El lugar donde el sueño de ser artista se hace realidad en el interior de Tucumán
Existe un lugar en esta provincia, en donde en las aulas conviven estudiantes de entre 3 y 90 años. Un espacio lleno de cultura, de esperanza y de tradición, es el gran semillero de músicos y futuros gestores y guardianes culturales.
Algunos días de la semana, la tarde llega para Estelita con una lista de obligaciones y con un sabor distinto a la tarde de otras personas de 76 años de edad. Toma su violín, su cartera, y se apresura a llegar a la Escuela de Arte Popular, donde los años se borran y se funden en un solo sentir entre docentes y compañeros de aula… que van desde los 3 hasta los 90 años.
La misma emoción que siente Estela Lockley a los 76, la sintió Ezequiel a los 5, cuando sus padres le dejaron tocar por primera vez ese teclado que le habían comprado con apenas un mes de vida, y que cada tanto le dejaban ver. Tuvieron que pasar unos añitos más para que ese juego con el teclado se convirtiera en un acto de disciplina y luego en una pasión, gracias a acompañamiento de docentes, de melodías y de otros apasionados por el arte.
Monteros queda a 60 kilómetros de la capital tucumana. Institucionalmente, cuenta con una diversa oferta educativa tanto en el sector público en el privado, pero de todas las instituciones de educación inicial, primaria, secundaria y superior, la más llamativa de todas es sin duda su Escuela de Arte Popular, en donde los sueños que parecían ser ajenos, se convierten en propios.
Jeremías Nieva es profesor de la EAP, enseña teclado. Junto a otro gran plantel docente es culpable de que muchos pequeños deseos lleguen a ser una realidad: “nos planteamos trabajar desde otro lugar, desde la educación popular y el pensamiento crítico, pensando siempre en Paulo Freire. La escuela es significa para Monteros que las personas ejerzan el derecho a tener su educación en arte, algo muy distinto de lo que la mayoría de los profes hemos estado acostumbrados, es otro tipo de educación, otro contenido, otra visión. Se sigue teniendo novedad en la escuela, a pesar de que ya tiene 12 años”, explicó para este artículo de eltucumano.com
En las aulas de Jeremías, como en todas las otras, es común entrar y encontrar grupos de estudiantes que van desde los primeros años de vida, hasta aquellas manitos ya surcadas de arrugas, de experiencias y de esperanzas: “Esta escuela ha llegado para ofrecer a la comunidad música y otras artes, un lugar para forjar sentido de pertenencia, donde se expresan contenidos. Cuesta acceder al arte desde el interior por falta de recursos, por falta de conocimientos, de tiempo. Que esta escuela pueda estar en este lugar es algo muy importante. Tenemos estudiantes de muchas comunas, de otras ciudades”, contó.
Culturalmente, Monteros se ha formado como un centro neurálgico de las letras y de la historia en el sur de la provincia. Por eso, gran parte de su comunidad ha recibido de brazos abiertos lo que ofrecía como propuesta la EAP cuando comenzó a funcionar en el turno nocturno de la escuela 119.
La institución ofrece dos posibilidades en sus lenguajes artísticos que son violín, teclado, bajo y contrabajo, artes visuales, pintura, grafiti, murales, circo y malabares: el taller, como aquellos que aprovecha Estelita, o el trayecto, como es el caso de Ezequiel Andrade. “Cuando me dejaron tocar el teclado que me tenían guardado, yo intentaba sacar de oído la música, y a los siete años comencé con todo, decidido a aprender, solo en casa… Hasta que llegó la escuela cuando tenía 9, y fui uno de los primeros en inscribirme. Primero, en el taller, y luego fui de la primera promoción de recibirse” recordó el músico que ahora tiene 22 años, con eltucumano.

