"Como dice la Biblia, como me lo dice Dios": Adán, el tucumano que se casó con Eva y hoy revela sus visiones
Creer o reventar, la vida de Segundo Adán Juárez es un pasaje bíblico constante. Junto a su compañera tuvo dos hijos: "El mayor se llama Abel y al segundo le quise poner Caín". ¿Quién es?
Adán.
Segundo Adán Juárez, hijo de Adán el primero, concebido en Taruca Pampa, nacido en la Maternidad y criado en Villa 9 de Julio, es este Adán que toma asiento sobre las sillas de mimbre realizadas por un carpintero cuyo nombre no revelaremos, aquí en la redacción de eltucumano.
Bebe un sorbo de soda Romano el hombre y se seca el sudor de la frente con un trozo de papel higiénico. Su rostro, al igual que sus antebrazos, están tajeados por el sol de Burruyacu y su piel cruje como un papiro. Su cuerpo de carne y hueso lo acompaña hace 73 años por rutas y caminos desde que era niño.
“Dejamos Taruca Pampa en un camión. Llegamos a la Capital solo con nuestras chapas y los tirantes. Mi madre construyó las paredes con bolsas de harina. No pude estudiar y trabajé con el tomate y la acelga bajo el sol de Tucumán desde que tengo uso de memoria. Conozco toda la provincia”, relata Adán mientras bebe otro sorbo.
Desorientao y sin saber qué trole hay que tomar, Adán volvió una mañana del Abasto por donde pasaba el 4 y tuvo su primera visión: ser árbitro de futbol tucumano. “Me vi, me imaginé así, vestido de negro, listo para dirigir. No sabía el reglamento, pero sí de fútbol. Los viernes iba a buscar la designación del partido y me pagaban. Yo ya tenía casa de material en la Blas Parera y los changos del barrio me conocían. Un día querían que los dirigiera y les cobrara tres penales a favor. Me negué”.
Aquellas mañanas y tardes de arbitraje guardan dos recuerdos para la vida de Adán: uno amargo y otro dulce. “Cuando empecé a dirigir, un solo espectador se me fue cuando me vio entrar a la cancha: mi padre. Me vio vestido todo de negro y en el mismo verde césped me dijo: ‘¿Que no te importa que la insulten a tu madre?’. Yo le respondí: ‘Papá, a mí me encanta dirigir y nadie me va a sacar del arbitraje’”.
El otro recuerdo es más dulce y tiene que ver con la otra protagonista de la historia de Adán: Eva. “La conocí un domingo después de dirigir en Trancas. A mí me llamaban Adán, pero me decían Tordo. Todo el mundo me conoce como Tordo porque un día llegué todo vestido de azul, como el tordo, como el pájaro. Entonces ese día en Trancas un amigo me dice: ‘Tordo, tengo dos minas para presentarte. Una para vos, otra para mí. Nos esperan en El Colmenar’. Yo ya estaba separado y fuimos en mi camioneta a conocerlas”. Cuando se encontraron por primera vez, los tórtolos sonrieron en la presentación:
-Hola, soy Adán.
-Hola, soy Eva.
Cuando en la cocina de eltucumano, sentado sobre una silla de mimbre, Adán Segundo Juárez recuerda la primera vez que vio a Eva, jura: “No me gustó”.
“Más allá de los nombres, sinceramente no me gustaba ni yo le gustaba a ella. Pero si estábamos en el baile, bailemos. ¿Qué le íbamos a hacer? Y bailamos. Y quedamos en vernos al día siguiente: el lunes. Cuando nos dimos cuenta, estábamos metidos hasta las manos”, le brillan los ojos a Adán, quien reconoce: “Si me preguntás qué significa llamarme Adán, te digo la verdad: siento que mi padre me llamó así para casarme con Eva”.
Pero esta historia no queda en el Registro Civil y la boda celebrada hace cinco años: Adán y Eva tuvieron dos hijos y, creer o reventar, miren lo que pasó: “Al primero le pusimos Abel. Y al menor le quise poner Caín. Pero Eva no me dejó: ‘En la Biblia, lo ha muerto al hermano’, me dijo. Yo le respondí: ‘¿Y qué tiene que ver? Eso es cosa del pasado. Pero no. No me dejó. Le pusimos Pablo”.
Con Pablo, justamente, siguieron las visiones de Adán: “Yo sabía que Eva estaba embarazada de Abel antes que ella y también lo supe cuando estaba embarazada de Pablo. Habíamos ido a comer. Pedimos una pizza y una cerveza. Llegó el mozo y comenzó con las náuseas”.
“Visiones, premoniciones, pálpitos, llámenle como quieran llamarle. No es por faltar el respeto a nadie lo que digo ni lo que te cuento. Yo siempre supe qué iba a pasar: desde los 7 u 8 años, más o menos. Estaba con mis primos y le dije a mi mamá: ‘Catalina va a tener mellizos’. Mi mamá me dijo: ‘Ay, hijo, cállate, ¿qué sabés vos?’. Adiviná qué tuvo”, infla el pecho Adán.
“Además la Biblia me da la razón: yo soy mayor que Eva. En la Biblia dice que Eva fue creada mucho después. Yo tengo 73 años y Eva tiene 54. Tengo muchos pasajes bíblicos vividos en persona. La Biblia dice que tras la caída y la expulsión, Adán y Eva se convirtieron en mortales, debiendo trabajar la tierra y vivir en el mundo. Y yo trabajé la tierra y construí un convento. También me pasó con animales: una noche yo sabía que lloraba un perro de unos vecinos, me desperté, lo fui a buscar, le hice la señal de la cruz y lo curé. Yo siempre le pedí a Dios que me diera un don para hacer el bien. Y me dicen que yo lo tengo”.
“Yo un día le consulté al padre de la iglesia: ‘Padre, a mí me pasa esto de las visiones’. Y el padre me tranquilizó: ‘Esas son señales, Adán. Quienes reciben esas señales son personas que reciben la palabra de Dios’. Cuando me dijo eso, me calmé. Yo varias veces soñé que me ataca el diablo: se me representa el perro, todo. ¿Y yo qué hago? Lo encaro en los sueños. ¿Cómo lo encaro? Rezando en dormido”, recuerda Adán.
“Una noche estaba durmiendo con Eva y se me representa el Diablo. ¿Qué hago yo? Empecé a rezar y hacer fuerza porque quería poner la cruz ¡y pum! Claro, le pegué un codazo a Eva sin querer. Yo presiento muchas cosas. O cuando me voy caminando desde El Colmenar, solo por las calles, a horas tardías. Eva me dice que no salga, que tenga cuidado, que me pueden robar. Siempre le digo lo mismo: ‘A mí nadie me va a tocar porque creo en Dios y voy rezándole. Por eso no tengo miedo. La fe mueve montañas. Y me mueve a mí. A mí y a Eva”.

Adán.

Eva.

Adán y Eva.








