"¿Cómo le digo a mi mamá que tiene cáncer?": el camino de valentía de Segunda y el amor inquebrantable de Lucía
Lucía es la mayor de nueve hermanos y acompañó a su mamá, Segunda, en un duro camino marcado por el cáncer de mama, el temor a los tratamientos y la fuerza para salir adelante. Esta es su historia de lucha, fe y resiliencia.
Segunda, en la Maternidad de Tucumán. Foto gentiliza Lucia
“Ella es todo”, fue la primera frase que dijo Lucía en diálogo con eltucumano.com. La voz quebrada y las pausas para hablar dan cuenta de lo que sufrió al lado de su mamá durante todo el proceso. Es la mayor de nueve hermanos y tuvo ese instinto que tienen los primeros hijos: proteger y ponerse al hombro la enfermedad de Segunda.
Segunda no sabe leer ni escribir, pero entiende todo. A veces prefiere aguantarse el dolor para no sobrecargar a sus hijos de preocupaciones. Pero Lucía la conoce, la mira a los ojos y sabe que su mamá está sufriendo, y mucho. No podría sola sin la contención de sus hermanos y familia que la ayudan en todo, pero lo vivió en carne propia con Segunda, una mujer de campo que se negó a todo tratamiento médico hasta que su mastólogo le dio un ultimátum: “No te opero más si no te hacés la quimio”. Desde ese momento, Segunda supo que era la única opción que le quedaba: someterse, con miedo, a lo desconocido, a la palabra cáncer, lo que fue un gran desafío para Lucía. "Cómo le digo a mi mamá que tiene cáncer?”.
La historia de lucha y valentía de Segunda comienza así, según relata Lucía: “En el 2023, mi sobrina me llama y me dice: ‘Madrina, la voy a llevar a la abuela al CAPS porque dice que se siente un bultito en la mama izquierda’. En ese momento se hizo todos los estudios y el ecógrafo le dijo que estaba todo bien. Al otro día la llamo y le pregunto cómo le había ido, y me dice: ‘Todo bien, me dijeron que no tengo nada’. Como yo trabajo con médicos, le comenté a una ginecóloga y me pidió que la lleve. La revisó y me dijo que había que hacer urgente una ecografía y una mamografía. Cuando la ecógrafa comienza a hacer el estudio, me mira y me hace señas de que algo no estaba bien. Me dice: ‘Tu mamá tiene Bi-RADS 5’ (significa que hay alta probabilidad de cáncer de mama)”.
En ese momento comenzó para Lucía una lucha que nunca sintió como tal. Supo desde el primer momento que su mamá iba a salir adelante. ¿Y cómo no hacerlo? Segunda tuvo nueve hijos, todos en parto natural, y Lucía no tiene recuerdos de verla quejarse por algo. Ahora el gran desafío era convencer a una mujer de 72 años de someterse a las tan temidas quimioterapias.
“Fue en 2023 cuando la descubrieron. La operamos en junio: le sacaron el tumor, pero no la mama. El tumor Bi-RADS 5 ya era bastante grande. El médico nos dijo que había que hacer quimio. Cuando a mi mamá le dijeron la palabra quimio, se derrumbó”.
En primera instancia, Segunda se negó por completo al tratamiento, hasta que pasó algo inesperado —o esperado por los médicos—: el cáncer volvió. “En febrero vuelve a entrar a quirófano. Cuando ya salimos de la sala de cirugía, el mastólogo le dice: ‘Mirá, yo no te opero más. Si vos no te hacés la quimio, no sé qué va a pasar’. Entonces ahí empezamos otra vez. ‘Mamá, mirá, la vida te ha dado otra posibilidad’. Y después ella sola preguntaba cómo era la quimio, en qué consistía. Pero mamá le dije: ‘Paso a paso, vamos a ir’”.
A Segunda le pasó lo más temido: con la quimio se le cayó el pelo, las cejas, bajó de peso y se debilitó. No le gustaba la idea de usar turbantes, pañuelos ni pelucas. Ella quería su pelo, quería volver a su vida de antes del cáncer, y para eso no le quedó otra que pelearla todos los días junto a sus hijos y los doctores de la Maternidad de Tucumán: “Agradecida con los médicos de la Maternidad, porque su oncólogo lo llamaba día domingo, le mandaba mensajito y al toque me contestaba. Eso también es otra gran bendición”.
El cansancio mental y físico nunca fueron un problema para Lucía: “Fue el 7 de noviembre que fue su último día de quimio. Al otro día me cayó la ficha de que mi mamá había tenido cáncer y lo había superado. No lo podía creer. Yo soy la que andaba en todo. Mis hermanas trabajan, y bueno, yo tengo más posibilidad de pedir permiso, ir, andar, buscar, hablar con gente. No me ha costado mucho, pero después del 7 de noviembre ahí como que me cayó todo”.
Segunda no solo tocó la campanita y superó el cáncer: también superó sus miedos, tristezas y pensamientos negativos, porque nunca estuvo sola. Estuvo contenida en cada momento de la enfermedad. Se fue aplaudida por todo el piso 6 de la Maternidad de Tucumán por todas las enfermeras, pacientes y amigas que se hizo en el camino.

“Mi mamá fue fuerte, fue valiente”, finaliza Lucía emocionada.
Segunda no sabe leer ni escribir, pero me encantaría que Lucia le lea esta nota, para que sepa que es un ejemplo de lucha y valentía, y una inspiración para muchas personas que están pasando por la enfermedad del cáncer.








