DEL MÁS ALLÁ

Año 2004. En las inmediaciones del comienzo de un partido, en medio del bullicio, la fiesta y la hinchada, un muchacho afirma haber visto la clara imagen de un compañero que, sin saber, había fallecido horas antes de aquel encuentro. 

Hinchada de San Martín.





Como una mosca acercándose a una bombilla que no puede dejar de mirar, así son las historias paranormales para muchos de nosotros. Crédulos o escépticos, las vivencias de lo desconocido causan una cuota de temor, curiosidad o incluso morbo. Y qué decir si sucede a la vuelta de la esquina, aquí en casa, en Tucumán

Hay casos de todo tipo y más o menos todo el mundo vivió o tiene alguien que tuvo una experiencia fuera de lo que podemos comprender. A esto está dedicada la página de Tucumán Paranormal, a contar estos relatos que pueden hacer sumergir a sus usuarios en explorar lo inexplicable y buscar respuestas fuera de los límites convencionales.

El relato que le llegó al creador de la página, Carlos Bellido, sucedió hace 19 años. “Hace un tiempo lo envió por correo un pibe que iba a tercer año de la secundaria, un suceso que a él le pasó y quisimos compartirlo en el sitio”.

La historia dice así: “Hola amigos de lo paranormal, les quiero contar algo que me pasó en el año 2004, algo que no voy a olvidar jamás y me demostró que las almas se despiden de nosotros y de lugares donde fueron felices”, comenzó rezando la carta. 

En ese año, cursaba el tercer año de secundaria en la escuela 259, ubicada en Libertad antes de llegar a Lavalle, justo al lado de la escuela Belgrano. Un domingo por la tarde-noche, jugaba San Martín. En ese tiempo, Carlos Roldán llevaba el equipo al ascenso. Imaginen ese cuadro, cancha repleta”, alardeó el usuario. 

Y continuó: “Yo estaba ubicado en el codo de Pellegrini y Rondeau, un poco antes de mitad de la tribuna, cuando vi a un ex compañero de mi escuela pasar, con una bandera roja y blanca atada a su cuello, como una capa de superhéroe. Él me miró, me sonrió y me saludó con la mano en alto, yo hice exactamente lo mismo mientras veía cómo se perdía entre la gente que iba ingresando a la cancha”. 

Al día siguiente, como de costumbre, llegó a la mañana a la escuela y me encontré con otro compañero sentado, muy triste a lo que le pregunté por qué estaba así y qué le pasaba. Con lágrimas en los ojos me dijo, ‘El Chalita falleció’. Lo miré y le dije que con eso no se jugaba porque lo había visto en la cancha el día anterior y que estaba equivocado”.

No obstante, el pibe se llevó una enorme sorpresa. “Nos dijeron que nuestro amigo realmente había perdido la vida en horas del mediodía del domingo, antes del partido, en un accidente en av. Alem cuando volvía a su casa para ir a la cancha. Una cosa de no creer porque él estaba muy seguro de lo que vio. Era él, no alguien parecido, no era imaginación mía”, señaló. 

Al finalizar el relato, remató: “Esa mañana no hubo clases, él no fue (por  Chalita), yo sostenía que a lo mejor estaban equivocados. De todas formas, junto a un grupo de profesores, fuimos a la sala velatoria y era verdad, mi amigo ya no estaba entre nosotros. Yo les contaba a mis compañeros que yo lo vi, que lo había saludado. Realmente, no sé si me creyeron, era una excelente persona… de algo estoy seguro y es que algún día nos volveremos a ver”.