"Ha salvado muchos matrimonios": Tucumán, entre las mayores plazas del país para el sexo swinger
Desde hace diez años que Eduardo y Lorena han hecho del intercambio de parejas una forma de vida y ahora administran el único club swinger de la provincia. Su historia, los códigos, los secretos de la noche swinger y la gran fiesta que se viene: “El tucumano es de mente cerrada, pero curioso”. Por Exequiel Svetliza.
Placer multiplicado. Foto de https://www.losandes.com.ar/
Empezó hace casi diez años como una aventura y fue una apuesta para salir de la monotonía conyugal. Explorar nuevos territorios del placer compartido. Jugar y hacer jugar. Abrir la cancha y la mente. Poner el cuerpo y el bocho en acción. Como quien se zambulle en las ignotas profundidades abisales del deseo, Lorena y Eduardo se tiraron de cabeza y descubrieron un auténtico tesoro; un edén hecho a medida de los desobedientes de las convenciones y del ajustado corsé de la moral tradicional; un paraíso que no expulsa, sino que invita, que suma y que multiplica. Desde hace una década, el matrimonio encontró en el intercambio de parejas una forma de vida y hoy evangeliza esa libertad sexual desde las pistas de Dubái Night Club; el boliche que congrega los fines de semana a la cada vez más numerosa comunidad swinger tucumana, una de las más pujantes del país.
Casados en segundas nupcias, Eduardo y Lorena llevaban un año juntos cuando descubrieron que tenían fantasías sexuales compartidas. Entonces, guiados por la brújula del deseo, decidieron convocar a un amigo de la pareja para que formara parte de un trío. Ese fue el comienzo de una exploración que los llevó a incursionar en el universo swinger. “Comenzamos a vivir juntos y un día hablando de sexo nos dimos cuenta de que a los dos nos gustaban las mismas cosas, pero nunca las habíamos hecho. Entonces quedamos de acuerdo para hacer algo el fin de semana siguiente. Hicimos nuestra primera experiencia que fue hacer un trío con un amigo mío, no queríamos que sea una persona desconocida. Obviamente, siempre dejando bien en claro que la idea era pasar un buen momento…no es que mi mujer quería levantarse a nadie, sino que queríamos experimentar algo nuevo”, relata Eduardo.
“Una vez que cumplimos esa primera fantasía, después quisimos experimentar otras áreas de la vida sexual y ahí fue que comenzamos a hacer los primeros intercambios con otras parejas. También probamos hacer cama de a tres con otra mujer… Nosotros somos de mente tan amplia que inclusive hemos hecho tríos con amigos nuestros que son gays. Podemos decir que en el tema del sexo con mi mujer nos hemos dado la posibilidad de probar muchas áreas”, comenta el hombre de 46 años y músculos fornidos trabajados en el gimnasio.
¿Qué fue lo que más les atrajo de esa primera experiencia? La que responde es Lorena, 42 años, morocha y de charla cándida, algo tímida: “Teníamos esa curiosidad y decidimos probar, siempre de común acuerdo entre los dos. Lo que más curiosidad me daba es el hecho de que tu pareja te esté viendo con otra persona. Que me vea y verlo también a él con alguien más, claro… Eso me parecía excitante. Era también probar algo diferente para activar la relación y eso también me ha gustado. A partir de ahí empezamos a probar de todo”.
Algo había cambiado de una vez y para siempre. Fue un big bang; la implosión de los cimientos que sustentan la concepción tradicional del matrimonio en la sociedad occidental. Una revolución. En su irrefrenable onda expansiva, las esquirlas del deseo presagiaban la caída del antiguo régimen y el comienzo de una nueva era para la pareja. Así lo confiesa Eduardo: “Uno siempre fantaseó con algo así… ¿quién no ha visto una película pornográfica donde se ven orgías y muchas de esas fantasías? Pero hay que entender que uno cuando es más joven no tiene la mente tan abierta. A los dos nos excitó esa situación y nos gustó bastante. Como todo primerizo, estuvimos una semana entera donde no se nos iba de la cabeza lo que habíamos hecho. Por eso yo digo siempre que al sexo hay que ponerle un poquito de condimento y nosotros le habíamos puesto un condimento que nos ha gustado mucho. Por eso hemos seguido”.

Foto ilustrativa. Diario Clarín.
