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"Me gustaría vivir en la música": la historia de Luciana Tagliapietra resumida en un solo deseo

ENTREVISTA

El despertar en la noche tucumana. Sus primeros años y su amor por la literatura. La obra musical como prioridad. La presión de ser productivo. Una entrevista íntima y extensa a la compositora tucumana más importante de la escena musical. 28 de Marzo show en vivo en el Teatro Mercedes Sosa. Cómo conseguir las entradas. | Entrevista por Jerónimo Cipriani

Fotografía por Jimena Montenegro





Quizás tenga que ver con la época. El mensaje que Luciana Tagliapietra soltó al aire cuando cantó “Vigila en tu alma”, tiene un peso especial. Como si se tratara de una acción nueva que no había existido hasta ahora, esta frase brilla por su propia incógnita y, al mismo tiempo, reverbera directamente en el imperativo de Sean Felices”. Frase sencilla y profunda que dio título a su sexto álbum -hasta ahora-, su última publicación desde que de arrancó en 2009 con Los Domingos: síntesis de un comienzo inesperado que nació de composiciones que años antes no tenían la intención de convertirse en un disco. Canciones que se fueron armando cuando Luciana tocaba la guitarra por puro placer, mientras las puertas a la música se iban abriendo de a poco. 

Luciana se enamoró primero de las palabras y desde ahí comenzó su recorrido como artista. Sus letras dan fe. En algún momento, el mundo literario, escribir, fue el centro de sus ambiciones y no estaba en sus planes de adolescente convertirse en compositora y llevar adelante -con su propio nombre- un proyecto musical que se acerca a los veinte años. En este largo tiempo recorrido juntó un pesado bolso de canciones suficientes para destacar el valor de la obra como un todo. Con la dificultad que supone el oficio musical en Tucumán, más la presión absurda de un mundo acelerando hacia quién sabe donde, sin romantizar: cuando las cosas avanzan lentamente y la idea de poder algún día vivir del arte parece diluirse, es un logro obstinado permanecer en la música sin claudicar.

Un artista no puede dejar de serlo. La vida operativa y extramusical que ocurre alrededor de Luciana madre y trabajadora requiere de esfuerzo para desdoblarse en diferentes roles para poder cumplir sin descuidar sus canciones y conectar con ella misma. Hay un aspecto espiritual que la música históricamente brindó a quienes se entregan a ella, que de a poco parece licuarse entre formas calculadas y utilitarias de creación. Las canciones de Luciana no salen de la nada y tampoco pueden forzarse a salir. Frente a las diez mil formas que los creadores de contenido ofrecen para convertirse en artista y ser exitosos a partir de recetas, Luciana me confiesa desde la intimidad de su casa: "Me gustaría vivir en la música".

- ¿Cuándo fue el momento en que te das cuenta de que ibas a hacer música? Tu vieja es cantante y tu viejo toca el bajo ¿no? 

- Mi viejo toca el bajo, sí. 

- ¿También en el mundo del folclore como tu mamá? 

- Ha sido músico de Jacinto Piedra, de Peteco Carabajal, en Santiago de Estero. Después acá ha tocado mucho jazz también. Después mi viejo tenía Dick Tracy, que fue como el primer antro. Donde debutó la 448 y tocaba Karma Sudaka. Ponele Euskadi también tocaba ahí, me acuerdo de la Coqui. Debe haber sido año '93 o '94, yo tenía 10 años ponele. Era hermoso el bar, porque era todo bien 80’s, con las mesitas bajitas, almohadoncitos y todo alrededor con unos livincitos. Mi viejo había dibujado todas las caricaturas del comic de Dick Tracy, el detective de sombrero y sobretodo amarillo. Cuando debutó la 448, la gente estaba colgada de las vigas. Mi viejo creo que estaba con un enchufe diciendo que en cualquier momento saltaba todo, era tremendo. Me encantaba porque veía los flyers. Eran esos volantes de fotoduplicación y uno, por ejemplo, se llamaba “La noche de la puta madre”. Yo decía —Wow, ¿qué es esto? Me parece que mi viejo es, o en algún punto, músico de oficio. Y mi mamá, cantante. Mi mamá es toda la parte escénica. Ella tenía otro bar en la Salta y San Martín que era un café concert, se llamaba 1900. Había siempre una bailarina, un humorista, un mimo o cosas así, como varieté. Así que creo que por esas dos influencias, madre y padre, tenía algo. Yo ya estaba viendo la noche musical. 

