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El Manifiesto Payase: una poética de la risa que deja huella en Tucumán

CULTURA

Durante la celebración “El Museo del Payase” en el MUNT, se presentó un manifiesto colectivo que reivindica la potencia artística, política y sensible del arte del clown. Una propuesta impulsada por la Plataforma Mujeres que Hacen Teatro, en el marco de sus diez años de trayectoria.

Foto grupal de Luis Collado.





El Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT) volvió a convertirse en un espacio de experimentación y memoria viva. El pasado 19 de octubre, payasas y payasos de distintas generaciones se reunieron en el marco de la celebración “El Museo del Payase”, una jornada que combinó talleres, retratos, improvisaciones, juegos y la lectura pública de un texto colectivo que marca un hito en la historia del arte clown tucumano: el Manifiesto Payase.

La actividad formó parte de la conmemoración por los 10 años de la Plataforma Mujeres que Hacen Teatro, coordinada por Verónica “Pirucha” Pérez Luna y Bernardo “Volantín” Mikicho Brunetti, quienes desde hace años impulsan acciones para dar visibilidad al arte del payaso y promover su reflexión académica, social y artística.




Un manifiesto escrito a muchas manos

El Manifiesto Payase surgió del taller de armado de manifiesto, coordinado por Martín Santillán (payaso Caracol) y María Elena González (payasa Blanda), como parte del programa de actividades que propuso el encuentro. Su escritura fue el resultado de un proceso compartido entre artistas que, desde el humor y la emoción, decidieron afirmar la vigencia de una práctica que trasciende el entretenimiento para convertirse en lenguaje, pensamiento y comunidad.


“Con Bernardo Mikicho Brunetti venimos trabajando hace tiempo con el objetivo de dar visibilidad al arte del payaso. Particularmente en mi caso, además, vengo trabajando en la investigación académica, introduciendo el tema del payaso o clown como una poética de actuación fundamental en la formación de actores y actrices”, explicó Verónica Pérez Luna.


Desde los primeros encuentros, la idea de construir un manifiesto común venía tomando forma. En abril, durante la primera edición, la payasa Pirucha había leído un manifiesto performático propio. En este tercer encuentro, la propuesta se expandió y logró convertirse en un documento coral, representativo de toda una generación de artistas.


Foto de Luis Collado



El arte clown como memoria y resistencia

El manifiesto no busca sólo celebrar la risa, sino también reconocerla como una herramienta de encuentro, de pensamiento y de resistencia. En sus líneas se cruzan las nociones de fragilidad, ternura y comunidad como formas de acción política y estética. La risa aparece así como un modo de decir y de estar en el mundo, una práctica que no pertenece al espectáculo sino al territorio compartido.

“La risa es un modo de cuidar la vida y de construir memoria”


El texto completo, disponible al final de la nota, reúne las voces de quienes participaron del taller y fue incorporado al archivo audiovisual, coordinado por Alina Wainziger, que registra las acciones y reflexiones de esta comunidad artística en Tucumán.




Una práctica que se fortalece en comunidad

El Museo del Payase fue también una ocasión para reforzar los lazos entre artistas, docentes, fotógrafos, estudiantes y público. La jornada, abierta a todo público y a la gorra, incluyó actividades simultáneas que celebraron la diversidad de enfoques dentro del arte clown: talleres de payaso circense a cargo de Daniel Palito, de dramaturgia con Sebastián Chazarreta, de títeres y clown para infancias coordinado por Indra Loto y Ramiro Salvador, de murga guiado por Paula Zurita, y el de manifiesto, que dio origen al texto central de la jornada.

Con esta iniciativa, la Plataforma Mujeres que Hacen Teatro reafirma su propósito de reunir a payasas y payasos tucumanos que vienen desarrollando territorialmente este antiguo arte con formas y perspectivas propias, muchas veces por fuera de los ámbitos académicos tradicionales.





Las imágenes que compartimos son gentileza de Pirucha Pérez


Manifiesto payase: Por una risa que abrace, resista y transforme


Venimos de lejos

Vinimos de lejos —de tierras ajenas, heridas, olvidadas—

a actuar en el teatro del centro,

a habitar la escena del mundo,

y aunque no somos quienes presentarías a tu madre,

nos presentamos solos,

con la dignidad de quien se sabe útil, aunque duela,

con la belleza torpe del que se levanta mil veces.