Aunque disfrutó de esos primeros encuentros con otras parejas, Lorena confiesa que, al comienzo, le costó un poco lidiar con los celos: “Al principio como que me costó un poquito… pienso que para la mujer es un poco más difícil por un tema de celos. Al comienzo se te crea la duda y pensás ‘¿y si la otra es mejor que yo?’, ‘me va a cambiar por otra…’ Pero, cuando vos vas entrando en este mundo, te das cuenta de que ni los sentimientos ni los celos tienen que existir porque es un disfrute sexual, nada más. Es algo del momento. No es que tu pareja te va a cambiar por la otra”. En ese sentido, tanto ella como Eduardo coinciden en que una de las premisas fundamentales del swinger es compartir un acto sexual donde no se involucran los sentimientos: “Cuando me preguntan ‘qué consejo me das para entrar en este mundo’, a las parejas siempre les digo: dejar los sentimientos y los celos en la casa. Acá venís a disfrutar, a pasar el momento y después volvés a tu vida normal. No es para enamorarse ni nada por el estilo”.
“En este ambiente no pueden entrar en juego los celos ni la desconfianza. Las parejas tienen que tener bien en claro dos cosas: Primero, que se trata de placer, pasar un buen momento. Y segundo, que la pareja para meterse en este mundo debe crearse sus propios códigos dentro de la relación. Esto es sexo sin sentimiento, por eso es fundamental ponerse sus propios códigos, para que el matrimonio no sea destruido”, aporta, por su parte, Eduardo.
Según explican, los mentados códigos tienen que ver con todos aquellos acuerdos internos dentro de la pareja respecto a qué está permitido y qué no para cada integrante. En el caso de Lorena y Eduardo, ellos son una pareja swinger tradicional y siempre participan ambos de los encuentros con otras parejas. Pero también hay parejas denominadas liberales donde cada integrante tiene la posibilidad de vincularse sexualmente con otras personas de forma individual. “Uno de nuestros códigos es que ninguno hace nada por separado. Si hacemos algo, estamos los dos”, comenta Eduardo y aclara que hay una única excepción a esa regla y es que, si existen vínculos paralelos, sólo pueden ser con personas de su mismo género.
Lejos de socavar el vínculo matrimonial, el sexo swinger puede servir como un salvavidas para algunas relaciones que han caído en la rutina de lo ya conocido. Está claro que, a la hora de avivar la llama del amor, cuatro pueden apantallar mucho mejor que dos. “Por experiencia propia puedo decirte que la práctica del sexo swinger ha salvado de una ruptura a muchos matrimonios. Porque vos podés llevar un tiempo con tu pareja y comenzás a entrar en esa monotonía donde, en el momento íntimo con tu pareja, encontrás como que siempre es lo mismo. Nunca hay nada diferente, ya sabes qué es lo que va a hacer tu pareja y ella sabe qué vas a hacer vos. Cuando comienza a suceder eso, ya entrás en una etapa en la que estás como queriéndote aburrir. Y muchas veces se dan casos de parejas que llevan meses sin tener intimidad entre ellos. Entonces ¿qué es lo que sucede? En vez de ponerte a charlar para ver cómo solucionar ese problema, ¿qué es lo primero que hacemos? Vamos a buscar afuera y surge la infidelidad a espaldas del otro. Por qué destruir tu matrimonio por una infidelidad cuando podrían charlarlo sin caer en el engaño y tener una infidelidad consentida de estar uno a la par del otro con otras personas”, reflexiona Eduardo apelando a una lógica que, aunque se aleja de los usos y costumbres convencionales, suena demasiado sensata.
Como quien luego de probar nuevos sabores en un bufete vuelve a su casa con hambre y calienta la milanesa que tiene en la heladera, para Eduardo y Lorena mantener encuentros con otras parejas incrementa el deseo puertas adentro del hogar. “Es como que se activa más la pareja. Tenés más deseo y ya no es tan monótono. En el caso de nosotros, cada vez que tenemos un encuentro, volvemos a la casa y tenemos más ganas. Como decimos: siempre terminamos la noche los dos juntos”, revela Lorena.
Dubái, el paraíso swinger de la provincia
Mirados con mucho recelo por una sociedad que no comparte sus formas de disfrutar de la sexualidad y tiende a condenarla, la mayoría de los miembros de la comunidad swinger en la provincia se acostumbra a llevar una vida secreta. En afán de resguardar su identidad y mantener las apariencias, se valen del secretismo de las redes sociales para conocer a otras parejas de la movida. Cansado de esa clandestinidad y de los riesgos que conlleva, hace alrededor de dos años que Eduardo inauguró Dubái Night Club, el boliche swinger que administra junto a Lorena y que es el único en su tipo en Tucumán y el norte del país.
