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"Se han pasado": está viviendo lejos, su mamá cumplía años y sus amigos la sorprendieron

Historias de acá

Abel dejó Tucumán y su familia por trabajo, pero acá quedaron amigos de fierro que no se olvidaron de su mamá y en el día de su cumpleaños le cayeron a casa para activar la parrilla: “Algo bien debo haber hecho en esta vida”.





Cuando Abel se fue de Tucumán para buscar nuevas oportunidades laborales en Uruguay a fines del año pasado, en La Cocha quedaron su familia, un universo de afectos y una parrilla que pronto pasaría al olvido. Pocas escenas más tristes por estas latitudes que el óxido tiñendo de frías nostalgias el instrumento que abrigó tantos festejos, tantas juntadas y tanto fuego compañero. Pero hay amistades, inoxidables, que resisten al tiempo y a las distancias. Así lo demostraron Víctor y Leo cuando este martes le cayeron a Vilma, la mamá de Abel, para rescatar la postergada parrilla y celebrar su cumpleaños, el primero que ella pasa lejos de su hijo. 

El martes Vilma Gómez cumplió 61 años, un cumpleaños especial marcado por la ausencia de su único hijo varón y la enfermedad de su madre. No tenía pensada ninguna celebración, hasta que Víctor Moreno, un amigo muy cercano de su hijo, pasó a tomar unos mates y empezó a preguntar por el paradero de la vieja parrilla: “Llegó como sondeando a ver qué hacía yo. Mi casa siempre fue el lugar de encuentro de los hijos con sus amigos. Abel siempre fue de invitar a sus amigos a casa desde chiquito. Siempre ha sido de congregar gente acá… los cumpleaños y las guitarreadas eran siempre en casa y la verdad que es algo que a mí me gusta”. 

“Es la primera vez que lo paso sin mi hijo, siempre hemos tratado de compartir este día juntos. Vino Víctor y me dijo ‘enseguida llegamos con Leo y nos comemos un asadito’. Entre ellos se pusieron de acuerdo para venir a festejar mi cumpleaños en casa, se armó una mesa gigantesca. Llevaron todo y compartimos un hermoso momento, la verdad que deben ser pocos los amigos así. Se han pasado con el gesto que tuvieron, la verdad que son unos chicos fabulosos”, comenta la mujer todavía emocionada. 

A Víctor no le costó demasiado ponerse de acuerdo con Leonardo Díaz, otro gran amigo de Abel, quien aportó la mejor carne del stock de su carnicería y se mandaron a la que casa Vilma. Víctor junto a su novia y Leo con su esposa e hijas. En la casa se sumaron las hijas de la Vilma y su nietita: “Caímos a las 20:30 cuando más lindo estaba pegando el frio y estuvimos como media hora buscando la parrilla porque no la encontrábamos. Era cuestión de llenar el espacio de su hijo que actualmente está lejos y la verdad que le llenamos la casa de familia. Ella se lo merece porque es una persona que está de pie todos los días y siempre con buen humor; es una persona que no tiene malladad”. 

“El otro día pasé por su casa y la vi un poco bajoneada por la situación de su madre, por eso me pareció bueno generarle un buen momento. Nosotros tenemos mucha afinidad con ella. Es algo que ha surgido porque ella se lo re mil merece. Creo que eso que uno brinda afectivamente supera cualquier regalo que pueda llegar a hacer”, comenta Víctor, de 33 años, cómo surgió la iniciativa y minutos después cuenta la historia que explica el gran afecto que lo une tanto a Abel como a Vilma. 

Víctor es oriundo de la localidad catamarqueña de La Bajada y siendo adolescente se instaló en La Cocha para hacer el secundario en la escuela técnica. Sin embargo, por un problema familiar, se quedó sin casa donde vivir. Cuando se preparaba para volver a sus pagos, Vilma y Abel le brindaron cobijo: “Ya me volvía y pasé por su casa para devolverle un cuaderno. Cuando se enteraron que estaba por dejar el colegio, me dijeron ‘vos no te vas, te quedás acá’. Por eso sigo que ella es de esas personas que no se encuentran todos los días, sin conocerme ni conocer a mi familia me abrió la puerta de su hogar y me trató como un hijo más. Yo me quedé ahí hasta que me pude reacomodar, estuve casi un año en el que me brindaron todo y no me pidieron nada a cambio. Que hoy tenga el secundario es gracias a ella”. 

Cada vez que recuerda aquellos años, lo asalta el cariño y el agradecimiento hacia esa familia que supo ser también la suya ahí en La Cocha: “Ella es docente jubilada y en ese tiempo me acuerdo que se tomaba el trabajo de explicarme y enseñarme. Para colmo, yo era duro de aprender. Es una persona que estado para ayudarme en cada situación mala que he tenido en mi vida…Imaginate si no se va a merecer una pequeña retribución de nuestra parte. Éramos un grupito de seis changos que caíamos siempre a almorzar, merendar y a cenar en esa casa”. 

El que se sorprendió con la iniciativa fue Abel, quien no sabía nada y se enteró recién cuando del otro lado del charco recibió un mensaje que decía: “Le estamos usando la parrilla amigo”. Y así fue, la parrilla recuperó el fulgor de sus años dorados cuando era el epicentro de los encuentros con los más queridos. Con el siguiente mensaje publicado desde su cuenta de X (Ex Twitter), sintetizó esa emoción que lo conmovió a la distancia: “Estoy viviendo en el río del pingo y hoy es el cumpleaños de mi mamá. Mis amigos fueron a hacerle un asado. Soy un agradecido de la vida por lo que me tocó”. 

“Cuando estábamos haciendo el asado hicimos una videollamada con Abel que se puso muy contento. Hablamos con él y se lo notaba muy emocionado. Se lo extraña un montón porque él es el centro de gravedad para muchas personas. Él era de generar las juntadas y las reuniones. Ahora, la cuestión laboral nos separó y la verdad que duele no tenerlo acá, pero estamos contento de que le esté yendo bien”, remarca Víctor. 

“Abel no sabía nada y estaba re emocionado cuando se enteró que los chicos estaban en casa. Fue algo hermoso, un momento muy lindo. Es muy reconfortante para mí y se nota que son esos amigos de verdad. Ellos no tenían ningún compromiso conmigo y, sin embargo, tuvieron ese gesto hermoso”, reflexiona, por su parte, Vilma y luego sentencia: “Evidentemente, algo bien debo haber hecho en esta vida”.