- ¿Ya cantabas de alguna manera en ese momento? 

- Sí, en el Coro Municipal de Niños. Tenía diez. Me recopaba ir. Además, tenía como una bandita con mi primo y cinco chicos más que se llamaba "La Primaria". Con esa laburamos, cantábamos en el shopping o por el Día del Niño nos invitaba Canal 10. Yo cantaba "Bajo la luz de la luna" de Twiggy. Cada uno tenía su canción. Mi primo Nico Tula tocaba también. Es músico muy capo, hijo de un tío que también tenía una café concert. Desde los 5 años toca varios instrumentos, teníamos diez y él hacía los arreglos del coro. Teníamos todo habilitado para ensayar.

- ¿Mucha música cuando se reunían las familias? ¿Era común la situación en la que había una guitarra? 

-Sí. Muy normal. El lado de mi mamá es muy musical. Del lado de mi papá eran muy serios, muy formales. Pero en mi viejo, yo siempre vi que tenía algo, que creo que es lo que a mí me despertaba otra cosa. Porque por más que él era y es bajista, como que tenía algo más mental. Como algo de una búsqueda más artística. A ver, él dibujaba, escribía poesía, entonces yo siempre buscaba y leía eso porque las tenía guardadas. Iba a investigar. Aparte, él me decía que había libros que no podía leer. Yo no me daba cuenta en ese momento por qué. Pero bueno, esas cosas me hacían que me intrigue más a mí ese mundo literario. 

- ¿Por él pillaste un poco más el tema de la palabra?

 - Eso te quiero decir, él siempre hablaba de esto trascendental del arte. Y yo creo que mi mamá es más emocional. De mi mamá he visto siempre la escena. La veía con el micrófono y pensaba: “Wow esta mujer”. Era impresionante eso. No me imaginaba siendo cantante, siempre me he imaginado siendo escritora o incluso pensadora tipo filósofa, de hecho arranqué a estudiar filosofía. Después dejé y me metí en Artes. No me acuerdo de imaginarme tanto en un escenario, me imaginaba más en otro lugar.

- Recodás un momento donde crees que algo cambió y de pronto estabas adentro en la música?

- Algún momento anterior a Los Domingos. Fue algo raro, porque yo más o menos en 2002 hago un primer libro de poesía. Mi primer libro. Voy y hago toda la gestión. Yo lo quería publicar, entonces voy y pregunto en un lugar que imprimía cuánto salía, Eran 250 pesos. Voy, totalmente autogestiva, le pido a mi tía la plata, pago la imprenta y retiro los libros. Hice 500 ejemplares.

- ¿Hablaste con alguien para que te edite?

 - Yo me iba metiendo en los lugares. Entraba a un bar a escribir, me gustaba. También me iba a la plaza con la guitarra y me ponía a tocar, como que ya era toda una cosa medio perfo de changuita. Por ejemplo, justo pasaba por un lugar y me entero de que había un encuentro de poetas. Ya había pasado la inscripción, ya había pasado todo, pero yo iba, pechaba y le preguntaba al tipo que dirigía el evento si podía leer y terminaba recitando para el cierre de todo el encuentro. Me pasaban cosas así, pero porque me metía en lo que sea. Después me entero de que funcionaba el Departamento de Literatura de la Secretaría de Cultura. Ahí estaba Sebastián Nofal y también fui a encararlo porque sabía que él era poeta.

