Top

Medio siglo después, concretarán el viaje de egresados que truncó la dictadura militar

Historias de acá

Son tucumanos y terminaron la secundaria en la Comercio I en 1976, pero nunca pudieron tener su viaje de egresados. Cincuenta años después, al fin van a cumplir su sueño y buscan a sus antiguos compañeros: “Con el golpe, todo cambió y ya no pudimos concretar eso que tanto deseábamos”. Por Exequiel Svetliza.

La promo 76 de la Comercio I





Era el epílogo de los años más vivaces y felices. El fin de los tiempos de las travesuras en las aulas, de las presumidas en los recreos, de las yutas colectivas para jugar al truco en la Plaza Urquiza, de las disputas con los alumnos del Colegio Nacional, de las matinés en el bar El Condado, de los bailes de colegio en la Sociedad Francesa y de los asaltos en alguna casa donde las chicas siempre llevaban la comida y los chicos la bebida. Todo era risas, amistad y efervescencia juvenil para la promoción 1976 de la Escuela de Comercio I. El presente estaba cargado de futuro y el futuro de celebración con los preparativos de la cena de egresados y de ese gran anhelo que los tenía a todos en Babia: el viaje de egresados. Pero el 24 de marzo, con el golpe cívico-militar, la historia del país se fracturó para dar comienzo a una era de terror y oscuridad. La hora de la espada cercenó muchos sueños, entre ellos, la ansiada gira de la promo 76. Acaso el sueño quedó ahí, escondido entre fotos y recuerdos en sepia, dormido entre delantales percudidos por el tiempo y cartas de amores adolescentes, atesorado en el arcón existencial donde se guardan aquellos momentos que pudieron ser maravillosos y quedan ahí, latentes, como esas sensaciones fantasmales que acechan a los amputados. Momentos que, medio siglo después, con tantísima agua corrida bajo el puente, todavía pueden ser. Después de todo, quizás de eso se trata vivir. 

Ya no corren detrás de la pelota en el patio de la escuela. Ya no dibujan corazones atravesados por flechas en los pupitres. Ya no se peinan a la gomina –los varones que aún cuentan con el privilegio de conservar un resabio de su otrora profusa cabellera- ni usan mocasines con medias tres cuartos. Ya no sienten el futuro como un horizonte a edificar donde cualquier aventura es posible. Pero hay algo de esa pasada vitalidad juvenil que vuelve a latirles en las miradas al momento de ver la bandera que llevarán en mayo a las playas de Punta Cana, cuando los antiguos egresados de la Comercio I finalmente puedan darse el gusto de cumplir con ese ritual adolescente que quedó trunco en aquel aciago 1976. 

La promo 76 de la Escuela de Comercio I

“Creo que, en su momento, eso fue algo que nos ha marcado mucho. Nosotros nos reuníamos, hacíamos fiestas… Con el Golpe de Estado, todo cambió y ya no pudimos concretar eso que tanto deseábamos que era el viaje de egresados… nos privó de eso”, comenta Lilia Navarro. Lilia tiene 69 años, tres hijos, tres nietos (y uno más en camino) y es egresada de la división quinto cuarta de la promoción 1976 de la Escuela de Comercio I. Según cuenta, en 1975 junto a otros alumnos de la escuela conformaron el Centro de Estudiantes JAYFE (Juventud, Amistad y Fe). Se trataba de una organización estudiantil cuyo principal objetivo era recaudar fondos para el viaje de egresados a Mar del Plata que proyectaban el año siguiente: “Nosotros éramos muy compinches, muy compañeros, queríamos hacer el viaje de egresados y comenzamos a organizarlo en el 75. Hacíamos fiestas y rifas para juntar la plata, pero resulta que en el 76 vino el Golpe y se nos complicó la cosa”. 

Hasta la irrupción de la dictadura militar, las vidas de Lilia y sus compañeros era la de cualquier adolescente tucumano de la época. Las juntadas en la casa de algún amigo, los intercolegiales en los que quedaba en evidencia la pica con los alumnos de El Nacional, los bailes de colegios que se hacían en la Sociedad Francesa, la Sociedad Española o en la Panislámica y la organización de la gira y de la cena de egresados que se terminaría haciendo en la confitería del lago del Parque 9 de Julio marcaba el ritmo de aquellos días. “Algunas veces nos hacíamos la yuta y nos íbamos a El Sorpasso, un bar que quedaba en la calle Mendoza o, sino, me acuerdo que nos quedábamos en la Plaza Urquiza y el profesor ‘Pajarito’ Lucero nos iba a buscar y los encontraba a los varones jugando a las cartas. Los fines de semana lo tradicional era ir al Parque 9 de Julio a dar vueltas, a tontear… Me acuerdo que había matiné en El Condado y que a veces nos juntábamos en algunas de las whiskerías que había en la zona del parque, también nos juntábamos en Veracruz, de hecho, algunos compañeros siguen yendo para ahí”, dice sin dar nombres para no escrachar. 

