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"Sin gestores no hay lugar para el crecimiento": Tucumán, entre la batalla cultural y la pobreza intelectual

Entrevista

Músico y gestor cultural, El Vázquez fue uno de los artífices de la reactivación de la peña El Cardón. Una mirada sobre la reacción del arte de la provincia en estos tiempos de batalla cultural. Contracultura y gestión estatal: “El caos también es respuesta”.

El Vázquez, uno de los mentores del ciclo que revivió El Cardón.





Con la llegada de Javier Milei a la presidencia, el arte y la cultura fueron unos de los sectores que más sintieron los estragos de la motosierra y de la tan mentada batalla cultural libertaria; un terreno que define fieles y enemigos y donde diversas expresiones artísticas han sido deslegitimadas y atacadas sistemáticamente (como en el caso del cine nacional). En un contexto tormentoso del cual Tucumán no es ajeno, la tradicional peña El Cardón recuperó el brillo de sus viejas luces de bohemia de la mano de Javier El Vázquez y Luis Gómez Salas, mentores del ciclo Primavera Piano Bar por donde desfilaron cada jueves artistas de distintas generaciones y afines a diversos géneros musicales. Desde los ya consagrados Adriana Tula, Santiago Caminos y Leopoldo Deza a nuevos talentos de la talla de La Ruth y La Llorona y su jardín de dragones. Con regresos esperados como el del Ruso Darío Souza y hasta presencias internacionales de la talla del pianista franco-iraní Nima Sarkechik. En medio de la confusión y el caos, el ciclo se convirtió en refugio, trinchera y el epicentro de una cofradía artística tan incipiente como esperanzadora de cara al futuro. 

Tras un año signado por cierta convulsión y un clima de desconcierto y en el momento exacto donde afloran los balances de un 2024 que a muchos se les hizo demasiado cuesta arriba, el artista y gestor cultural El Vázquez se anima a pensar acerca de lo que dejó la experiencia del ciclo Primavera Piano Bar y del panorama cultural en una provincia que parece debatirse entre el caos de las expresiones independientes y una gestión estatal en materia de cultura mellada por los embates de la motosierra.     

 Luis Gomez Salas, uno de los artífices del rejuvenecimiento de El Cardón. Foto: El Vázquez. 

-Este año, junto a Luis Gómez Salas, restauraron el piano de la peña El Cardón y realizaron el ciclo Primavera Piano Bar ¿Qué balance hacés de esta experiencia?

-Ha sido una experiencia muy positiva, prácticamente desde todos los planos desde donde la analice. En el vínculo entre la cuestión artística y la gestión cultural está el mayor acierto del ciclo. Activar el escenario de la Peña El Cardón para varios segmentos de la música que se produce en la región, no solo el folclore, ha posibilitado que muchos artistas y nuevos públicos conozcan la peña y también un poco su historia, eso no es poca cosa. La peña entró ahora en un nuevo mapeo para la producción de eventos de cara al 2025, lo que en cierto modo ayuda a rejuvenecerla y expandirla a otros colectivos y expresiones. Después está la calidad de las propuestas que transitaron jueves a jueves, creo que tuvimos picos de excelencia con muchos artistas que encontraron en el formato propuesto un espacio diferente y muy cercano al público para desandar sus repertorios y acercarse a otros que no suelen ser de su acervo (el de la música latinoamericana).

En lo artístico personal solo me dio satisfacciones, me proporcionó una plataforma permanente para desarrollar el músculo expresivo, esa práctica casi rutinaria de cantar e interpretar un numero grande de canciones (propias y de otros autores), casi de forma cotidiana, no hizo más que hacerme un mejor cantante a mí y siento que a Luis un mejor pianista. 

-Durante el ciclo se pudo apreciar la confluencia entre músicos de distintas generaciones y de distintos géneros musicales ¿Era uno de los objetivos del espacio? ¿Se generó cierto espíritu comunitario? 

-Claramente fue uno de los objetivos de la curaduría del ciclo: la variedad generacional y de géneros. Queríamos poner en relieve (como en una suerte de recorte transversal de la producción local) las distintas expresiones musicales que conviven en la provincia y que por lo general no tienden a encontrarse en las programaciones de proyectos musicales de gestión independiente. Lo del espíritu comunitario quedó en la columna del debe, yo particularmente creo que es sumamente necesaria una mayor comunión entre los músicos, ya sea en la conformación de proyectos artísticos y/o gremiales, pero bueno, uno puede esperar que sucedan muchas cosas, pero la realidad de los hechos te devuelve un conjunto que puede darte algo de lo que esperás y otras cosas que no, del análisis de todo el hecho cultural (lo diseñado, lo desandado y los resultados) se verá que ajustar en el futuro para acercarnos un poco más a nuestros deseos. 

Adriana Tula en el ciclo de la peña El Cardón. Foto: El Vázquez. 

-Cómo ves el panorama actual de la gestión cultural en la provincia ¿Cuáles son las fortalezas y cuáles las debilidades?