“Cuando creamos Dubái, nosotros lo hicimos con el objetivo de que las parejas tengan un lugar seguro donde poder experimentar este estilo de vida o, si ya llevás un tiempo en esto, tengas un lugar donde seguir practicándolo. Muchas veces, no podés confiar en las redes sociales porque no sabés con qué te vas a encontrar. Todo lo que sea sexo puede ser una bendición como puede ser una maldición y un peligro. Yo no soy muy partidario de tener una práctica sexual con alguien que hemos contactado por Facebook ¿entendés? Porque vos no sabés si la persona con la que te vas a encontrar existe siquiera. Si existe, capaz que vas y es una trampa y te asaltan… se pueden dar muchas situaciones desagradables”, cuenta el propietario del boliche.
Desde entonces, cada fin de semana, el boliche reúne a muchas parejas swinger de Tucumán y de otras provincias. ¿Pero cómo reaccionaron los tucumanos ante esta propuesta disruptiva y hasta entonces inédita por estas latitudes? Así lo explica Eduardo: “Al principio llamó mucho la atención, pero costó instalarlo porque no es algo común acá. A mi entender, el tucumano tiene el pequeño problema de que es de mente muy cerrada y es más curioso que otra cosa, por eso costó. Lo que sucede es que acá en el norte somos prácticamente los únicos y cuando comenzó a venir gente de otras provincias, al enterarse de nosotros, ahí recién el tucumano se dio cuenta de lo que tenía acá”.

Escena de la película argentina "Dos más dos" que tematiza sobre el mundo swinger.
Si bien el club nocturno está pensado para las parejas de la comunidad, también hay lugar para los curiosos y curiosas que quieren conocer de qué se trata el universo swinger. Según explica Eduardo, al lugar solo pueden entrar personas mayores de 22 años y hay un cupo limitado de solteros y solteras que pueden ingresar cada noche. De esa manera, se mantiene cierto equilibrio en el ecosistema entre las parejas y las almas solitarias que acuden a explorar y, por qué no, acoplarse en algún encuentro. Aunque la propuesta es siempre inclusiva, la limitación a los que van solos hace que algunos apelen a un pequeño ardid para ser parte de la noche swinger: “La mayor parte del público son matrimonios que llevan varios años juntos o conviviendo. También hay parejas de novios que van y te podés encontrar a esos que, como hay un cupo limitado para solteros, se consiguen a una amiga para poder entrar y disfrutar, ya sea los dos juntos o por separado, como ellos quieran… Siempre hay cierto número de personas que, con tal de poder ingresar, te dicen ‘es mi novia’ y son simplemente amigos”.
Son muchas las preguntas y los mitos que se generan en torno al lugar y lo que sucede ahí adentro. Muchos fantasean, pero no son tantos los que se animan a trasponer las puertas del boliche y sacarse todas las dudas. “Yo soy la encargada de manejar las redes del local y por ahí muchos preguntan ‘¿che, pero vos entrás y están todos en bolas ahí?’ Y les tengo que decir que no, que hagan de cuenta que es un boliche como cualquiera. Podés ir, bailar, tomar algo y compartir con otros, pero nadie te obliga a hacer nada. Creo que por ahí algunos tienen un mal concepto porque ven muchas películas…”, comenta Lorena.
En Dubái se puede encontrar lo que es habitual en cualquier boliche tradicional: un dj, pistas de baile, barra de tragos, personal de seguridad, barman, mozos y comida para quienes deseen cenar. También hay un sector de reservados que son habitaciones donde las parejas pueden ingresar para compartir un momento de mayor intimidad. “Son dos habitaciones privadas donde las parejas acceden con una pulserita. Adentro tenés una cama, cruces en la pared y objetos de sadomasoquismo”, comenta Eduardo.
