"Es una elección de vida": la ingeniera tucumana que produce huevos de "gallinas felices"
Con la aspiración de cultivar alimentos saludables y preservar la armonía con la naturaleza, Carla tomó la decisión de criar gallinas en un entorno campestre, aprovechando el terreno de sus abuelos. Su objetivo es ofrecer al mercado un producto que refleje un compromiso genuino con la sostenibilidad ambiental y el respeto al bienestar animal.
Carla Chediak, imagen tomada de IG.
En el campo de la familia Chediak, ubicado en la provincia de Tucumán, conviven tres generaciones de productores que se dedican a la producción de limones, caña de azúcar, nueces y huevos de gallinas ponedoras. Carla Chediak, la nieta de los fundadores, es la encargada de esta última actividad, que se basa en un sistema de producción amigable con el medio ambiente y el bienestar animal.
Se recibió de ingeniera zootecnista y decidió sumarse al emprendimiento familiar hace pocos años, aportando su conocimiento y su pasión por la producción animal. “Me decidí por el tema de la avicultura de gallinas ponedoras porque era algo relacionado con mi profesión y me permitía seguir mis valores respecto de cómo veo a la producción animal, que debe ser amigable con el medio ambiente. Es una elección de vida. Esto le brinda al consumidor un producto saludable y me parece indispensable que la gente pueda elegir como alimentarse”, relató en conversación con Bichos de Campo.
El sistema que implementa la joven tucumana consiste en la liberación de las gallinas a un corral donde tienen a disposición maíz, expeller de soja, pasto e insectos. En función del nivel de pastoreo, se decida moverlas a otro corral o no. “En verano es indispensable la sombra de los árboles, por lo que es una excelente combinación la producción de limones y nueces pecán combinada con la de gallinas”, contó. Además, en Tucumán en esa época del año abunda el calor y las lluvias, por lo que el reparo de los árboles el clave. Por las tardes, cuando baja el sol, se las vuelve a encerrar para que no sufran el ataque de depredadores.
La recolección de huevos es manual, y de las 500 gallinas que tiene en el sistema obtiene actualmente una producción de 420 al día. Según sus cuentas, esta actividad “es rentable”, aunque le encantaría poder incrementarla “y llegar a las 3.000 gallinas”.
Carla mencionó que este esquema limita la escala “pero si la gente buscara no solo el enriquecimiento económico y eligiera alimentarse de otra forma, esto sería compatible y menos difícil de implementar. Hay que modificar la mentalidad del consumidor, que es algo que está sucediendo. Mucha gente me pide y me busca huevos y pollos que no tengo”.
La joven productora comercializa los huevos en el mercado agroecológico de Yerba Buena cada sábado, bajo la marca Finca Doña Emilia. Ahí se dio a conocer y luego el boca a boca hace el resto. También, recibe pedidos en el campo y se encarga del reparto.
Por último, indicó que este sistema “tiene infinitos beneficios”, ya que lo pueden implementar “personas con poca extensión de tierras”. Asimismo, según explicó, el consumo de pasturas e insectos, además de la posibilidad de comportarse de forma natural y expresar su carácter, hace que estas gallinas desarrollen su sistema inmune y que no sea necesario utilizar medicamentos.
De esta forma, la joven demostró ser un ejemplo de cómo se puede producir de manera sustentable y respetuosa con el medio ambiente y los animales, ofreciendo un producto de calidad y diferenciado a los consumidores. Su historia debe impulsar a las nuevas generaciones de productores que buscan innovar y agregar valor a sus producciones.