- ¿Vos te acercabas para pedir una mano?

 - No, no, yo iba con la idea de "quiero leer". Lo resalto porque mi actitud era algo así como: "Vengo a leer esto". Mi actitud a esa edad era impresionante. Ay, ¿cómo no vuelvo a ser así?, digo hoy. Muy lanzada. Después me meto en la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Ahí la conozco a Lourdes Faral, una amiga con quien armé un grupo de jóvenes poetas, íbamos a quinto año o algo así.

- ¿Cómo fue la presentación de ese libro? 

- La presentación del libro la hago pensando cómo si ya fuera cantante. Porque la hago con una entrada, con músicos, saxo, teclado, con todo. En la sala Haynes O’Connor. Sala llena, no sé cómo hice. Yo iba con un vestido azul de raso, vincha, todo. Tenía una producción tremenda, no sé cómo hice. Iba entrando y decía unas cosas, empezaba con una poesía susurrando y había música atrás. Estaba Luis de la Barcena en el piano, estaba el “Vampiro" (Eduardo Vardiero) en el saxofón. Ellos tocaban “Blue in green” y yo me sentaba y leía. A Sebastián Nofal, que supuestamente era el presentador, le habíamos puesto mucho delay, entonces se escuchaba una cosa extraña y nunca se entendió lo que decía. Después dejo esa parte. 

-¿Pero no dejas de escribir? 

- No dejo de escribir, pero ya tocaba la guitarra, entonces tenía canciones y poesía.

- ¿Estaba en tus planes transformar esas canciones en un proyecto? 

- No, yo lo hacía por puro disfrute de hacerlo, o sea, no pensaba en un proyecto ni nada. En un momento le muestro una canción a un novio que tenía y me dice que lo grabemos y así. Grabo, pero igual eso no pensaba que lo quería publicar. Es como que iba quedando.

-¿Era voz y guitarra criolla? 

- Claro. Me armaba ahí los temas. Después fui grabando otros temas y así. De hecho la previa de Los Domingos es también medio lo mismo. Tenía las canciones que se iban sumando y viene alguien productor y me dice: "te armo estas bases". Tipo Blancanieves mi historia. En ese momento la Ago (Tagliapietra) tenía catorce años y el “Vampiro” le prestaba la Gretsch, le enseñaba a tocar y nos había hecho unas bases. Yo cantaba y la Ago hacía los arpegios. Así empezamos a tocar. Después viene la época con Monoambiente. Los Domingos salió en 2009, pero esas canciones son como del 2004. Son canciones que tienen mucho tiempo. Primero se compusieron, después tienen esa producción del Vampiro y en el medio mucho tiempo hasta que yo decido seguir para arrancar de nuevo y publicar. Hubo par de paradas en el medio hasta que salieron. Era un momento medio conflictivo mío porque estaba pasando cuestiones personales muy fuertes. Entonces, a veces paraba varios meses y después volvía. Y recién cuando hice esa movida de lograr el disco, ahí dije: "Ah, bueno, ahora sí no paro nunca más". Después ya presentando Los Domingos hice las canciones de Diagrama de Ben, entré en esa y no paré. 

- El crecimiento con Diagrama de Ben y después el gran salto con La Luna. ¿Cómo surge el proyecto de ir a grabar a Melopea?

- Leopoldo Deza laburaba en el sello y él es como que me propone que hagamos la grabación ahí. 

-¿En esa propuesta también estaba la intención de grabar con Lito Nebia? 

