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Cuál Díaz conocerá el infierno en Tucumán

Historias de acá

Todos se preguntan quién es el destinatario del enigmático mensaje que puede leerse en distintos puntos de la provincia ¿Amenaza? ¿Arte? ¿Gorriada? ¿Deuda? Si sos Díaz, necesitás urgente leer esta nota. Y sino, también.





Bien lo dice el poeta: Hay días para quedarse a mirar. Hay días en que hay poco para ver. Hay días sospechosamente light. Y también hay días en que no está muy bueno ser Díaz. Y menos si sos tucumano. Sucede que, en distintos puntos de la provincia, se puede observar un mensaje tan enigmático como intimidatorio que reza: “Díaz vas a conocer el infierno”. El aviso, inscripto con el trazo grueso y nervioso del aerosol, puso en alerta a los portadores del apellido más popular de la comarca y despertó la curiosidad de todos aquellos que quieren saber qué entuerto hay detrás de semejante esquela pública: ¿Alguna deuda? ¿Una infidelidad truculenta? ¿Ajuste de cuentas? El problema de llamarse Díaz en nuestro infierno cotidiano.

Tal vez con el amparo de las sombras nocturnas y bajo el influjo intestino de alguna pasión inconfesable, alguien tomó un aerosol de pintura negra y escribió bien grande “Díaz vas a conocer el infierno” en la primera cuadra de la otrora prostibularia calle Cuba. Hay quienes han leído el mismo mensaje en la avenida Siria de nuestra capital. Acaso la misma persona, pero esta vez en Yerba Buena, hizo igual gracia con pintura roja en una pared de la calle Francia. Y también sobre la avenida Aconquija. El arcano de este singular anuncio fue materia de acalorados debates en las tertulias, en las baldeadas vespertinas de polvorosas veredas y en el histriónico comadreo barrial: ¿Una amenaza? ¿Una advertencia poco sutil? ¿Un vaticinio fatalista? Ante la misteriosa inscripción, no pocos fueron los que exclamaron ¡cagó Díaz! 

“Desde el punto de vista del derecho penal, para que sea considerada como una amenaza, es necesario que esté dirigida a una persona determinada. También es un mensaje que se puede utilizar para amedrentar a varias personas, pero acá está faltando el sujeto activo, es decir, a quien vas a denunciar; un autor identificado. También falta un sujeto pasivo o varios, es decir, los amenazados, y conocer el propósito de quién lo escribió”, explica el abogado Patricio Char. Como el mensaje está destinado a cualquier Díaz y al ser este el apellido más común en todo el territorio provincial (ver documento al final de la nota), el 2,20% de los tucumanos se encuentra bajo la influencia directa de esa amenaza (según los datos del RENAPER hasta diciembre del 2021), es decir, más de 37.000 Díaz autóctonos son actualmente candidatos al infierno

¿Pero quién es el misterioso grafitero que mantiene en vilo a los Díaz de la provincia? Para el letrado, sería tarea difícil dar con el responsable del mensaje y achacarle la culpa de esa intimidación: “Si, de pronto, aparece un Díaz que sabe que la pintada es para él y tiene pruebas para demostrar quién ha sido, ahí recién ese mensaje tendría el propósito de amedrentarlo. Acá no veo que esto sea un delito de amenaza, sino que es un grafitti que hasta se puede llegar a confundir con arte callejero”. 

Las palabras de Char alertan sobre otra hipótesis posible respecto al origen del mensaje: ¿Podría tratarse de una intervención artística? Hace un par de años atrás, los tucumanos se vieron sorprendidos por la aparición en las paredes de la ciudad de grafittis con la inscripción “No me baño”. Aquel mensaje había surgido como la marca distintiva de una crew de skaters bonaerenses y no tardó demasiado en extenderse a otras provincias. Conocedor del paño como pocos, el reconocido artista local Bernardo Sebastián Vaca abonó esta teoría: “Puede ser una invitación turística a un lugar porque hay como un mapa. Podemos entender que esta persona, Díaz, pasa por esos lugares y es como una bienvenida; una invitación también. Para mí, es algo que tiene que ver con el Ente de Turismo. Se percibe una variedad de tipografías y letras cursivas y se ve que hay más de una persona que los está haciendo. Podríamos decir que es una especie de grupo artístico que se dedica a esta intervención callejera. Este grupo invita a conocer un lugar que ya es conocido por los tucumanos de pura cepa: el infierno”

Para el artista, sin embargo, el mensaje puede ser arte y, a su vez, amenaza: “Podemos deducir que este Díaz tiene una cuestión de tinte fiduciario, prestamista… yo calculo que debe haber cagado a alguien o se debe haber acostado con la mujer de alguien. Está muy bien hecho, hay que hacer un circuito por donde están los carteles. Es una intervención artística con tintes de amenaza y también es una PNT (Publicidad No Tradicional) del Ente Turismo, tiene todo, es multidisciplinar”. 