Jeremías y Ezequiel, en los primeros pasos a través de la enseñanza del teclado.
La existencia de una institución de este tipo, tiene claro tinte de decisiones políticas. Su llegada a Monteros vino de la mano de muchos soñadores del arte, pero la primera decisión política importante fue de la mano del intendente de ese momento, don Alberto Olea, en el año 2011. Lo que siguió con los años fueron las gestiones para pedir “prestada” una segunda institución en su turno nocturno, para realizar el taller, y luego el traslado del taller y los trayectos al edificio de la Escuela Técnica n°1 de Monteros. Fue a partir de esos años y ya bajo la intendencia de don Francisco Serra, que llegó la promesa de que la EAP tendría su propio edificio. Y así fue. Este año, en los últimos días de octubre, se inauguró este edificio por todo lo alto. En las horas previas al corte de cintas, profesores, administrativos, estudiantes, padres, hijos, amigos y vecinos, colaboraban con la mudanza de instrumentos y la disposición del mobiliario de su nueva casa.
Sin embargo, mucho más allá del valor personal y artístico que brinda este espacio, la educación artística brinda la posibilidad para quienes tienen cierta disciplina, de perfeccionarse y de poder vivir a través de la música, como el caso de Ezequiel: “Me gustaba sacar canciones que jamás imaginaba llegar a tocar, o participar de actos en la escuela, les comentaba a los profes mi sueño. Con mis compañeros era vivir cosas muy satisfactorias, salir de la casa, de la rutina, explorar otros ambientes. A los 12 ya me hablaban para tocar en grupos. Yo siempre decía si a todo tipo de música para conocer, para aprender, para probar cosas nuevas, y fui ganando experiencia”.
Actualmente, el joven músico forma parte estable de tres agrupaciones: una, cargada de historia como lo es la Banda de Música Municipal de Monteros. Otra, la banda Manhattan en donde interpretan covers de pop y rock internacional, y finalmente, forma parte de una banda de cumbia liderada por Luis Orellana, excantante del grupo Yam Ve de Concepción. Esto último, es un sueño cumplido para Ezequiel: “Estar en una banda de cumbia con tanto trabajo es como un sueño para mí. Pero claro que tengo mi deseo y mi ilusión de pertenecer a algún grupo quizás nacional, de cualquier otro género que se presente la oportunidad, pero mejor si es de cumbia o de cuarteto. Cuando iba al secundario hacía un doble turno en la escuela Técnica. Merendaba y me iba a la escuela de música. El sacrificio ha sido mucho, pero valió la pena. Dejé el fútbol y todo lo que no fuera música, decidí dedicarme a esto”.

Y es que el joven monterizo, con el apoyo de exdocentes de la escuela como su profe Jeremías, su familia, y su gran amor por el teclado, está a un par de materias de convertirse en profesor de Música. Y esta semilla, germinó en esa escuela.
“Los chicos me dicen ‘Estelita, quiero ser como vos cuando sea grande’. Me emociona estar con ellos, ser compañera de chicos jovencitos. En la escuela tengo compañeros de mi edad, más grandes, más chicos, pero los que más me alegran son los adolescentes” confiesa “Lita” con el medio, recordando también el deseo que se hizo una realidad en esos pasillos de la EAP.

La mayor parte de su vida, Estela fue ama de casa, y se dedicó a distintas actividades informales para tener sus ingresos. Cuando tenía casi 50 años, decidió que quería tener un trabajo en relación de dependencia y así fue como estuvo a cargo de una pequeña sucursal de una prepaga en su ciudad, hasta jubilarse. Sin embargo, el bichito del arte la picaba todo el tiempo: “Cuando pude hice teatro a través de la Municipalidad, también fui a talleres de tango por una década. Me gusta bailar, ejercitar, soy inquieta. En la Escuela de Arte hago de todo, todos los talleres. El instrumento que elegí aprender ahora es el violín. Ver mis fotos tocando el violín es una gran emoción para mí, que encima tiene un peso doble porque es el violín que me hizo mi hijo el lutier. Simplemente quiero invitar a los jubilados que sueñan con hacer arte pero que nunca antes pudieron, a que también formen parte de esta escuela que te abre las posibilidades y te abre los brazos para. Uno se siente muy bien acá, tenemos profesores de un nivel excepcional, excelente, con mucha dedicación. Tenemos algo único que no lo tienen otras provincias, entonces convoco y transmito a que se sume gente. Hay mucha dedicación. Hay que aprovechar esto, tomarlo” dijo.
El arte y la cultura tomadas desde una perspectiva generosa y como una política de Estado, parecen ahondar en la fibra más sensible de las sociedades. Por eso, docentes, egresados y alumnos de la EAP la defienden y representan con tanta fuerza. Este año, comienzan a transitar su propio edificio, con el sueño quizás de que la demanda haga crecer al establecimiento, y abrir nuevos horarios.
Las paredes del nuevo edificio de esta institución, continúan blancas, pero como dice su profesor, Jeremías: “Tocará a todos nosotros llenarlas de arte, de murales y de color”.








