"Mi sueño era estudiar": entre la caña y el juego, los recuerdos de la infancia en Tucumán
Los adultos que caminan por las calles tucumanas fueron, alguna vez, niños que jugaron, treparon árboles y respondían a la pregunta qué querés ser cuando seas grande. En este Día de las Infancias, esos adultos rememoraron sus años de niñez y compartieron con eltucumano.com sus sueños más preciados. VIDEO.
Imagen ilustrativa tomada de vovetucuman.com
“Nunca pierdas al niño que llevas dentro”, es una de las frases cliché que se escuchan con frecuencia. Llevar un niño dentro es conservar la inocencia, la curiosidad y las ganas de jugar y divertirse pese a las diversas crisis que atravesamos como adultos. De grande uno puede mirar en retrospectiva y añorar la niñez, ser apenas un niño o una niña sin responsabilidades y al cuidado de los adultos que amamos. La infancia es, además, la etapa de los grandes sueños. Es ese momento de la vida donde nos atrevemos a soñar a lo grande con nuestro futuro, sin peros, sin obstáculos, solo el deseo nos basta.
Los adultos que caminan por las calles tucumanas fueron, alguna vez, niños que jugaron en las calles, treparon árboles, iban a la escuela, hacían bromas y respondían a la pregunta qué querés ser cuando seas grande. En este Día de las Infancias, esos adultos rememoraron sus años de niñez y compartieron con eltucumano.com sus sueños más preciados.
Hay quienes tuvieron una infancia muy sacrificada como Graciela, quien tuvo que acompañar a su madre mientras era empleada en casa de familia. A los 7 años la acompañó a vender el diario La Noticia “cuando pasaba el tranvía por acá”. Graciela soñaba con poder estudiar, pero solo pudo llegar hasta primer año: “Me gustaría volver a ser niña para cumplir mis sueños”, asegura. La realidad de Graciela se repite, Viviana tampoco pudo estudiar ya que debía trabajar, ella soñaba con ser contadora, hoy hace los cálculos y lleva sus finanzas mientras se dedica a la venta ambulante. La infancia, sin embargo, es para Viviana una época feliz a la que recuerda con mucha alegría: “En mi barrio había un centro vecinal donde desde la Municipalidad mandaban maestras de arte, pintura, tejido, bordado, muchas cosas. Mi mamá, que me crió y vivió para mí, me ha dado con todos los gustos. Eran otros tiempos”. Su sueño más grande es que su hijo persista y termine sus estudios superiores para convertirse en profesor de Música.
Muchos de los que son hoy grandes vendedores ambulantes en el microcentro de la capital tucumana, vivieron su niñez en el campo y acompañaron a su familia en la zafra. La infancia de Alberto está atravesada por el recuerdo de la caña, hoy tiene 90 años y sus recuerdos son en el campo trabajando: “Me divertía pelando caña, a las 5 y media me levantaba el abuelo a sacar la leche y después a pelar caña”. Al igual que Alberto, la infancia de José estuvo marcada por la caña. En el campo no tuvo grandes lujos ni juguetes, “de vez en cuando me regalaban una pelota por el Día del Niño”, sin embargo, José se las ingeniaba para que todo lo que estaba a su alcance se convierta en un juego. Miguel recuerda al campo como un lugar sano, con gente amable y donde los días eran divertidos. De niño soñaba con ser futbolista, pero sufre de pie plano, hoy es comerciante y mira a ese niño que fue con dulzura: “Le diría que todo va a estar bien”, afirma.
Cuando era chica Andrea soñaba con ser mamá, peluquera, carpintera. En el medio de todos sus sueños descubrió la llamada de Dios, la acogió y ahora es religiosa: “Cuando era adolescente tuve el deseo de servir a los otros. Extraño de ser niña que uno vive el asombro, el no cuestionamiento, eso es algo muy lindo para seguir acogiendo en la vida adulta. A mi niña le digo que sea feliz y que sea capaz de descubrir lo lindo de cada día”, manifiesta con orgullo.
Rosalía de niña iba al teatro y se deslumbraba con las bailarinas de danzas clásicas, en su corazón albergaba el deseo profundo de crecer y ser como ellas. Luego terminó el secundario, empezó a trabajar y los deseos de tutú y zapatillas de punta quedaron de lado: “Uno se hace grande y los sueños se van”m dicen, sin embargo, a su niña le diría que luche por sus sueños y no desista hasta lograrlo.
Muchos adultos ven las niñeces de hoy atravesadas por el mercado. Añoran las épocas donde no hacía falta juguetes caros para divertirse. “Ahora los padres comprar regalos caros, nosotros sabíamos jugar con latitas de sardina y hacíamos trencito, jugábamos a las escondidas”, sostiene Enrique, quien de chico soñaba con convertirse en abogado, pero la situación económica de su familia no le permitieron seguir con sus estudios. Al igual que Enrique, Roberto coincide en que antes se divertían usando el ingenio con lo poco que tenían: “He tenido una infancia muy feliz, armábamos nuestros propios juguetes”, dice, y cuenta: “La música siempre fue mi sueño, mi gran ilusión, a los 8 años fui autodidacta con la guitarra, luego vino el charango, el bajo y el harpa, me enamoré del harpa. Éramos muy familieros y amigueros cuando éramos niños”.
¿Te acordas que soñabas cuando eras niños?