- Claro, ya estaba desde el principio esa idea. Cuando estábamos por hacer La Luna, yo tenía la posibilidad de que me banquen el disco y nunca me había pasado eso de saber que podía proyectarlo mucho mejor y salir de estar grabando en la casa de alguien. Tenía la posibilidad de hacerlo y buscar algún productor más de la industria, que me sirva para dar otro salto. Son como pasos que doy sin saber muy bien a dónde los doy o cómo los doy. En La Luna decido hacerlo con la banda, nosotros ya veníamos laburando arreglos y todo en ese momento. Estaba el Mocho (Federico Orio), José Villafañe, Mariano (Sansierra) y la Ago. Nos vamos seis semanas a Buenos Aires. Cuando hice La Luna, me quedé con una pesada luna, porque después la tenía que mover. Después cómo iba a cantar todo eso. O sea, sale por Melopea, pero Melopea nos dio una fecha y nada más. Está bien porque es un sello que tiene ese criterio y se maneja de esa manera. Es un sello que está por fuera de esta industria que es mucho más comercial. Entonces, yo no había pensado en el tema de, por ejemplo, la economía de recursos, por decirlo de alguna manera. A La Luna la hago con todo. Le meto viento, cuerdas, millón de coros, una banda gigante, marimba, un montón de cosas. Si gastás toda la energía en el inicio después te quedás ahí, ya no podés continuar porque te agotás. Después no podía, no tenía nadie que me mueva las fechas. Era muy difícil. Uno como independiente no puede seguir, salvo que la pensés bien de entrada. Todavía me sigue pasando. 

- De todos modos fue un disco que parece haber llevado tu proyecto musical a otro nivel.

- Yo sentí también que subió de categoría todo, porque ahí entendí mejor lo que pasa. Nunca había ido a un estudio profesional. Incluso así como el asunto de las horas de grabación, porque también yo venía de hacer todo con homestudio, sin un horario, que tiene su encanto espectacular; tampoco voy a decir que es feo eso, pero bueno, entendí otra cuestión de trabajo. Nosotros ahí hicimos preproducción. Eran como ocho horas por día solo de ensayo, ensayo, ensayo, para después grabar en una semana. 

- ¿Vos te vas a Buenos Aires con todas las canciones listas? 

- Sí, acá ya veníamos ensayando todo y haciendo los arreglos. 

- ¿Quién trabajó cómo productor en ese disco? 

- Leopoldo, el Mocho, José también, y Lito Nebbia. El que estaba grabando era Mario Sobrino, que graba desde que empezó Melopea. A Lito lo hemos visto dos veces. Lo suyo él lo armaba aparte y después nos veíamos para grabar las voces. Los micrófonos!.. Ahí en Melopea, ellos son espectaculares porque son muy puristas de la cosa, no les gustan mucho los efectos, es todo muy analógico. Todo tiene esa calidez. 

- ¿Hubo un desafío extra entrando a grabar en ese estudio?

- Yo estuve con fiebre, angina y resfrío durante todo el proceso. Hasta los últimos dos días, cuando tenía que grabar la voz, ahí ya no sé por qué me recuperé. No podía estar, a veces no podía ir. Sentía mucha presión. 

- Ser independiente, tener un proyecto solista y llevar adelante una banda es muy difícil. 

- Sí. En una banda el peso se reparte, en cambio, cuando sos solista medio que sentís toda la responsabilidad. Es duro eso. Por suerte siempre los chicos siempre han sido súper conmigo. 

- Igual, de alguna manera tenés la capacidad de mantener el proyecto en crecimiento desde que empezó. Quizás desapareces un rato, no tocas mucho, y después metés esos fechones como en el Teatro San Martín.

- Es que a mí me gustan los fechones. De alguna manera te hago un vínculo con esto que te decía de la presentación de mi primer libro de poesía. Que era como un fechón también. A mí siempre me han gustado ese tipo de cosas. Me gusta organizarlo, imaginarlo. Lo disfruto mucho. Después obviamente me veo ahí en el medio complicadísima con un montón de gente laburando y todo. Además porque es todo independiente. 

-Con sus riesgos.

 -Todos los riesgos.

 - Pero bueno, es una obra.

 - Yo lo veo así. 

