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"No sé cómo hace para seguir": Walter, la pérdida irreparable, un puesto de tortillas y la joven que puede salvarlo

HISTORIAS DE ACÁ

Conducía un remis cuando una noche de marzo recibió el llamado de su madre que le cambió la vida para siempre. Quedó en la calle y allí una vecina se acercó a conocerlo, a preguntarle quién era. La respuesta de Walter y un final abierto. | Por Alfredo Aráoz

Walter.





Caía la noche del viernes 25 de marzo de 2016 cuando bajó tanto la temperatura en Tucumán que doña Rosario López Rodríguez tomó una decisión: prendió la estufa de su casa ubicada en Amador Lucero al 400. En su silla mecedora, con una manta sobre las piernas y la novela puesta, la señora se quedó dormida. 

Mientras dormitaba doña Rosario, la estufa hizo un cortocircuito de tal dimensiones que el fuego arrasó con todo a su paso: la silla mecedora, la manta, la tele, las estanterías con revistas acumuladas, la cocina con una tabla de picar reducida a carbón y una imagen imposible de olvidar. “Mientras se incendiaba la casa, la señora alcanzó a llamar a su hijo Walter quien vivía con ella”.

Walter Quinteros había vivido en esa casa toda su vida. Al cuidado de su madre, aquel viernes había salido a trabajar en el remís cuando recibió el llamado. “Walter llegó en 10 minutos a la casa y la última vez que vio su madre con vida es a través de la ventana, entre las llamas y el humo. Los bomberos demoraron en llegar y su madre lamentablemente falleció. Después de vivir algo así, no sé cómo hace para seguir”.

Aquel viernes a la noche de 2016, la noticia fue titular en un diario: “Una mujer murió asfixiada en un principio de incendio. El trágico hecho ocurrió en Amador Lucero al 400. La víctima tenía 71 años y vivía sola”. Pero el dato final era erróneo y una lectora se los hacía saber: “La mujer no vivía sola. Deberían informarse bien. Su hijo vivía con ella pero es remisero y en el momento del incendio estaba trabajando”.

Ese hijo que perdió a su madre de una de las peores maneras que un hijo puede perder a su madre, ese hijo que estaba trabajando en su remis hace ocho años y que no llegó a sacarla del fuego, que intentó en vano salvarla junto al bombero Mario González y rescatarla con vida, ese hombre es Walter y es quien hoy vende tortillas en la calle y duerme todas las noches en el remis que nunca más pudo volver a conducir. Así lo encontró Ro Jerez, una vecina de la esquina de San Martín y Ejército del Norte quien se acercó una noche a Walter, le compró unas tortillas, conoció su historia y esta noche se las hace llegar a todos ustedes a través de eltucumano.

“Estoy viviendo no hace mucho tiempo en la Mendoza y Ejército. Hace dos meses lo crucé en la calle a este señor vendiendo tortillas. Le compramos con mi novio y al día siguiente fui al gimnasio, también cerca de mi casa. Ahí, una de las profesoras del gimnasio me dijo: ‘Aguantame, Ro, que voy a llevarle comida al señor que vive en el auto’. Cuando la acompaño, nos damos con que es el mismo señor a quien le habíamos comprado las tortillas: Walter”. 

“Nos acercamos con mi novio a preguntarle cómo estaba y por qué dormía en un auto. Ahí Walter nos cuenta que era un remis que él tenía, que se le echó a perder, que quedó parado y que ya duerme ahí. Walter también guarda ahí las cosas con las que arma el puesto de tortillas y cosas dulces y que además descansa ahí. Es un señor muy respetuoso, muy inteligente. Te das cuenta por cómo habla, por cómo te cuenta las cosas con una capacidad sorprendente del detalle. Y a eso lo supimos cuando le preguntamos por qué estaba así. Ahí es que nos cuenta que hace unos años había sufrido un accidente donde se le incendió en su casa y falleció su mamá. Sí, la casa quedaba en Amador Lucero al 400”, revela esta noche la joven.

El corazón de los tucumanos no tiene límites y estas son las historias que lo confirman a diario. Una simple compra de tortillas a un señor en la calle puede quedar ahí, en un billete arrugado en la mano de ese hombre y listo, mañana será otro día. Pero no en el caso de Ro Jérez y su compañero, quienes el pasado domingo fueron a la casa de Amador Lucero al 400: “Está la estructura. Está la casa. Fuimos con mi novio a sacar las fotos, están todas las paredes quemadas, está lo que queda de la carpintería, está todo quemado, pero te podés dar cuenta que Walter estaba en una buena situación económica cuando pasó lo que pasó. De hecho nos hablaba de muchos emprendimientos que realizó, pero que a raíz del incendio perdió todo. No puede entrar a la casa porque el techo se le llueve, la losa sufrió inconvenientes y porque obviamente es un lugar al que a cualquier hijo le costaría volver a entrar”.

Este jueves, pasadas las 19, Walter llega a la esquina de San Martín y Ejército y permite que la joven le saque una foto para ilustrar esta historia. “Llega a esta hora y se queda hasta la medianoche vendiendo. Un día le pregunté por qué llega tan tarde y es porque a veces duerme en el remis que está varado cerca de la Shell y otras veces duerme en el garage de la casa de la Amador Lucero porque tiene miedo de que le roben lo poco que queda dentro de la casa. ‘No duermo de noche, tengo miedo que entren’, me dice. Entonces duerme de día, al mediodía empieza a preparar la masa, las cosas y llega al puestito no antes de las seis de la tarde”.

¿Qué hay en esa casa de Amador Lucero? “Nosotros fuimos a la casa y está llena de cosas por todos lados, muy deterioradas. La gente le entra a robar porque las puertas no tienen seguridad. De hecho nos costó entrar a la casa porque Walter amontona cosas para trabar las puertas. Un día le dijimos: ‘Che, Walter, ¿por qué no vendés la casa? Tiene una buena ubicación, quizás podés comprarte un monoambiente’. Otra vez los chicos de la Shell que siempre le convidan algo caliente le dijeron que había una persona anónima que quería pagarle una pieza para que duerma bien. Pero nos dijo que no. ‘Esa es la casa donde vivo desde los 4 años’, nos dijo”.

Mientras Ro Jerez visibilizó la historia de Walter, una sensación la acompaña todas las noches hasta que se duerme: “La situación está difícil para todos. Si está para mí, no me quiero imaginar para Walter, para la gente que quedó en la calle por la razón que sea. Siempre se puede hacer algo más. Y es por eso que con mi novio queremos juntar gente para ir a limpiar la casa de Walter, para intentar arreglarla y que él pueda volver a vivir ahí, conseguirle una cama, esas cosas, más allá del dolor que nunca se le va a ir”, le dice Ro a eltucumano mientras llega Walter con las cosas para poner el puesto con tortillas y una novedad: “Ahora también trajo unas cosas dulces para vender además de las tortillas. La verdad es que no vende mucho. La verdad es que no son ‘la’ tortilla que podés conseguir en una panadería, pero son ricas. Las hace de corazón. Y el que le compra, lo ayuda. Para eso estamos, ¿no?”.

Así está Walter hoy. El celular de Ro Jerez es: 3816272677

Así quedó la casa: las fotos las sacó Ro y su novio cuando fueron a visitarla: "Queremos ir a limpiarla, queremos que Walter recupere su casa".