Los chicos de la promo 76 en la cena de egresados en la confitería del lago del parque.

A la hora del recreo, en los patios de la Escuela de Comercio el clima era de distención, pero también de ansiedad por la inminente finalización de la secundaria y todos los ritos que esa instancia supone en la vida de un adolescente: “Me acuerdo que los varones jugaban siempre a la pelota y que estábamos siempre ensayando para cantar en algún acto de la escuela. Nos juntábamos para organizar la cena y el viaje de egresados. Ese último año también me acuerdo que buscaban a los que tenían mejor caligrafía para escribir los diplomas. Nosotros escribíamos en letra gótica y nos contrataban para llenar los certificados y diplomas”.

Entre los compañeros de Lilia, había uno que se caracterizaba por su espíritu jovial y bromista. A José Luis Avilés, esa condición de travieso le valió el apodo de “Jaimito”, el gran protagonista de los chistes en aquella época. “Me pusieron ese apodo porque era travieso, pero eran todas travesuras sin maldad las que hacía. Me acuerdo que tenía un compañero que iba en bicicleta a la escuela y yo se la escondía, se la dejaba en el segundo piso y él después andaba aula por aula buscando la bici… Eran ese tipo de cosas, alguna travesura también me ha costado amonestaciones”, rememora hoy con 67 años. 

“El nuestro era un curso muy unido, había mucha amistad dentro del curso. Para nosotros fue un bajón muy grande no hacer la gira”, reflexiona el egresado ahora ya jubilado como contador. “No éramos muy salidores, por lo general, nos juntábamos en un bar cerca de la escuela que se llamaba Cosa Nostra. A veces nos hacíamos la yuta colectiva y nos íbamos a tomar mates al parque, pero no era algo que hacíamos porque no nos gustaba estudiar, sino porque queríamos juntarnos”, agrega. 

La promo 76 de la Comercio I en el patio de la escuela.

El 24 de marzo de 1976 fue un parteaguas generacional para aquellos jóvenes que transitaban el pasaje entre la adolescencia y la vida adulta. Ese episodio marcaría el comienzo del fin del sueño de la gira de egresados, así lo recuerda José Luis: “Nosotros habíamos armado un centro de estudiantes y hacíamos bailes para recaudar fondos, pero había muchos problemas porque era la época del golpe y no era fácil salir de noche… Salir de noche era realmente problemático y nosotros no queríamos tener problemas. Entonces empezamos a ver que no íbamos a llegar con la plata para el viaje”. A la expansión por todo el país del terrorismo de Estado, se sumaba la agobiante crisis económica: “La situación económica era difícil, no era nada fácil, veníamos de una economía complicada. Me acuerdo que yo tenía tres camisas, dos para la escuela y una para salir y esa era toda mi vestimenta… hoy hay chicos que tienen 40 camisas”. 

Según revela Lilia, como adolescentes no eran muy conscientes de lo que estaba sucediendo en el país en aquel entonces: “Una vez que sucedió el Golpe, cambió todo… ya no podíamos hacer las fiestas con las que juntábamos plata para el viaje. Además, los padres te cuidaban mucho, no te dejaban salir… era todo un temor que tenían nuestros padres y nosotros, por ahí, con la euforia de la adolescencia, no dimensionábamos lo que estaba pasando. La verdad que en ese momento uno no se daba cuenta de muchas cosas y los padres te frenaban porque veían que podíamos correr peligro”. 

Ante esa situación, surgió la posibilidad de hacer uso del complejo hotelero del Estado en Chapadmalal como una alternativa más económica, pero había un nuevo escollo: en 1976 y como una estrategia del gobierno de facto para desarticular la militancia estudiantil en las facultades, el acceso a la universidad pública dejó de ser irrestricto y se implementaron cupos y cursillos de ingreso para distintas carreras. No sólo no había plata para el viaje, tampoco había tiempo para realizar la gira porque se tenían que poner a estudiar. “Nuestros padres dijeron que se suspendía el viaje porque la prioridad era el estudio y ahí nos quedó trunco ese deseo de la gira de egresados”, remarca Lilia. 

“Me acuerdo que hablábamos del viaje todo el día, imagínate que yo en ese entonces todavía no conocía el mar. Hubo compañeros que buscaron cómo podíamos hacer para viajar igual y apareció lo de Chapadmalal como una alternativa barata, pero ahí fue que nos dieron la noticia del cursillo obligatorio para ingresar a la facultad… además se rendía examen y nos teníamos que preparar”, recuerda José Luis. 