Ya sea una amenaza artística o producto del arte de amedrentar, lo concreto es que no es el mejor momento para los Díaz de la provincia dada la admonición que los acecha. Y si hay un Díaz insigne en Tucumán, ese es el actor y comunicador Kikin Díaz que, al encontrarse casualmente con el mensaje, se vio interpelado: “Cuando he visto la pintada le saqué una foto y la mandé a uno de mis grupos de WhatsApp, en broma, diciendo ‘¿me andarán buscando a mí?’ Como le estaba debiendo a la vendedora de productos Natura… La vi y me he puesto a pensar en qué tipo de enemigos podría tener uno para que le hagan esas pintadas”. 

“No sé si tengo esos enemigos… La pintada es medio rupestre, si fuera un enemigo más poderoso, te amenaza de otra forma.  Es un mensaje que te interpela y te asusta, más de un Díaz se debe haber puesto a revisar qué hizo, con quién se peleó y si hay alguien que quizás no lo quiere. Puede tratarse de una amenaza y también de una especie de venganza. Lo poético del infierno es que se trata de alguien que quiere verte sufrir. Para mí, si alguien te dice que vas a conocer el infierno, eso tiene una connotación más pasional; una venganza épica, alguien que se quiere vengar tipo Conde de Montecristo”, reflexiona Kikin. 

Entre tantos Díaz copando esta provincia, hay dos que no estaban enterados del mensaje: los mellizos Díaz. La pareja de músicos tucumanos, por las dudas, asegura que no está involucrada en ningún episodio controversial que los haga acreedores de tal intimidación. “No sabía nada, me estoy enterando por vos. No hay chance que sea para nosotros, gracias a Dios, somos dos personas santitas que no tenemos problemas con nadie, pero ahora me da curiosidad saber de qué se trata y cuál será el trasfondo de esto”, comenta Javier Díaz quien deslizó su teoría respecto a quién podría ser el destinatario del mensaje: “Capaz que es alguna especie de reclamo o que está dirigido a algún político… Sería raro que sea una movida de marketing”. 

“Esto es novedoso para mí, no he visto nada. Para mí que es un Díaz que ha gorreado a alguien y lo quieren cagar matando… Quizás alguien que ha hecho mal las cosas; algún Díaz que debe plata y le escriben eso para que pague lo que debe. Es alguien que ha hecho algo malo y, por eso, le están reclamando de esa manera”, reflexiona Daniel Díaz, hermano de Javier. 

Mientras los Díaz tucumanos viven momentos de gran incertidumbre y pasan sus días elucubrando sobre el peligro latente de potenciales enemigos, conviene preguntarse sobre el destino que augura el mensaje: el infierno. Para distintas religiones, el averno es el inframundo donde están condenadas a penar las almas de los pecadores después de su muerte. En su representación más canónica, es ese lugar lleno de fuego y demonios torturadores ubicado en profundidades escabrosas, pero, antes que un territorio concreto, el infierno es un concepto y puede estar en cualquier parte, incluso acá nomás, como explica Kikin Díaz: “El infierno en Tucumán sería quedar atrapado en el centro, sin colectivos, con la ciudad toda sitiada, un 10 de diciembre y con 40 grados de calor a la sombra. O una larga espera bajo los rayos del sol en una fila interminable… Eso, una agonía”. 

En la provincia donde la amenaza de bomba es la tendencia del momento y la realidad parece siempre pronta al estallido, cualquiera puede ser Díaz. Díaz puede ser un colectivero víctima de la indignación de los pasajeros hartos de los paros y cualquier ciudadano que espera en la parada un bondi que no pasará. Díaz puede ser un Uber amedrantado por un taxista y también un taxista blanco de la bronca de un conductor de Uber. Díaz puede ser un usuario de Edet que espera la llegada de la factura picante de diciembre o que espera que vuelva la luz por la que paga una fortuna. Díaz puede ser el vecino al que se le va el aguinaldo en hacerle tren delantero al R12 castigado por los cráteres de la ciudad. Díaz puede ser el afiliado a una obra social que le gambetea la cobertura de salud. Díaz puede ser miembro de un gremio que arregla paritarias muy por debajo de la inflación. Díaz puede ser un portero de edificio condenado a barrer la lluvia de cenizas de los ingenios. Díaz puede ser cualquiera que transite el caos del microcentro tucumano en una hora pico…

Díaz un poco somos todos y al infierno acaso ya lo conocemos.