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"Tengo un presentimiento": Adrián busca a sus padres biológicos que podrían ser tucumanos

Identidad

Adrián Puig fue vendido por una partera a fines de los setenta en San Justo, lleva décadas buscando su identidad y una pista indica que sus orígenes podrían estar en Tucumán: “Muchas madres fueron engañadas”. Su historia y su búsqueda.





Cuando tenía apenas tres años, con esa curiosidad que sólo un niño puede tener, Adrián Rodrigo Puig le preguntó a su mamá si ella lo había tenido en la panza y Silvia Liliana Molteni se quedó helada. La respuesta que recibió sería la semilla de una duda y de una búsqueda que continúa hasta el día de hoy: “Me dijo que no me había tenido en la panza, pero que me había recibido con mucho amor”. Adrián lleva década desenredando la madeja de una historia que lo conduce hasta sus padres biológicos y el comienzo de ese hilo podría estar en Tucumán. 

Los padres de Adrián lo pagaron entre 1000 y 3000 dólares y el precio incluía los “papeles”; un acta de nacimiento que indica que nació a las 3.30 de la madrugada del 31 de octubre de 1979 en un consultorio de la localidad bonaerense de San justo. Los datos podrían ser falsos, pero son una pista; una punta en el ovillo de su historia. A los seis años supo por sus padres que había sido adoptado de manera ilegal. Como ellos no podían tener hijos, habían dado con el contacto de una partera: Ethel Grosso, quien, tiempo después descubriría, había montado toda de una empresa clandestina de comercialización de bebés en el partido de La Matanza. 

“En esa época estaba normalizado por la sociedad que se compraran bebés porque se priorizaba que el niño tenga una casa, afecto y comida. No era algo que estaba mal visto, de hecho, había muchos secretos de familia que ocultaban situaciones de ese tipo. A mis padres, la psicóloga les había recomendado que, bien preguntara, me dijeran la verdad. De chico, uno lo va asimilando, por ahí de grande se hace más difícil. Después, hay gente que tiene ganas de saber sus orígenes y gente que no, por ahí hay alguien que escucha mi historia y se pone a buscar”, comenta el hombre de 44 años desde la ciudad balnearia de San Bernardo del Tuyú a eltucumano.com. 

Desde muy chico, Adrián supo que era hijo adoptado y que su adopción había sido ilegal. Si bien siempre quiso saber su origen biológico, le llevó mucho tiempo empezar la búsqueda por el temor de sus padres: “Me daba mucha vergüenza buscar porque mis viejos se ponían mal, tenían miedo de ir presos y de perderme”. 

Adrián de niño. 

Como había nacido a fines de los setenta, en plena dictadura militar, lo asaltó una duda lógica: ¿sería un niño apropiado a detenidos-desaparecidos? Ahí dio el primer gran paso para resolver el enigma de su origen: “En 2015 me entró la duda si era hijo de desaparecidos, tuve que convencerlos a mis viejos y me puse en contacto con las Abuelas de Plaza de Mayo, pero me hice el estudio de ADN y me dio negativo”. 

Adrián no se desanimó y continuó con su búsqueda y así que cómo descubrió la truculenta historia de la partera que lo había vendido: “Ahí fue que me enteré que esta partera entregó a más de 200 bebés en La Matanza. Cuando yo voy a Abuelas de Plaza de Mayo, ellas me dicen que necesitaban una fotocopia del acta de nacimiento que estaba en el registro civil de San Justo, ahí figuraba el nombre de la partera, Ethel Grosso. En la fundación me dijeron que estaba investigada por veta ilegal de bebés y que tenía pedido de captura”. 

“Cuando entré en los grupos de personas que buscan a sus padres biológicos me contaron que había 20 parteras que trabajaban de manera ilegal en la zona. Esta partera que me vendió vivía a diez cuadras de mi casa. Una chica me mostró una foto donde están todos los chicos del barrio y están en la casa de la partera, en Ramos Mejía, y todos eran chicos adoptados de forma ilegal”, relata y comenta que un informe televisivo había revelado la red de venta de bebés de la que participaba Ethel Grosso, quien tenía su propio consultorio en San Justo. Al verse acorralada por la Justicia, la partera quemó todos los archivos y murió poco tiempo después sin ser juzgada y llevándose sus secretos a la tumba. 

Aunque la muerte de la partera suponía un retroceso en la búsqueda, no se desanimó y apeló a la ciencia para obtener más datos acerca de sus orígenes: “Tiempo después, me hice un ADN ancestral que es un estudio que rastrea todos tus antepasados. Lo hice a través de Family Tree, una ONG rosarina que envía los test a Estados Unidos y ahí podés acceder al banco de datos de todas las personas en el mundo que se han hecho el estudio de ADN”. 

¿Qué dato descubrió y cuál es la pista que le indica que sus padres biológicos podrían ser tucumanos? Según explica Adrián, el acceso al banco de datos le permitió conocer cuáles son las personas cuyos ADN son compatibles con el suyo. En ese frondoso árbol genealógico, entre los ADN compatibles, el 50% coincide con personas ubicadas en Tucumán: “Puede ser que hayan venido del interior a Buenos Aires porque, en esa época, eso era muy común. Por lo que me dio el ADN, la mayoría de mi familia biológica estaría en Tucumán, quizás algún tío, primo, hermano o abuelo es de allá”. 

A las pistas que le aportó la ciencia, se suma el peso de la intuición: “Tengo un presentimiento muy fuerte de que pueden ser de Tucumán. Cuando fui para allá por primera vez hace cinco años por trabajo sentí como que ya había estado ahí. Cada tanto, me cruzo y charlo con gente que me dice que tengo cara de provinciano… Uno se agarra de la información que tiene, no creo que todo sea causalidad”. 

“Es importante saber que, en estos casos, muchas madres fueron engañadas y les dijeron que sus hijos habían nacido muertos. Hay muchas madres que están sin buscar a sus hijos porque no saben si están vivos, pero en fondo es algo que la madre lo presiente. Lo que menos queremos quienes buscamos a nuestras familias biológicas es hacerles reproches, sino que queremos revincularnos, preguntarles qué pasó. Es una mochila muy pesada la que llevan las mujeres que han pasado por esa situación de entregar a sus hijos y, con el tiempo, lo cuentan, por ahí alguien sabe algo, ahora lo leen y se anima. Nadie es perfecto y, a veces, se toman decisiones equivocadas, por ahí mis padres ya no están, pero todavía es posible el reencuentro con un hermano, un primo, un tío…”, cuenta. 

Para Adrián, encontrar a sus padres biológicos es también una forma de encontrarse con sí mismo: “Uno sabe la verdad y cierra las heridas, tiene que ver con como uno se percibe ante el mundo. Lo primero que siente es que lo abandonaron, por eso, saber las circunstancias ayuda mucho a entenderse uno como persona. Te ayuda a entenderte y a formarte como ser humano. El derecho a la identidad es clave en las personas”.