El tan ansiado viaje de egresados quedó trunco como uno de los tantos daños colaterales de esa dictadura militar que arrasó con generaciones de jóvenes argentinos. Les iba a faltar esa foto con todos sus compañeros juntos de gira que muchos preservamos en algún rincón en un cuadrito que resiste al tiempo y las mudanzas.  Quizás porque no hay nostalgia que hiera tanto como la de añorar eso que jamás sucedió. Tal vez porque, como canta Gardel en aquel tango tan recordado, 20 años no son nada. Acaso porque el fuego en el que se forja un sueño juvenil nunca se extingue para siempre. Lo cierto es que, décadas después, cuando volvieron a verse, el deseo seguía ahí. Sólo era cuestión de sacudirle el polvo de los años.  

“Nosotros nos volvimos a juntar en la escuela para los 25 años de egresados. Fue muy emotivo ese día…Nos encontramos todos, nos sacamos fotos y nos intercambiamos teléfonos. A partir de entonces, nos comenzamos a juntar una vez al mes en la casa de algún compañero para recordar viejos tiempos… nos veíamos para algún cumpleaños o en la cena que hacíamos a fin de año… con las chicas nos juntamos a matear de vez en cuando y retomamos el contacto. Entonces, en uno de esos asados, dijimos: ‘¿y por qué no hacemos el viaje de egresados?’”, relata Lilia. 

Los egresados 25 años después

La idea, lanzada al aire como una golondrina en primavera, pronto empezó a tomar la forma de un proyecto bastante ambicioso: reunir a los egresados de las cuatro divisiones de la promoción 1976 de la Escuela de Comercio I, alrededor de 150 ex alumnos que hoy cargan con hijos, nietos y toda una vida sobre los hombros. “Como la idea siempre fue ir a una playa, cuando surgió el proyecto nos pusimos a averiguar y ahí salió lo de Punta Cana. Hasta ahora somos 17 los que estamos confirmados y hay algunos que viajan con su esposa o su marido. Este es un viaje que lo pensamos como un viaje de encuentro y amistad”, comenta la egresada. 

“Personalmente, ya conozco Punta Cana, pero para mí esta es la oportunidad de ir con mis compañeros… es un viaje especial, para mí es ir a divertirme y pasarla lindo con mis amigos. Hay gente que está muy entusiasmada, estamos viendo las excusiones, las remeras y las chicas quieren hacer una fiesta de disfraces allá”, destaca “Jaimito”. 

“Como compañeros nosotros compartimos muchos momentos muy lindos, pero lo queríamos cerrar con ese viaje que no se dio y que nos quedó inconcluso porque es algo con lo que habíamos soñado y que no lo pudimos concretar en ese momento. Ahora, con la edad que tenemos, cuando hacemos esas reuniones la pasamos muy lindo… Claro que siempre hay algunas diferencias, por eso no se habla de política ni de religión en el grupo”, cuenta Lilia y el entusiasmo se cuela en la voz, como diría los jóvenes de hoy: está manija con el viaje. 

Claro que no todo es color de rosas. Como en todo grupo humano, hay diferencias, discusiones y puntos de vista confrontados. Es el caso de José Luis con quien era su compañero de banco en la secundaria, Cacho: “Con algunos nos distanciamos por cuestiones políticas, no es que estamos peleados, pero hoy no nos damos bola… Algunos ya estamos viejos y por ahí no pensamos igual y cuesta, peo igual estaría bueno que al viaje vayan todos los que puedan. Cuantos más seamos, más nos vamos a divertir”. 

Los egresados en una foto actual

Con el 10 de mayo como fecha de la gira, los egresados se pusieron en campaña para reunir a todos aquellos ex compañeros de quienes han perdido el contacto con los años para sumarlos al viaje. “La verdad que es una forma de reencontrarnos allá con esta amistad tan linda que fue perdurando en el tiempo. Los que viajan son excelentes compañeros y todos vamos con la idea de pasarla lindo. Hay excursiones que vamos a hacer todos juntos y el objetivo es que lo disfrutemos y encontrarnos todos juntos a festejar. A los egresados que se quieran sumar les diría que no se pierdan esta oportunidad, que tenemos que hacer el viaje porque hay que cumplir el sueño”, comenta Lilia y deja su teléfono para que los egresados de la promoción 1976 de la Escuela de Comercio I que se quieran sumar al viaje se pongan en contacto: 3813024237.

Con la bandera tan esperada, con las casacas que llevan sus nombres al dorso, con la ilusión inoxidable, con la juventud imperecedera; medio siglo después, allá va la promo 76 detrás de un viejo sueño que nunca olvidaron.