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"Tuve que parar, tuve que reinventarme": ahora que las aguas van más calmas, recuerda, vive y canta Pablo Pacífico

HISTORIAS DE ACÁ

El excepcional cantautor y músico tucumano brindó una entrevista para atesorar toda la vida en latucumana de mañana. Quiebre y chapuzón de un hombre tan inabarcable como su música. VIDEO

Pablo Pacífico por María Meternicht.





Por su pinta poeta de gorrión con gomina, Pablo Pacífico infla el pecho, toma aire y se zambulle hasta las profundidades de su ser para brindar una entrevista maravillosa con Gabriel Sanzano y Alfredo Aráoz en latucumana de mañana.

Luego de una etapa fría como el viento y peligrosa como el mar, aquí viene este cantautor excepcional tucumano con ganas de bracearle a la vida y de agradecer por su presencia en La Gran Fiesta Pop que se realizará este sábado en Oskar junto a Leo García y Cata Spinetta: “Sí, siento ganas de dar las gracias a quienes han pensado en mí para este show, sobre todo entre tantos artistas emergentes y yo aquí: remándola hace 30 años”.

La noche de este sábado es la excusa para hablar de la mañana del domingo, de las mañanas que desde hace un tiempo habita Pablo. Náufrago y buceador del Atlántico, ahora Pacífico se permite los chapuzones del alba, abrirles las jaulas a los pájaros de Goyeneche y componer canciones mientras toda la ciudad duerme (o sigue sin dormir).

“Esas motos que van a mil”, canta Charly García y es una canción que Pablo conoce de memoria y, cual Funes, se permite recitarla y alterarla: “A la moto le bajé mil cambios: de 100 la pasé a 20. Hace poco escuché una frase que me encantó: ‘Al lugar al que uno quiere llegar se va despacio’. A esa frase nunca la hubiera entendido hace un año. Venía con un ritmo que creía normal y que en realidad era super rápido. Ahora dejo que las cosas me atraviesen”.

A veces en el podio y otras sin rumbo, una maratón en pandemia le hizo un click a nuestro protagonista estelar: “En 40 días hice 40 canciones. A la mayoría las compuse, las subía y las posteaba en el mismo día. Fue una maratón muy linda para el intelecto y una nueva manera de dar y recibir. He compuesto muchas canciones los domingos a las 6 de la mañana cuando hay silencio, cuando no pasan los autos, cuando cantan los pajaritos. Esa es la mejor hora para mí”.

Cuando Pablo Pacífico dice “Para Mí”, en el acto dan ganas de ser un Titán como Martín, de gambetear los palos borrachos de Ciudadela y gritar un gol sobre la hora en la Bolívar y el Arco de los Milagros. Pero todavía no: ya vamos a llegar a esa canción, a una de las más hermosas que se han creado en esta tierra. Primero vamos a hacer como dice Pablo: “La paro de pecho y miro”.

Y lo que ha mirado, lo que ha visto, lo que ha vivido y lo que ha sufrido en los últimos tiempos no ha sido fácil: “Durante la pandemia fue shockeante tanta muerte, ¿no? Pero ahora soy consciente de que se está muriendo mucha gente joven que no estaba en los planes. Últimamente he sido muy consciente de eso”.

Como canta Boutique, un día Pablo despertó con los brazos cansados: “2025 fue un año de quiebre y me he caído de lugares donde no imaginaba. Ese golpe que me he dado en el suelo me hizo abrir los ojos. Terminé un disco que necesitaba terminarlo, sacármelo de encima, un disco que me incomodaba. Y en septiembre del año pasado me fui al fondo de la tabla, a la Liga. Cuando fue la separación de mi pareja, me caí, me di cuenta de un montón de cosas, de por qué había llegado a ese punto. Cuando querés tratar de salvarte, te ves en offside, te ves por la banquina. Todo eso repercutió en mi físico, en mi trabajo, y terminé con una neumonía que casi me mata. Cuando estaba en cama, miré el techo y pensé: ‘Aquí la quedo o me levanto y salgo’. Tuve que parar. Tuve que reinventarme. Si no paramos, si no limpiamos la casa, si no sacamos lo que está debajo de la alfombra y sacamos la basura que veníamos escondiendo tenés pocas chances de disfrutar. Lo hice. Y salí”.

Estudiante de Medicina, Pablo cuenta al aire una charla reciente que tuvo con su amigo el Colorado Rivadeneira mientras se clavaba una milanesa en Pepe, el original, el de otro amigazo como el Mocho Díaz. Entre amigos y bocados, Pacífico revela parte de esa conversación: “Hablábamos de capitalizar lo hecho. Yo antes decía que al único médico al que iba a ir era el forense. Ahora no: ahora voy al cardiólogo y a todos los ólogos que te imagines. Me tenté con la milanesa en Pepe, la disfruté, pero me desperté a las 2 de la mañana: la tenía atravesada como una camiseta de River. Ahora sé lo que es comer temprano, la importancia de las horas de sueño, de tomar agua. Pesaba 120 kilos, me saqué una persona de encima, pero lo más importante es el tesoro de capitalizar: antes me clavaba dos milanesas pero no podía subir las escaleras. Estoy vivo para darme cuenta de que no estaba bien”. 

Si Gabriel Sanzano, conductor de latucumana de mañana, le pregunta a Pablo quién le quita lo bailado, de qué puede arrepentirse, Pacífico responde: “Yo cambiaría algunas cositas: algunas haría menos, otras más. Por ejemplo tendría más sexo, lo disfrutaría más. Y dejaría más testimonios a los chicos: les diría que trataran de dejar testimonio de su obra. Eso me parece muy importante de decir”.

Y también es importante escuchar lo que va a decir a continuación: “Siempre hace falta que la melancolía te saque a patadas de la casa o de los lugares oscuros. La melancolía es aferrarse al momento bueno (por eso nace) y es importante que te tire una soga para poder salir porque se puede salir de todos los momentos oscuros. Se puede salir gracias a todos los que rodean, a todos los que están a la vuelta, a los afectos y a los médicos, pero sobre todo se puede gracias a la autoestima: volver a construirla, volver a quererte un poco”.

Como canta en Las Cosas Que Quiero (y no tengo), Pablo Pacífico va mutando y este hombre que le canta al pelo de Tita Merello y nada hasta el fondo del mar para sacarle el tapón es todos los peces, el pez. Gordo o flaco, con blues y rocanrol o con cancionero pop, qué importan ya los géneros si la Patria Grande es tal gracias al blues, al rocanrol y al pop, y también gracias a la cumbia, al tango y al folklore. 

“Ya no hay géneros: todo forma parte de la Música Popular Argentina”, corona Pablo Pacífico en esta charla que también es del Pueblo como los domingos a la cancha para ver a San Martín, como un fogón, como las esquinas de la cuadra que no han cambiado, esas que están llenas de fantasmas (eso sí), pero como al barrio al que siempre vuelve con una pileta llena en el Piedrabuena para darse un chapuzón, para disfrutar de la vida y para que, ahora que las aguas van más calmas recuerde y sueñe y viva, Pablo lindo, amado por nosotros. Por nosotros.