-Los tiempos de crisis alientan el desarrollo de todas las prácticas culturales, desde esa perspectiva veo que el panorama es alentador, que es positivo de cara a un futuro cercano: muchos proyectos artísticos nuevos y de muy buena calidad, equipos de gestión y producción mejores armados, producciones desarrolladas a conciencia y con buena técnica proyectual y gente joven y capacitada en distintos campos formando parte de estos colectivos de trabajo. Eso es muy alentador. Mis temores corren por el lado de ciertos desconocimientos de procesos previos de gestión cultural en la provincia; quien no conoce su historia pasada reciente al menos, puede tal vez cometer los mismos errores, y algunos de los cuales son verdaderas espadas de damócles para las carreras artísticas y para las productoras o equipos de gestión. 

No tengo resuelto una especie FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) de la gestión cultural independiente actual de la provincia, es tarea delicada que incluye un mapeo que quizás alguien o algún equipo debiera realizar, y es una data muy necesaria también. Hay una falta de archivística y datación de nuestra historia de la gestión cultural, que me resulta muy preocupante. Respecto de gestión estatal, te diría que la cosa es más evidente y que, aunque veo muy buenas voluntades e ideas desarrollarse desde las prácticas gubernamentales, la falta de aporte en los presupuestos provinciales y municipales se nota y mucho. No se gestiona cultura (y menos desde el Estado) sin dinero, alentar esos modos de gestión es alentar a la pobreza intelectual de nuestra provincia. A veces, y si no fuera por esas voluntades específicas de algunos compañeros que resisten puertas adentro, pienso que es hasta un plan premeditado. Pero yo suelo ser un mal pensado también, igual que cuando analizo la calidad intelectual de nuestra dirigencia política actual. Digo, no encuentro modos de pensar bien.

-El arte y la cultura tucumana suelen ser reactivos a los tiempos de convulsión política y social ¿Cómo crees que está reaccionando al contexto actual? ¿Hay una contracultura activa en estos momentos?

-Como te decía antes, creo que hay una respuesta a los tiempos que vivimos, una respuesta desigual por cierto en relación a la rama del arte de la que hablemos y también desorganizada de momento. El golpe acusado ha sido de una rudeza monumental y aún estamos tratando de reaccionar en la lona aguantando el conteo del árbitro del combate. No creo que haya una suerte de proceso contracultural activo en la provincia, hay expresiones (pocas también) en ese sentido. Siendo optimista, creo que es cuestión de esperar, proponer, sumar voluntades, trabajar en conjunto y aunar consensos y ver qué pasa a partir de ahí; luego analizar y volver a hacer girar la rueda, medir nuestros esfuerzos organizados. Introducir nuevos paradigmas, como en las prácticas atravesadas por las metodologías ágiles (muy afines a otros ámbitos productivos) para comenzar a pensar de otros modos la producción del arte y la cultura en Tucumán. Quizás esos modos nuevos organicen la escena y la respuesta contracultural adecuada (o que esperamos o acordamos) para la época. También puede pasar que la argamasa encuentre otra forma, el caos también es respuesta. Tiempo al tiempo.

-¿Cuál es la importancia de la gestión cultural en este contexto político?

-Fundamental. Un artista solo no puede contra el mundo, como tampoco lo puede un proyecto colectivo donde todos sean los creadores del texto artístico y no contemple al gestor y a todos los actores técnicos para que los proyectos se desarrollen. Sin gestores no hay lugar para el crecimiento del arte y la cultura. Sin gestores no hay paraíso.

-¿Qué rol les cabe a los artistas y a los gestores tucumanos en la tan mentada batalla cultural?

-Primero que nada, hay que determinar si la batalla a las que nos convocan, hay que darla. Quizás la sombra proyectada del enemigo es mayor a la envergadura del enemigo en sí, con esto no quiero subestimar nada ni a nadie, pero, aunque el golpe que ha recibido la cosa pública en casi todos los ámbitos y aún más en el cultural ha sido fuerte, tal vez este tiempo inmediato y lacerado, nos sirva también más pensar y organizarnos, que para salir a cagarnos a piñas con el dueño de la pelota. Los artistas y los gestores ocupan un lugar más en el campo social, diría que importante si, pero hay que hacerse cargo de que un artista no es otra cosa que un intelectual con otro sayo, con otra piel, por tal, en la sumatoria con todos los otros actores del campo del pensamiento, ahí si el rol se vuelve potente, porque los artistas generan sentidos con su obra, con sus textos artísticos (sean estos de la forma que fueran) y los gestores son parte fundamental para que esos textos encuentren su lugar en la comunidad. Tal vez asumiendo esa idea, el rol se potencia. En cierta forma y con esto cierro para no aburrir, si el rol del artista tiende al mero entretenimiento o al de la lógica de los múltiples mercados del arte, su importancia comienza a volverse inútil. Pensar es la tarea y profundizar el sentido y la pertenencia de nuestras prácticas materia imprescindible.

El pianista Nima Sarkechik. Foto: El Vázquez.

La Ruth. Foto: El Vázquez