- Volvamos a lo que decías de tu viejo. La forma de ver el arte y la música.

- Esto de decir "yo lo quiero hacer por la obra", por perseguir la obra, es lo que me hace tener estos accidentes por los que decido poner la obra como prioridad, antes de lo comercial. Muchas veces reniego de eso y muchas veces digo: "Qué bajón que no puedo vivir de la música." 

- ¿Abandonas la idea de poder llegar a hacerlo?

- Cada vez más seguido. Sinceramente a veces me cuesta mucho la parte de la presión, de que tengo que hacer, de que tengo seguir las reglas, a mí no me gusta seguir reglas. Esa presión es muy molesta. Además, a la música la pienso como una obra viva, como algo que está vivo. Por ejemplo, cada vez que yo hago un recital, cada vez que hago un show, siento que pasa algo que no tiene tiempo. Es algo atemporal, es como entrar en un mundo de fantasía donde me siento cómoda, mucho más que en el mundo real. Por eso creo que es tan importante para mí eso, y a veces cuando se vuelve oficio, donde muchas veces la condiciones no son las mejores, de sonido o de guita o lo que sea, es como que siento más que me desgasta el alma, no sé cómo explicarte. Entonces para mí son muy especiales las cosas como presentarme en un teatro. Lo tomo muy como un encuentro conmigo misma también. Voy hacia ahí, voy a esa fecha.

-Y todo esto de lo que hablás también sucede en el contexto de tener una familia, a diferencia de cuando disponías de otro tiempo y podías encerrarte a trabajar música mil horas. 

- Eso me ha cambiado completamente. De repente tuve que tener un montón de responsabilidades que antes no tenía. Siempre he sido una persona muy volada, nunca me ha gustado ningún horario, ninguna rutina, nada. De repente, verme en ese mundo es difícil, pero a la vez siento que no me queda otra. Lo tengo que asumir y no voy a dejar de hacer canciones, pero sí siento que es muchísimo más difícil. También en esa dificultad encuentro una fortaleza, porque cuando tengo el momento, le doy al máximo. 

- Sale con más fuerza algo que está ahí adentro.

- Exactamente, sí. La verdad es que me cuesta, me cuesta mucho componer. Tampoco entiendo bien qué me pasa en este año en particular. Siento que es una cuestión del contexto en el que vivimos. En 2020, con la pandemia, que justo coincide con el nacimiento de mi hijo Silvestre, han cambiado mucho las cosas para mí, porque aparte me volví de Buenos Aires a Tucumán. Tuve que hacer un acomodamiento y un cambio de vida muy fuerte. En este contexto y actualidad, es como que uno tiene que ser mega productivo todo el tiempo. Y no hay espacio, el espacio que yo tenía cuando era joven. Pintaba y podía tocar la guitarra. Ahora no puedo tener esa vida. Me re cuesta cuando estoy con los pichones, o cuando sé que tengo que contestar tal mensaje, es como que no me llego a relajar. No se puede. Te juro que escribo muy poco, este año ha sido tremendo para mí en ese sentido. Tengo toda la necesidad, tengo una cosa acá (señalándose el pecho) Ahora estoy dibujando y es como que trato de dibujar y tener ese sentimiento de soltar algo, me siento muy alienada. En 2025, como estábamos todavía en el proceso del disco y todo, yo tenía sí o sí el tiempo, entonces me iba caminando hasta lo de José para grabar o para lo que sea y en esas caminatas escribí muchas de las canciones. Estaba al palo y eso creo que me ha mantenido bien.
Siento que no soy la misma persona que era antes. Es duro, porque estoy muy cargada de preocupaciones, no sé. Hay muchas presiones con las redes, presiones para un artista me refiero, más allá de mí como persona. Que si estás acá, que si tenés que hacer tal presencia, que tenés que... estoy como muy cansada de todo eso. 

- Pienso que te mantenés un poco al margen de todo eso de las redes.

