"No da lo mismo que una persona con discapacidad se interprete a sí misma a que lo haga otro"
Con ternura, humor y dejando al desnudo diversos conflictos humanos, Sebastián Castellano y Daniella Castellano exponen cómo es convivir con la discapacidad en el seno de una familia en el conmovedor biodrama La Yeta: “El público valora mucho no irse pasivo, sino interpelado”. Por Leopoldo Silva.
Sebastián Castellano y una obra que expone su vida.
Sebastián Castellano es un activo militante por los derechos de las personas con discapacidad, periodista y comunicador que ahora se sube al escenario en la obra “La Yeta” que se repone este sábado 6 de diciembre a las 20 en La Sodería (Juan Posse 1.141). En exclusiva para el tucumano y a horas de la última función del año, nos cuenta el detrás de escena y cómo fue llevar su historia y la de su familia al teatro.
-¿Qué historia se cuenta en esta obra de teatro?
-Contamos nuestras vivencias familiares que están atravesadas por mi discapacidad, pero no quedan segregadas a eso. Sino que nos mostramos con nuestras múltiples identidades y roles familiares en momentos donde hay conflictos, humor, ternura y amor.
-Para alguien que viene del periodismo, de la comunicación ¿cómo fue el paso al escenario? ¿con qué desafíos te encontraste?
-Lo que más me cuesta es acomodar mi cuerpo porque me canso bastante. Hablar para mí es toda una técnica específica porque uso respirador y es bien complejo hablar fuerte, modular bien y que suene natural. Pero creo que la comunicación y el teatro tienen mucho en común, ni hablar del periodismo narrativo con el género del biodrama.
-¿Por qué La Yeta? ¿Y por qué un biodrama? ¿Qué es lo particular de este género?
-La Yeta se le ocurrió a Daniella Castellano, mi hermana, directora y actriz, como jugando con el estereotipo de que la discapacidad es mala suerte y también mostrando los contratiempos de las vivencias de una familia que convive con la discapacidad. Lo particular de este género es que quienes lo interpretan no necesariamente son actores profesionales, sino que también puede serlo personas de la vida cotidiana que tienen algo para mostrar y decir. No da lo mismo que una persona con discapacidad se interprete a sí misma que lo haga otro actor sin discapacidad haciendo de disca.
-¿Cómo fue cuando surgió el proyecto de llevar al escenario esta historia?
-Mi hermana nos propuso a mi mamá y a mí, ya que forma parte de la materia de Dirección del quinto año de la Licenciatura de Teatro de la UNT. Hacía rato los tres queríamos actuar juntos y cuando Dani nos convocó, no dudamos. Con mi mamá, Adriana Estela Miori, habíamos actuado en talleres de teatro previos a la pandemia, pero nunca los tres, así que nos vino bien la oportunidad.
-¿Hubo cosas que te incomodaron contar?
-Contar y mostrar. La primera escena es muy movilizante para mí porque es recontra íntima y se pone en juego la mirada hacia mí del público que no está familiarizado con las personas con discapacidad. Es bastante descarnada y sumamente honesta, como yo.
-¿Cómo fue la recepción del publico después de las primeras funciones?
-Excelente, tuvimos muy buenas críticas argumentadas. El público valora mucho no irse pasivo, sino interpelado y siendo parte de un acontecimiento histórico en nuestra familia que es difícil de asimilar, pero si se animan a dejarse afectar por el otro, no salen igual. Quienes la vieron saben a lo que me refiero y los que no, no pierdan la oportunidad de ser parte de esta locura donde se desdibujan los límites entre la ficción y la realidad.