Nuestro amor no se guarda:

se escribe desde lejos,

se abraza desde lejos,

y si no lo bebes... que corra, que fluya, que sane.

Somos cuerpos que sienten

Tenemos la piel cansada y la carne helada.

Somos esos que huelen la miseria y aún eligen perfumarse con primavera.

Hay patos que nunca vieron un cisne,

pero igual nadan.

Hay payasos que disfrutan más el espectáculo que el público.

Somos esos.

Los de los pies ansiosos,

los de las agujas en los dientes,

los que saben que el cuerpo también ríe,

aunque duela.

Somos memoria

Les payases no somos fascistas.

Somos democráticxs.

Defendemos la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Nos reímos, sí, pero no olvidamos.

Porque una carcajada no borra el horror,

lo enfrenta.

Somos coherencia en un mundo incoherente.

Subcomandante Heladito lo dijo:

aunque intenten callarnos,

no podrán borrar nuestra alegría.

No dejaremos de reír.

Nunca.

Somos sobrevivientes

Vivimos en un mundo cruel.

Queremos amor. Queremos ternura. Queremos reírnos.

Y como un tropezón no es caída,

seguimos.

Seguimos intentando.

Porque el intento es payaso:

ridículo, hermoso, desbordado.

Sabemos que la risa también nace del dolor.

Sabemos de la risa del amor

—la auténtica—

la que se comparte entre quienes no tienen nada.

Ser payase es exponerse

No somos personajes.

No imitamos.

No fingimos.

Somos vulnerables y eso es nuestra fuerza.

El clown no entretiene:

resiste.

Es irrupción, desorden, quilombo, diversión, angustia, sensualidad,

coqueteo, ronroneo, ladrido.

Nos pintamos para decir la verdad con colores.

Nuestra torpeza es política.

Nuestra risa, barricada.

Nos llaman “los que hacen reír”

como si la risa fuera poca cosa.

Pero la risa es pan compartido.

Es patria diminuta.

Es grito de ternura.

Es espejo del pueblo.

Trabajamos con lo que el mundo desecha

El ridículo, la fragilidad, el fracaso.

Desde ahí hacemos arte.

Desde ahí sanamos.

Solo quien se permite ser ridículo puede llegar a lo humano.

Y en esa humanidad,

los niños nos reconocen.

Las infancias —esas semillas de fuego—

nos miran con los ojos que el tiempo nos quitó.

Florecemos donde otros no pueden

Bailamos, cantamos, saltamos

hasta que los frutos maduren.

Somos cactus en jardines ardientes.

A carcajadas limpias,

devolvemos el ánimo a los que nos ven.

Dibujamos sonrisas en este mundo cruel,

plantamos árboles en los cementerios del alma.

Somos arte, ternura y política

Nos maquilla la poesía. Nos tiembla el alma en las manos 

Contamos historias pequeñas, simples, 

tan hondas que caben en una risa.

Nos duele la injusticia porque aún creemos en la ternura.

Nos caemos mil veces para que alguien se levante.

El arte del payaso no tiene límites.

Ni el dolor, ni la edad, ni el sistema pueden frenarlo.

Porque donde el mundo huye,

el payaso se queda.

Y abraza.

Aunque arda.

Somos humanidad en estado puro

Somos grandes corazones latiendo en narices rojas.

A veces la nariz desaparece,

pero el espíritu payaso no.

Somos seres humanos sinceros, vulnerables, tiernos,

buscando transformar las relaciones humanas.

Somos el temblor de un pueblo cuando ya no puede llorar.

Nuestra fragilidad es puente.

Nuestra torpeza, llave.

Nuestra risa, revolución.

Todos nacemos con una nariz roja invisible. Algunos la pierden al crecer.

La verdadera grandeza se mide por la capacidad de hacer que los demás se sientan grandes.

No somos bufones del poder. Somos poetas del pueblo con zapatos grandes.

Por todo esto, firmamos:

Les Payases de Tucumán.

Que ríen y lloran, que caen y se levantan,

Y NO SE RINDEN

porque somos capaces de crear un mundo donde la realidad sea la del juego, la del encuentro, la del abrazo, la de mirarnos.