Nuestras vaginas están asfixiadas: el tantra semanal
¿Cómo volver a una vagina lubricada y abierta al placer? - por Carolina Guchea, terepauta sexual holística.
A los 36 años, madre soltera y con una hija de cuatro, el estrés emocional y “otras hierbas” me llevaron a descubrir algo tan impactante como real: una vagina seca, tensa y cerrada. Y una Carolina —yo— que respiraba corto, entrecortado y agitado.
La recuperación no vino de afuera, sino de adentro. Volver a la humedad viscosa y suave de mi vagina fue un trabajo profundo de reconexión cuerpo-mente. Mientras los consejos que encontraba hablaban de vibradores, citas y lubricantes —recursos que pueden ser útiles—, sentía que me faltaba algo más integral. Algo que abordara la sexualidad como lo que también es: un estado psicoemocional.
La sexualidad, como la respiración, responde a cómo pensamos y sentimos. Estamos realmente unidos por dentro. ¿Cómo? A través de un sistema de fascias y músculos que responden a estímulos eléctricos (sistema nervioso) y químicos (sistema hormonal). Me gusta pensarnos como un gran lienzo interno: si algo está fruncido abajo, probablemente hay una gran tensión tirando desde arriba.
En mi consultorio llegan muchas vaginas asfixiadas. Mujeres que creen que el problema está localizado allí. Pero esa zona sólo expresa una insatisfacción más profunda, traducida en tensión muscular, desajuste hormonal y miedo emocional. Si te observás con atención, notarás que tu respiración es corta, tu mandíbula tensa, tus expresiones rígidas… Y así, la sangre y el oxígeno no llegan con fluidez hasta “allí abajo”.
Relajar la mandíbula, soltar el aliento, expandir el pecho, mover el vientre y sonar la garganta es muchas veces suficiente para que ese tejido interno comience a aflojarse. Para que el pensamiento suelte y la vagina vuelva a recibir sangre, y con ella, la capacidad de respirar y sentir.
Hoy, a mis 47 años, disfruto de una bella y abundante lubricación que refleja una sexualidad saludable y plena. Y esto no es casualidad. Cada día respiro con atención, hago movimientos pélvicos, libero emociones con sonidos, observo mis pensamientos y medito enfocándome en el gozo y el amor. No como una idea impuesta, sino como una sensación real que aparece cuando dejo de interpretar y simplemente soy.
Recuperar las ganas y las posibilidades de una penetración fácil y placentera no tiene tanto que ver con hacer algo específico en la vagina, sino con liberar la cabeza y el corazón. La apertura vaginal es consecuencia, no causa.
Desde la mirada energética del tantra, la vagina —el yoni— es un polo receptivo que se abre cuando recibe energía emisiva, que nace del corazón. Estimular los pechos, hablarse con delicadeza, cultivar el amor propio y nutrir pensamientos elevados son formas efectivas de recuperar vitalidad sexual. Cuando no hay juicio, solo hay sensación.
Si sentís que tu vagina necesita volver a respirar, abrirse y llenarse de jugosas ganas de recibir la vida en todas sus formas, estoy acá. Mi trabajo es acompañarte en ese regreso a vos misma, para que tu cuerpo vuelva a ser un cuenco de pura agüita sagrada y fecunda. CONTACTO POR AQUÍ.