Los que conocieron la noche queer tucumana de los 90 recodarán un lugar que hizo historia y marcó toda una época para la comunidad gay local: el famoso Túnel de Diva. Se trataba de un gran reservado completamente a oscuras por donde pasaron, amparados por el anonimato de las sombras, aquellos que querían experimentar fantasías y deseos que no se animaban a practicar a la luz del día. Eran otros tiempos donde El Túnel cobijaba a gays, trans y heteros curiosos que se iniciaban en una sexualidad libre del prejuicio ajeno y la condena social: ojos que no veían, corazones que no se reprimían ni discriminaban. Semanas atrás, Dubái habilitó su propio túnel como refugio de algunas pasiones subterráneas. “En El Túnel vos entrás y no se te ve ni la mano. Muchos prefieren El Túnel a entrar en el reservado porque está ese morbo de escuchar a tu mujer que está a la par tuya gimiendo porque alguien la está penetrando y la mujer no sabe quién la está penetrando. Entonces, es ese morbo de escuchar, tocar y no saber… hay muchas parejas a las que les gusta todo eso”, cuenta Eduardo.
Una de las características del boliche son las noches temáticas. Un fin de semana puede ser un show de strippers, el otro un concurso de toples y al siguiente una ruleta swinger. Entre los juegos más populares, está la noche semáforo donde se delimitan tres espacios para que el público acceda de acuerdo a cuáles sean sus intenciones: en el sector verde se ubican las parejas que van muy predispuestas al intercambio con otras. En el amarillo, las que pueden querer o no participar de un encuentro sexual y están ahí para ver qué onda. Y en el sector rojo aquellas que sólo quieren conocer el lugar, bailar y divertirse sin participar de ningún tipo de intercambio.
“Siempre he recalcado que una de las reglas que tenemos en el local es el respeto entre las parejas. Si una pareja quiere combinar para hacer algo con otra pareja, todo bien. Pero por ahí hay una pareja que estuvo tomando algo y conversando con otra y esta le propone pasar al privado, pero no hubo esa química con la otra pareja y le dice que no, esa otra pareja tiene que entender y respetar el no por respuesta. Siempre hago hincapié en que tiene que existir ese respeto porque, ya si alguien se torna insistente y molesto, están los guardias de seguridad para intervenir si eso pasa”, comenta Eduardo.
Por sus años de experiencia dentro del ambiente swinger local, Lorena y Eduardo se han convertido en especies de mentores para aquellos que acuden al club con la intención iniciarse en el universo del intercambio de parejas. Ese conocimiento que tratan de transmitir a los iniciados es el mismo que recibieron ellos de parejas más experimentadas cuando recién conocían el ambiente, así lo explica Eduardo: “Tenemos un grupo de matrimonios que son los que nos han guiado a nosotros con los cuales nos relacionamos ya desde hace años y ellos nos han enseñado todos los pros y los contras… los peligros a los que te expones y nosotros también tratamos de transmitir eso. Por ahí las parejas que van por primera vez se sienten como sapo de otro pozo, empiezan a mirar para todos lados y conversan entre ellos nomás. Por eso, siempre les digo a las parejas más experimentadas ‘cuando ustedes vean una pareja nueva que está sola o vean a una persona que está sola intégrenla a la charla para que se sientan cómodas’. El tucumano por ahí es muy corto de palabras para encarar en una situación así, entonces siempre tiene que estar esa otra parte que lo ayude también”.
“Hay una frase que se repite siempre en el ambiente swinger que dice: ‘una cita social antes que una cita sexual’. Cuando nosotros hacemos encuentros, no es que vamos, nos encontramos y concretamos. Siempre nos gusta conocer a las otras personas o ver si tienen los mismos gustos que nosotros”, comenta Lorena.
Según explica Eduardo, muchos de esos vínculos que se generan dentro del mundo swinger trascienden la experiencia sexual: “El verdadero swinger entiende de que no se comparte solamente sexo. No es sólo el hecho de que yo puedo compartir mi mujer con vos y vos la tuya conmigo… Actualmente, nosotros tenemos matrimonios con los que hace años que nos relacionamos donde compartimos muchas cosas más allá del sexo. Ahí ya el sexo pasa a un segundo plano porque nosotros con esos matrimonios compartimos el cumpleaños de la madre de alguno de ellos, los cumpleaños de los hijos y salidas de vacaciones”.
Como quien va preparando la pirotecnia para bajarle la persiana al año con todas las luces, el siete de diciembre Dubái despedirá el 2024 con un encuentro que convocará a las parejas tucumanas y de otras provincias para ser parte de una gran celebración compartida. La propuesta incluye música, baile, comida, tragos, pileta y hasta la posibilidad de hospedarse cerca del lugar donde se realizará la fiesta. “Puedo decir que va a ser un evento grande y toda la información que quieran respecto al evento la pueden encontrar entrando a la página de Dubái”, adelanta Eduardo. Por más información acerca de la fiesta y hacer reservas para el boliche se pueden comunicar al teléfono: 3813554369.
