"Nos reímos para ortear a la realidad": abre sus alas el Pollo Svetliza, el antihéroe del humor en Tucumán
"En todo este quilombo, poder reírse es una salvación, un salvavidas en el naufragio. Es fundamental reírse porque estamos todos quemados, sobresaturados de información. El humor es una válvula de escape. Ya está, ya hemos chocado. Disfrutemos lo que nos queda", dice la estrella del momento. Este sábado, a las 22, en Storni.
Pollo en acción. Fotos: Luis Cardoso.
Incendiado entre un guión que pela para un podcast de Anfibia y una nota sobre el pingo robado de una obra de arte para eltucumano, El Pollo Svetliza dice: “Es que acá ya no sabés cuál es el límite entre la ficción y la realidad. Está todo muy difuso, como verás”.
Conocido por sus goles en las calles de Villa 9 de Julio (ampliación Barrio Norte, según el molesto de cada cuadra), Exequiel Svetliza aprendió a gambetear la realidad como el crack que es: primero mirándola de frente, después tratando de entenderla, y al fin burlándola para dejarla pagando y salir a festejar ante un arquero devenido en presidente.
Cuando ya no le dieron las piernas, El Pollo Svetliza empezó a golear con la palabra. Dan fe de ello las bibliotecas que coronan su departamento maradoniano rodeado de dinosaurios, hesperidinas, pingüinos espejados, plantas, vinilos de Don Carlos y una heladera a veces sin limón, pero siempre con soda.
Es tan ecléctico el mundo que habita, como la realidad que lo invade. Y ante esa realidad no hubo doctorado en Letras ni maestría en Memes capaces de saciarlo. No. El escritor y bailarín prohibido de Veracruz tomó una decisión: “O empezaba terapia o hacía stand-up. Siempre con la idea de probar, encontré el taller de stand up de la Juli González y confirmé que reírse es más barato que hacer terapia. En el taller me he juntado con gente que está más hecha pingo que yo, dementes buenos entre tantos dementes malos dando vueltas, y aquí estamos: mañana tenemos función”.
La Liga de la Injusticia es el nombre que ha tomado el stand-up del que ya habla Tucumán. Pero antes de verlo dos noches seguidas en Utopía hace unas semanas y a horas de cagarse de risa este sábado a la noche en Storni, El Pollo se pone la capa de antihéroe, arma uno y explica cuál es su plan: “La salida en estos tiempos es el humor, y sobre todo reírse. La diferencia está entre de qué se ríen los malos y de qué nos reímos nosotros. Los malos se ríen porque nos toman de boludos. Se ríen con la crueldad de los perversos. Son esos hijos de puta que se ríen cuando te caés en la calle. En cambio nosotros nos reímos para acercarnos al otro, para hacerle más liviana la realidad al otro, nos reímos para ortear a la realidad”.
Hijo del Pallo Svetliza, el vendedor de autos más goleador de los 90, El Pollo revela cómo construyó su sentido del humor: “Vender es una gran manera de seducir, al igual que el humor. Sobre todo para los seres que no estamos dotados de otras virtudes. Hay una gran influencia en mi viejo. Él tenía un humor muy particular, era un culiao. Los clientes iban a comprarle un auto y no entendían por qué. Decían: ‘Vengo a comprarle un auto a este que me trata de carnero y me vende el auto que él quiere’. Además de mi viejo, también tengo mucho consumo de humor como Tato Bores o Saborido, o como Olmedo o Porcel, ya cancelados. Siempre me he vinculado con el humor, con la tele. El humor es una expresión de la inteligencia porque te coloca en otro lugar sobre la realidad. La realidad es sumamente dramática. El humor es como el remedio ese que viene con gustito a frutilla”.
Sin repetir ni spoilear, el show del Pollo Svetliza navega por las mareas menemistas y las sequías libertarias. Si la vela prende, ilumina. Si el mal se disfraza en formas amables, como dijo Capusotto, el Pollo le quita la careta: “Lo tenés al pelotudo de Adorni todas las mañanas que trata de hacer un esfuerzo sobrehumano para disfrutar. Pobre, la cara no lo ayuda. Pero lo que hay detrás de eso es la maldad. Sí, la maldad se disfraza en formas amables. Y en este contexto las balas entran desde el humor. Por eso soy admirador de Tato Bores, un tipo muy lúcido de la realidad. Pero ojo: hoy no tiene sentido hacer humor político. La política en sí es una farsa”.
Allanado el camino para hablar ante el público por sus clases a aula llena como docente de la UNT, despejado el pánico escénico como protagonista de sus libros de Tucumán Zeta o la causa Malvinas entre otros, El Polluelo cuenta cómo se siente pararse delante de personas que comen pizza sin champagne y que solo esperan reírse ante este muchacho de camisa tropical: “Durante el taller de stand-up con la Juli compartís mucho lo que preparás con tus compañeros, pero la verdadera prueba es con el público. Me parece super desafiante esa inmediatez: si un chiste no entra, ¿qué pasa después? Cuando tenés más cancha, arriesgás más. Pero el stand up no es otra cosa que contar cosas triviales, cotidianas, cosas que cualquiera vive y que uno intenta darle cierta profundidad”.
Barrilete cósmico del meme, zurda inmortal de Twitter, El Pollo analiza lo que a veces parece exceder a cualquier sesudo: “En las redes sociales pasan cosas que la gente ya no sabe si son reales. Ya no se diferencia qué es real y qué no. Qué es un meme y qué es verdadero. En todo este quilombo, poder reírse es una salvación, un salvavidas en el naufragio. Si no te aferrás a la risa y a la amistad, estás muerto. Uno nunca se ríe a carcajadas solo. Son actos públicos. Es fundamental reírse porque estamos todos quemados, sobresaturados de información. El humor es una válvula de escape. Ya está, ya hemos chocado. Disfrutemos lo que nos queda”.
Lo que nos queda, por lo pronto, es este sábado a las 22 horas en Storni para ver a quien habla acompañado de El Chino Ale y Speedy González: “Son dos grandes compañeros de aventuras, cada uno con sus estilos, con sus problemas, con sus mambos (que no son pocos) y con quienes habitamos un mundo que no tiene un pingo que ver, pero que convive. En La Liga de la Injusticia somos los antihéroes, gente que, con un montón de mambos, decide procesarlos y así encubrir nuestras patologías. Nos estamos ahorrando la terapia o nos estamos volviendo más locos, pero divertidos. Los villanos no son divertidos. Nosotros sí. Los esperamos”.

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