- Claro, pero lo tengo como algo que debería hacer. Además, es difícil desde Tucumán. Porque, por ejemplo, aquí vos tenés un techo, no podés tocar muchas veces, porque no va nadie. 

- Tucumán es un lugar difícil. Y puede tirarte para abajo cuando pasan esas cosas.

- Sí, es un bajón, por ejemplo, cuando tenés que poner plata para pagar el sonido porque no ha quedado nada. Es como que te agota, te agota eso porque decís… A ver, no te agota cuando estás en el eje de “esto lo hago porque amo hacerlo” y chau.

-Cuanto más se ha ido profesionalizando una parte tuya, también te afectó negativamente? 

- Sí, es la dicotomía permanente.

- Por suerte no te ha pasado, pero a cierta edad algunos abandonan el camino de ser artistas. "Bueno, ya está. Ya no puedo hacer más nada gratis". Aparece la palabra productividad, rentabilidad y se acabó.

- Y se acabó. Eso es duro. 

- No te pasó y seguís en camino.

-Tengo ahora un disco para grabar ahora. Me gustaría empezarlo en algún momento. Las canciones ya las tengo. 

- ¿Ya las estás ensayando con la banda? 

-No se las he llevado todavía.

-¿Cómo es el proceso desde que aparece la canción hasta el momento en que empezás a trabajarla con un otro? 

- Depende, a veces las llevo y la empezamos a armar de cero. Otras veces no, las tengo guardadas y después las trabajamos. Nunca las tengo del todo resueltas. Prefiero más hacer solamente la melodía, y después sí les digo que me saquen las notas. Porque hay cosas que me imagino armónicamente que no las puedo hacer. Entonces termino simplificando todo, después le explico bien a José, o a la Ago, o a Antü (Filardi Sabin), o al que esté ahí cerca.

- Y cómo fue grabar este último disco en un contexto donde coexiste ese montón de responsabilidades que antes no tenías.

- Mucho afuera de la casa, caminando. Soy muy de caminar y grabarme o aprenderlo de memoria. Tengo como una fórmula. No sé de dónde lo saqué a esto, pero alguien lo dijo una vez. Por ejemplo, hacés la melodía, si te la olvidás es porque no es buena. Entonces yo canto, canto, canto, pero si hay algo que vuelve, un motivo que me insiste, empiezo a laburar eso. A veces tengo una cosita, una una colita de algo que me gusta, entonces estoy repitiendo, buscando, y a veces capaz que estoy haciendo cualquier otra cosa, ordenando ropa y estoy con eso. A veces me agarra la locura, estoy ahí, están los chicos, y como que no entienden mucho qué me pasa. Estoy como persiguiendo esa cosa, entonces no me importa nada. Hasta que agarro el teclado o algo y empiezo a laburar. Ahí ya lo voy pasando a papel. Generalmente hago la letra con la melodía, muy pocas veces hice por separado. Voy cantando, y con la melodía voy escribiendo la letra. Hasta que no termino de cerrar la idea, la canción, no puedo salir de eso. Ahí me voy. Digo: “tengo que ir a comprar un cuaderno a la librería, ya vengo”, y me voy un rato, necesito desconectar. 

- Bueno, finalmente se puede armar el disco. A veces pienso que los artistas hagan lo que hagan se van a dar maña de alguna forma. ¿Volvés a tu propia música?

- No. No. A veces cuando estoy muy deprimida sí. O sea, muy raro, pero cuando estoy como que no puedo seguir, me agarran las frustraciones, todo y digo: “Estoy para atrás. No puedo seguir”. Ahí me escucho.

- ¿Escuchás algo en particular? 

- No, depende, es medio random. O veo publicaciones también, veo fotos de tocadas, cosas así. Creo que es para alentarme. Para cuando estoy perdida y no encuentro cómo seguir para  adelante con mi proyecto musical.

- ¿Te sentís frustrada a veces con tu proyecto?

