La virgen testigo de una ciudad recorrió Monteros: un viaje al corazón de la historia y sus secretos
Presenció la fe, la devoción, los milagros, la política, y hasta un crimen violento. Volvió a recorrer las calles de su ciudad la milagrosa imagen de la Virgen del Rosario de Monteros. Entre pétalos de rosas, gritos de "¡guapa!" y mucha emoción, hoy te contamos algunos detalles que quizás no sabías de la imagen sagrada del sur tucumano.
Ella tiene un rostro blanco, con un poco de rubor en las mejillas. El cabello es negro, justamente como lo tienen las mujeres tucumanas de pura cepa. La ropa, como buena coqueta, brilla y entrelaza hilos y dibujos dorados, que juntos hacen dibujitos en su manto rosado y celeste. Es la virgen del Rosario de Monteros, y este domingo volvió a transitar las calles de su ciudad.
La imagen de la Virgen del Rosario de Monteros llegó desde Europa alrededor de 1573, traída por don Juan Espinoza de los Monteros, quien la colocó en una capilla familiar en su estancia. Con el tiempo fue adquiriendo una enorme devoción entre los pobladores de la zona, tanto españoles como indígenas, hasta que se construyó una pequeña capilla pública atendida por jesuitas, en un lugar que podría ser el barrio Villa Nueva de Monteros. Su presencia sirvió como punto de unión religiosa para esas comunidades rurales.
El milagro central se recuerda en 1719, cuando el 29 de mayo la imagen comenzó a sudar de forma copiosa por una mejilla, bañando su vestido y el cajón donde estaba, fenómeno que duró tres días. Esto provocó gran conmoción, testimonios formales y manifestaciones de fe, y reforzó su rol como protectora del pueblo. Con los años, la Virgen del Rosario fue declarada patrona del municipio (en 1874), se construyó un templo nuevo inaugurado en 1962, y se instituyó una celebración anual el primer domingo de octubre para honrarla mediante misa, procesión y festejos populares.
Desde ese momento hasta ahora, la imagen de María ha sido de trascendental importancia para la vida cultural, espiritual, y política de esta ciudad del sur tucumano. Este domingo, miles de personas se convocaron al frente del templo mayor de la ciudad, la Parroquia, para participar de la tradicional santa misa, y luego hacer la procesión por las calles céntricas de Monteros. Sin embargo, en medio de ese sentir devoto, muchos quizás desconocen algunos datos que tienen que ver con eventos y sucesos que han transcurrido desde la llegada de esta imagen hace casi 500 años.
Por supuesto que lo más documentado de todo, ha sido su milagro, por el cual la imagen ha cobrado tanta trascendencia y popularidad entre los profesantes de la fe católica. De hecho, hace poco más de un año, el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán hizo entrega del documento oficial de 1719 en donde se relata dicho suceso en que el manto y el cajón de la virgen se empararon en sudor y lágrimas. Se trata de una carta enviada por Don Urbano Medina Arze, en donde le informa del suceso al General, Don Franciscos Sánchez de La Madrid.
La imagen de dicha virgen puede dar la impresión de mantenerse firme, estática e impoluta desde siempre en un altar de la Parroquia. Pero, la realidad es que esta imagen ha vivido más de una mudanza. Su primera casa fue en una capilla dispuesta por don Juan Espinoza de los Monteros, para luego ser trasladada a una especie de rancho (en donde sucedió el milagro). Más luego, estuvo en el lugar que se emplaza actualmente el templo, para ser expuesta en casas particulares como la de una familia en barrio Villanueva durante los muchos años que demoró la construcción de la actual parroquia, inaugurada en 1962.
La festividad de la virgen, siempre se realizó el primer domingo de octubre. Actualmente estamos acostumbrados a la procesión, al desfile de agrupaciones gauchas, y luego a la tradicional kermés. Sin embargo, si nos situamos más de un siglo atrás, tenemos que pensar que la magnitud de las celebraciones solía durar varios días, con algunos componentes como el alcohol mediando entre los fieles, provocando tal nivel de disturbios que el municipio intentó prohibir dicha fiesta en más de una ocasión.
En una de las festividades a la virgen, la violencia se hizo presente frente a su viva imagen. Según relató la historiadora Gabriela Tío Vallejo, en 1850, durante una noche de octubre en que velaban a la imagen rezando y bebiendo en casa de un vecino llamado Juan Gregorio Amaya, un forastero que allí se hospedaba y que acababa de llegar a Monteros en busca de conchabo (trabajo en el campo), fue atacado por dos hermanos con fama de camorreros, los Cañas, quienes le cortaron la mano al hombre de un golpe de hacha al frente de la virgen. El mismo, falleció ocho días después del violento suceso.
En 1874, la Corporación declaró a la Virgen del Rosario de Monteros Patrona del Municipio, lo cual implicaba que el Municipio debía destinar fondos, mano de obra y recursos necesarios cada año para celebrar la fe en las fiestas patronales, como las que se vivieron esta tarde, ante la presencia de las autoridades municipales y provinciales, quienes caminaron junto a la imagen de la madre de Dios por las mismas calles que caminan y peregrinan los tucumanos hace –por lo menos- 300 años, es decir, desde que el milagro se hizo fuertemente conocido.
Y lejos de ser un hecho aislado de la fe, la verdad es que lo que significó aquel llanto de la virgen cambió la historia de la geografía y la genealogía monteriza, puesto que se estima que muchísimas personas habrían tomado la decisión de mudarse a la ciudad tras dicho suceso.
Lo cierto es que hoy, al igual que en el pasado, la madre de los monterizos volvió a caminar por sus calles, en donde los pétales de rosas cayeron como una lluvia colorada y rosada al pasar, desde balcones, terrazas y veredas. Los 250 gauchos impolutos volvieron a revolar sus pañuelos y a hacer las reverencias a la imagen desde sus caballos, como otrora lo hicieran los devotos jinetes del pasado. Un año más, la fiesta patronal ha trasladado a una comunidad entera a esa devoción del pasado, con el aliciente de que en este 2025, todos parecen anhelar y necesitar creer en algo más que nunca. Necesitan la fe más que nunca. Y en figuras como esta, es posible encontrar un poco, de alivio, tal cual expresara para eltucumano Adela: “Solo con verla muchos sentimos que estamos ante esa madre amorosa, que te ama y que te cuida”.