Tucumán en el mapa swinger nacional
En septiembre de este año se conocieron los resultados del primer censo de la comunidad swinger en Argentina. La encuesta fue realizada por la Asociación Civil Swinger Liberal Argentina (ASLA) y posicionó a Tucumán como la cuarta plaza del país en cantidad de parejas que practican esta forma de vida sexual con un 5% de la población encuestada y por detrás del Conurbano Bonaerense (45%), la Ciudad de Buenos Aires (14%) y Mar del Plata (12%). Si bien del censo participaron 1300 personas, el referente de ASLA Germán Magallán estima que más de 1.300.000 personas en el país apelan a esta forma de vínculos.
“Tucumán fue noticia en el censo. Les sorprendió muchísimo que nosotros estemos en cuarto lugar a nivel nacional en cuanto a la cantidad de matrimonios que están dentro de la práctica swinger, incluso por encima de otras provincias que tienen una mayor población como Córdoba, Santa Fe y Mendoza”, comenta Eduardo.

Otro de los datos relevantes surgidos del censo es que la mayor parte de la población swinger del país corresponde a adultos ya maduros: el 39% de los swingers tiene entre 41 y 50 años; el 29% se encuentra entre los 31 y 40 años; el 19% tiene entre 51 y 60 años; el 9% oscila entre los 20 y 30 años, y solo el 4% tiene entre 61 y 70 años. La encuesta también mostró que el 66% de la comunidad está conformada por parejas, mientras que el 27% son hombres que participan en solitario. Un 6% corresponde a mujeres solas y el 1% a triejas (relaciones con tres integrantes).

Según revela Eduardo, ASLA es la única asociación de matrimonios swingers que hay en Argentina y la más grande que existe en Sudamérica. Además de ser la única organización de este tipo que cuenta con personería jurídica avalada por el Estado a nivel mundial. Entre las tareas que viene realizando ASLA desde su fundación está la de brindar asesoramiento legal a las personas que pudieran llegar a sufrir algún tipo de discriminación por el hecho de pertenecer a la comunidad swinger: “Mi esposa y yo nunca hemos negado nuestra vida sexual, jamás. Si me preguntan, por ejemplo, en mi trabajo, mi jefe y mis compañeros saben que nosotros tenemos un club swinger y que mi esposa y yo somos swinger. Pero por ahí puede pasar que tengas un patrón muy tradicionalista, al que no le interesa que seas un buen empleado, y para él vos lo que estás haciendo es una aberración y te despide por ese motivo. Entonces ahí procede la gente de ASLA y te van a mandar un abogado para que te defienda, porque ahí ya estamos ante una discriminación”.
Los resultados del censo revelan que el sexo swinger es una práctica en franca expansión en todo el país y, particularmente, en Tucumán. “Pienso que acá hay mucha gente de la comunidad porque cada vez hay más interesados, pero les falta animarse más. Nos llegan muchos mensajes preguntando de qué se trata, qué es lo que hacen… pero después pocos se animan. Muchos te preguntan si pueden venir al boliche con máscaras para que no encontrarse con nadie conocido, hay mucho temor a lo que puedan pensar los demás. Por eso quizá la comunidad de Tucumán no crece más”, reflexiona Lorena.
Como muchos otros clubes nocturnos swingers de distintos puntos del país, Dubái está asociado a ASLA. Según revela Eduardo, su objetivo es formar una cámara que nuclee a los establecimientos de este tipo en la provincia: “Yo tengo bien en claro que no soy el dueño de la movida swinger en Tucumán. A mí me gustaría que surjan otros boliches también, por eso tengo el proyecto de poder hacer una cámara de clubes swingers acá ¿Con qué objetivo? La movida sexual puede dar para muchas cosas como estafas, situaciones de trata de personas o acoso y nosotros no queremos permitir que pasen esas cosas. Por eso, con ASLA, la idea es hacer una cámara que regule a los clubes swingers. Entonces, si vos querés abrir un bar, un pub, un boliche o lo que sea, tenés que venir por una oficina, cumplir con ciertos requisitos y esa oficina va a investigar tus antecedentes de problemas con la justicia por narcotráfico, trata de personas, estafas o violencia de género”.