- Sí. Es verdad que es una gran sabiduría tomar todo como desafíos, pero a veces las batallas que tenés que pelear ahí... a veces es como que me siento desbordada. 

- ¿Tiene que ver con el tema de no vivir de la música?

- Sí, puede ser. No me gusta decirlo del todo, pero sí. Es como querer hacer algunas cosas a las que por ahí siento que no llego. A veces no puedo dar toda la energía porque tengo que desdoblar mi energía en la maternidad, en el trabajo, en las cuestiones de la vida extramusical y eso sí me frustra mucho a mí, porque a mí me gustaría vivir en la música.

- Para cerrar, en pocas palabras ¿qué significa cada uno de tus discos para vos?

- Los Domingos fue como un despertar. Siento que a ese disco lo hice como somnolienta, me da esa sensación. El disco tiene muchas imágenes de dormir. Habla de dormir en la mesa, de estar soñando, ando buscándote canción. Refleja el tiempo que vivía en ese momento, un poco adormecida pero soñando. Diagrama de Ben es el compromiso total con la música. El recuerdo que tengo es estar haciendo ese disco pensando que estoy haciendo lo mejor que voy a hacer en mi vida. O algo para el mundo totalmente trascendental. Esa urgencia tenía. Diagrama de Ben fue mi pacto con la música. La sinceridad, lo auténtico de tu sentimiento de crear cuando estás despojado de necesidades externas. La Luna son canciones que melódicamente son muy ricas, mucho vuelo en ese sentido. En esa época escuchaba mucho Burt Bacharach. Kawaii me encanta. He tenido pocas formas de mostrarlo. Fue justo cuando quedé embarazada, después nació Paloma. De Kawaii y Nueva Forma, no quiero decir que no son discos míos, pero es un poco raro porque no estuve tanto cuando se grababa. Me mandaban, yo escuchaba, y así. No tenés esa oportunidad de escuchar con detenimiento algo específico. En un plan muy productivo. Y que es del que yo reniego. En el medio de esos dos discos hubo un simple. Y Sean Felices es la conexión conmigo. Ha sido encontrarme conmigo, con mi yo artista, reafirmarme en lo que soy. Volver a sentir también. Por ahí eso que te decía que me sentía alienada y me doy cuenta cómo me conecta conmigo misma y la felicidad que eso me genera. Siento que también fue un disco construido por una banda, todos hemos vivido cosas intensas personales que le iban pasando a cada uno y la música ha sido como un centro espiritual, emocional. Fue un encuentro espiritual para toda la banda. A todos nos puso en el eje. Y en lo personal, a veces me olvido de esa parte que soy y que es tan importante. ¿Cómo es posible que Luciana Tagliapietra se olvide de Luciana Tagliapietra? Sean Felices fue una fuente de felicidad absoluta.


El sábado 28 de marzo, Luciana Tagliapietra se presentará en el  de un nuevo para grabar un disco en vivo, en el marco de su proyecto “Todas las canciones que escribí”, una propuesta que recorre de manera integral su discografía y pone en primer plano el vínculo entre las canciones, la memoria y el escenario compartido. La noche musical será abierta por Ultra, banda tecno pop, que estará presentando su primer disco.

El show propone un recorrido por canciones de todos sus discos, reinterpretadas en vivo, con arreglos pensados especialmente para la ocasión y la presencia de invitados y amigas/os de la escena local y nacional. Entre los artistas convocados se encuentran Adriana Tula, Agustín Goytia, Nicolás Tula, María José de Mari, Lissel Plaate, Noé Antelo, Gastón Lobo, Sofía Contreras, entre otros, sumando cruces generacionales y estéticos.

La banda estable que acompaña a Luciana está integrada por José Villafañe, Agostina Tagliapietra, Mariano Sansierra, Pablo Rueda y Pupy Nagle, músicos con quienes viene construyendo su identidad sonora en los últimos años.

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