"Cuando miro un clavel, lo veo a mi padre": Eli, la florista que lleva el legado con orgullo y amor
Comenzó a trabajar a los 10 años y hace 54 llena de colores y perfume la peatonal Muñecas. Quién es Eli Cardona, la hija del primer florista de Tucumán que teje tulipanes para la Semana de la Dulzura. VIDEO.
Eli Cardona, la florista estrella de Tucumán. (Foto: eltucumano).-
“El naranja es suerte, te va a cambiar el día”, le dijo Eli Cardona al periodista de eltucumano Franco Carletto. Eli extendió su brazo y le regaló un tulipán tejido por ella misma, sin saber que Franco estaba teniendo un mal día, y su acto, su flor y el naranja fueron suficientes para cambiar el semblante.
Comenzaba la Semana de la Dulzura y a Franco le llamo la atención las flores tejidas en el puesto de la peatonal Muñecas. Ese también es un buen regalo para agasajar a las personas especiales, pensó Franco y se detuvo a hacerle una nota.
Eli, con su amabilidad, le contó que trabaja desde los 10 años y hace 54 años que llena de colores y perfumes la peatonal. La venta de flores la lleva en la sangre, pues ella es nada más ni nada menos que la hija del primer florista de Tucumán.
Con un ramo de flores amarillas en sus manos y su cuerpo cansado, Eli cuenta que su historia se remonta a la historia de su abuelo, José María Cardona, un inmigrante español que huía de la segunda guerra mundial. Cardona se casó con la criolla Carmen Nicolasa Álvarez y tuvieron nueve hijos varones y una hija mujer. Uno de esos hijos, también llamado José María, fue el padre de Eli.
“Estoy muy orgullosa de mi padre, de todas las flores, de todos los años y de todo lo que ha pasado porque él no tenía un puesto. Mi papito se tenía que levantar temprano, subir al cerro y juntar las flores para poder vender”, cuenta Eli con mucha nostalgia y emoción.
Antes de los puestos, cada vendedor ofrecía los ramos con su canasto que contenía, entre muchas flores, claveles y rosas. Con los años José María hizo crecer su negocio de flores y empezó a traer ejemplares del mercado central. Eli, fiel a su padre, lo acompañaba a su padre a trabajar: “Me compraba los globitos de conejito, me sentaba y él vendía sus flores”, recuerda con mucho cariño. “Yo me siento orgullosa de ser florista porque en las flores se ve todo lo más bello, lo más lindo. Regalar flores es una cosa muy delicada, y a quien se le regala también”.
Hace 54 años que Eli trabaja orgullosamente de florista: “Es mi vida”, afirma. “Si yo miro un clavel, ahí está mi padre, si miro una rosa está mi madre y mi hermano, que también fue florista y con discapacidad fue el mejor armador. Las miro y los veo a ellos”, cuenta.
Eli estudio hasta tercer año de farmacia, sabe trabajar con arcilla, tejer y armar flores, pero sobre todas las cosas, lo que más le orgullece son los valores que le trasmitió su padre: “Ser buena persona”.
“El hoy es nuestro, el mañana no sabemos, tenemos que darle a Dios por la luz de nuestros ojos, por la fuerza del trabajo”, dice Eli con toda la sabiduría que los años y la vida le dio. “Éramos tan humilde”, recuerda sobre su infancia, pero también recuerda que luego de empezar a trabajar pudo ayudar a su madre. Mientras Eli habla con Franco sus ojos se llenan de lágrimas y recuerda uno de los momentos más especiales que vivió con su madre: hacerle su fiesta de 15 años, que tanto anhelaba, a los 50.
Los padres de Eli ya no viven, pero ella los ve en las flores y en los ojos de sus hijos. “Cada día es maravillosa, mirá esas rosas”, dice mientras muestra una rosa ecuatoriana con diferentes colores, únicas en Tucumán.








