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"Lo que él hizo, no lo va a hacer nadie": el recuerdo de Jimmy, el fantasma del sonido

Historias de acá

Fue uno de los grandes protagonistas de la edad de oro de la cumbia tucumana y un precursor en el rubro de la sonorización: “El fantasma aparecía con la música en cualquier lado”.





Antes de convertirse en El Fantasma del Sonido, Mario Roque Jiménez atendía un kiosco en la esquina norte. Con los frutos de ese trabajo, logró comprarse los primeros equipos para incursionar como DJ. Cuenta la leyenda que, en tiempos del sonido analógico, hizo bailar a miles y miles de tucumanos con una modesta consola Yamaha de ocho canales potenciada. Esa misma con la que hizo sonar a los grandes artistas de la movida tropical: El Maestro Avelino, Don Carlos, Vielmetti y muchos de los que vinieron después. Precursor de la sonorización, protagonista ineludible de la edad dorada de la cumbia tucumana y reconocido bon vivant, cada vez que lo sienten nombrar, los de la vieja guardia se sacan el sombrero y lo recuerdan con entrañable cariño. Hablar del fantasma es invocar el pasado y traer al presente su sonoro legado de prócer.

“Jimmy fue uno de los precursores acá en Tucumán, después aparecieron muchos otros, pero, lo que él hizo, no lo va a hacer nadie. Era el máximo exponente”, dice José Luis Pereyra, mejor conocido como Capri, uno de los últimos sonidistas que trabajaron junto a Jimmy, El Fantasma del Sonido. Según explica este musicalizador con más de cuatro décadas de boliches y escenarios sobre el lomo, en aquellos años, era costumbre que los sonidistas se valieran de un nombre artístico que los distinguiera. De ahí el surgimiento, primero, de Jimmy. Después, del sobrenombre espectral con el que era reconocido en la álgida movida de entonces. “Le decían así porque El Fantasma aparecía con la música en cualquier lado”, recuerda Capri a poco más de un año de la partida de su mentor y amigo.

A mediados de los setenta, la música tropical era muy popular en la provincia. Crecía en público y los bailes proliferaban: el Club Redes Argentinas, Central Norte, Atlético Tucumán, Concepción BB, entre tantos otros. El restaurant Los Dos Gordos, al frente de la plaza Independencia, era el epicentro donde se reunían los grandes exponentes de la cumbia local, desde el ya encumbrado Maestro Avelino hasta una jovencísima Gladys La Bomba Tucumana. También animadores de la talla de Juan Carlos Carrizo y Djs como Rody Coronel, Alfredo Córdoba o Cacho Valdéz. En ese contexto, surgió la figura rutilante de El fantasma: “Los grupos tucumanos arrasaban en esa época… En el año 74 o 75 fue el furor de los bailes tucumanos y Jimmy los recorrió a todos, él cubría cinco bailes en una misma noche”.

El fantasma junto a La Mona Jiménez 

Después de mucho trajinar esa vieja consola Yamaha, Jimmy logró montar una verdadera industria del sonido en Tucumán. Así lo recuerda Capri: “Llegó a tener más de cien parlantes y 2500 metros de cables. Él fue el primer sonidista del Festival del Limón, hacía el pre Baradero, la fiesta de la zamba, las procesiones de la virgen. Me acuerdo que salía un disco nuevo y él compraba cuatro discos del mismo para ponerlo en todos los bailes. Es interminable la cantidad de gente que trabajaba con él… operadores, locutores, djs”. Cuentan que, cuando llegaban los fines de semanas, la primera cuadra del pasaje Peñaloza, donde vivía El Fantasma, se convulsionaba con las camionetas que iban y venían cargando equipos.

“El Fantasma tenía una picardía que los djs de entonces no tenían… Él le ordenaba a los djs qué música poner y, si no le hacían caso, les quitaba los discos y les decía ‘vos va a poner lo que yo te diga’… Claro que algunos se enojaban porque tenía su carácter. Él siempre se volcó más que nada por la música internacional, la inmortal, como la llamaba, las cumbias del recuerdo… buscaba todos los estilos. La persona que se dedica al sonido tiene que poner lo que les gusta a los demás. El secreto del dj es poner siempre un tema mejor que el otro”, explica Capri.

El reinado de Jimmy transcurrió en tiempos de sonido analógico, cuando no existía otra forma de aprender que no sea de oído. Y el oído de El Fantasma era el más codiciado por los músicos: “Con el disco era otra forma de trabajar, el dj de antes trabajaba mucho más. Con el vinilo tenía mucho más brillo el sonido y más fidelidad, todo eso lo destruyó la piratería de hoy en día. Yo aprendí mucho de Jimmy, él me retaba para que aprenda a usar bien el ecualizador. Me sabía retar para que abra los medios y los agudos y darle así fidelidad a la voz. Él me corrigió un montón de cosas. Era muy prolijo para trabajar, los artistas siempre lo felicitaban”.

A los 78 años y después de padecer las secuelas físicas de un ACV, el 9 de octubre del año pasado, Jimmy, El Fantasma del Sonido, pasó a la eternidad. Hoy Capri lo recuerda como uno de los grandes próceres que tuvo la sonorización en Tucumán. Y también como un dandi que vivió en su ley, a toda música: “Eran otras épocas, con menos equipos, se ganaba mucho dinero y se trabaja mucho, por eso digo que lo que él hizo acá no lo va a hacer nadie. Con lo que él ganaba una noche, tenía para comprarse una casa, pero no lo hacía… Siempre la derrochó a la plata, se daba la gran vida… La verdad que la disfrutó”.