"¿Qué más podía hacer?": le ofreció su casa a una persona en situación de calle para que duerma esta noche y revela qué pasó
Marcelo de Marco vive en San Pedro de Colalao. Esta noche vio el mensaje anónimo de una persona desesperada: "No sabía quién era, pero le dije que tengo lugar". Quién es y por qué lo hizo. | Por Alfredo Aráoz
Marceki de Marco en la ruta con la moto, dos pasiones que también van de la mano. Fotos: Marcelo de Marco.
Este viernes a la noche una publicación anónima en Facebook llegó a la pantalla del celular de Marcelo de Marco, un tucumano que vive en San Pedro de Colalao. La publicación, sin nombre ni rostro, decía así: “Hola, ¿cómo están? Yo estoy pasando un mal momento y estoy en situación de calle. Tengo 40 años y estoy sin trabajo. Es la primera vez que me pasa algo así. Si alguien me puede ayudar o sabe dónde puedo ir. Por favor”.
Cinco minutos después de ese pedido desesperado, Marcelo de Marco tomó una decisión y le escribió: “Fuerzas y a no desesperar que todo mejorará: 381-2133353. Vivo en San Pedro de Colalao y tengo lugar por unos días. Abrazo fuerte”.
“No sabía quién era. Nunca podés saber quién es, quién está del otro lado hasta que lo conocés. Después de escribirle ese mensaje, me sonó el teléfono. Me contó lo que le estaba pasando, lo escuché y tomé la decisión: abrirle las puertas de mi casa, aquí en San Pedro, donde tengo una motoposada, una casa para viajeros que no pagan nada, a los que no se les cobra nada. Personas que vienen, tienen un lugar donde dormir y a quienes a cambio, si es que cabe el concepto, solo se les pide que mantengan el orden, el respeto, la limpieza y nada más”, le cuenta Marcelo de Marco esta noche a eltucumano.
Corría el año 2001 y Marcelo, como muchos argentinos, se habían ido a buscar suerte a España. Lo que encontró Marcelo una noche trascendió a la suerte, al trabajo, al dinero. “Yo estaba en situación de calle. Dormía en los bancos de las plazas. Una noche me pasó algo que recordaré para toda la vida: ya era de madrugada y escuché que salían los chicos del boliche. Cuando se acercaron a mí, yo me hice el dormido y los escuchaba. ¿Sabés lo que hicieron? Dejaron de hablar y pasaron en silencio para no despertarme. Ahí conocí el respeto por el otro. ¿Y sabés lo que hice cuando volví a Tucumán y me senté a comer un sánguche de milanesa con mi hijo en unos vagones de tren? Escuchamos ruidos de personas en los vagones y le dije a mi hijo: ‘Hablemos despacio porque acá hay gente que necesita descansar para salir a buscar un trabajo mañana’. Mi hijo me dijo y me lo dice hasta hoy: ‘Ese mensaje me cambió la vida’. ¿Ves cómo lo vivido se contagia? Bueno, así crecí en la vida y por eso atendí el llamado de una persona que no tenía dónde dormir”.
De regreso a esta noche helada y lluviosa en Tucumán, hace unos minutos sonó el teléfono de Marcelo. Del otro lado, un hombre: “Disculpe, señor, me llamo Isaías, soy yo el que escribió en el Facebook”. Marcelo lo escuchó y le cuenta a eltucumano qué pasó: “Me confirmó que había perdido el trabajo y que había unos problemas familiares que no vienen al caso contar. Me dijo que no tenía un peso para venirse de la ciudad hasta San Pedro. ‘No se preocupe, Marcelo. Voy a ir a San Pedro a dedo esta noche’, me dijo. Le pregunté si tenía un cbu o un alias para transferirle la plata para el pasaje, para que saque el boleto, y me dijo que no, que no tenía alias”.
Sin alias, pero ya con nombre en esta historia, Isaías cargó una mochila vencida al hombro y estaba por empezar a hacer dedo, pero no encontró a nadie que lo llevara hasta San Pedro: “Isaías me acaba de decir que ya se está haciendo tarde y que encontró un lugar bajo techo para pasar esta noche. Pero que mañana temprano viene a San Pedro. Ya hice los arreglos para el pasaje y acá lo espero. ¿Qué puede pasar? ¿Por qué debería pasar algo malo? El muchacho se va a quedar las noches que lo necesite. Yo he dormido en la calle, yo he sido prejuzgado, yo sé lo que se siente que te miren de reojo, que te pongan una cara si tenés una camioneta y que te pongan otra cara si tenés una motito. Una señora en la publicación me dijo que tenga cuidado con abrirles las puertas de mi casa a extraños. Pero es un gesto que me sale de manera natural. Lo hago de una manera totalmente desinteresada. Tenemos que darnos una mano entre todos porque si no esto va a explotar en cualquier momento”, le cuenta Marcelo de Marco a eltucumano.
“Yo vengo de una familia super trabajadora que ha viajado mucho por todos lados por el trabajo de mi padre. En todos lados he conocido a gente espectacular que siempre me ha dado una mano en todos los sentidos: hasta obsequios he recibido. Así he aprendido que una mano lava a la otra. No descubro nada: vivimos en un sistema injusto, que deja a mucha gente afuera. Y hay mucha gente que no ve una luz, una puerta para salir adelante. Mientras tanto, otros solo piensan en sí mismos. No quieren tener familia, solo piensan en entrenar en el gimnasio y nada más”.
“Vivimos en una era del según cuánto tenés, cuánto valés. O cuánto mostrás, ni siquiera cuánto tenés. No importa de dónde lo has sacado a lo que tenés. Insisto: si andás en una camioneta, te quieren todos; si caés en una moto, no te quiere nadie. Vivimos en una época donde muchas personas no ven lo que está pasando en las calles. Es grave lo que está pasando. Se les falta el respeto a los viejos, a los niños, a las mujeres. Veo mucha desesperanza en las calles, muchas caras tristes, mucha agresividad. Si bien siempre Tucumán ha sido más violento que el resto de las provincias, hay mucha falta de respeto y una tensión que no para de crecer. Si no nos damos una mano, estamos perdidos”, reflexiona Marcelo esta noche mientras espera a Isaías a primera hora del sábado.
“Insisto: mi casa es como un hostel, pero no se paga. Solo se llega por recomendaciones. Todo parte del corazón de cada uno. He recibido a gente de todo el mundo. Un día llegaron 30 venezolanos que dejaron su país. Tenían un hambre esos venezolanos que no me olvido más. Entonces, de nuevo, ¿cómo no vas a dar una mano dentro de tus posibilidades? ¿Quién soy yo para prejuzgar al otro? No entiendo a esa gente que a los limpiavidrios no les dan plata porque dicen: ‘Con esa plata se va a drogar’. ¿Qué sabés vos? Se están fijando si le dan 20 pesos cuando un desayuno cuesta 2500. Hay gente a la que no le alcanza la guita. Si puedo dar una mano, siempre la voy a dar. Mañana llega Isaías a San Pedro. Mañana te sigo contando. Mañana les sigo contando”.


La motoposada de Marcelo en San Pdro de Colalao, donde este sábado a la mañana espera a Isaías.

"Recibo a gente de todo el mundo. Tenemos que ayudarnos entre todos".

La frase que manda en la posada de Marcelo.








