"¡Qué noche mágica!": llovieron mil días y regresó Tan Biónica, el show en Tucumán que soñó Chano y disfrutó una multitud en Central Córdoba
Crónica de un recital épico del líder espiritual de la redención. Elogio de una banda notable acompañada por un coro angelical que se elevó en cada canción. Desde Santa María hasta La Melodía de Dios, el retrato de una noche donde la música fue nuestro refugio. | Por Alfredo Aráoz
Chano y Tan Biónica deslumbraron en Tucumán. Foto: @jobmonjes @jobmonjes.ph
“Paró de llover afuera, y paró de llover aquí adentro también”, dice Bambi, tocándose el corazón. Lo dice en una pausa del show de este domingo a la noche en Central Córdoba. Son palabras tan hermosas y potentes como la música de Tan Biónica. Es un mensaje que abre el juego noble que propone la banda entre lo que le pasa al público y los temores por la lluvia y lo que le pasa a él, a su hermano, y los fantasmas de un pasado que no volverán.
A las 20.25 del domingo 5 de abril, la pantalla de mil luces anuncia que la noche mágica está por comenzar. Después de la tormenta, después de que llovieran mil días, Chano y su banda sobrevuelan la Casa Histórica y aterrizan sobre el escenario descomunal que montó Central Córdoba.
Cada cable, cada cobre, cada fibra, cada foco, cada pie, cada atril, cada clavito, cada tornillo, cada arandela, cada tabla, cada píxel, cada luz y cada instrumento fueron sudor y lágrimas. Lo reconocerá Chano durante todo el recital que comienza.
El bajo de Seven Nation Army, de los Stripes “(Oh… Oh, oh, oh, oh, oh… Oh…)” anuncia la aparición en escena de él, de Santiago Moreno Charpentier, líder espiritual de la redención, el bardo poeta, el sobreviviente de las mañanas de ese abril nubladas como rotas, que emerge y se eleva para comenzar su repertorio con "Santa María de no sé quién, cuídame de mi sombra bien / No dejes que me aleje de lo poco que tengo / Cada noche tu hechizo de, estuvo drogándome / Estuvo cambiándome, poniéndome en otra piel”.
Después de tantas noches almodovarianas, la piel que habita Chano es otra: “Después de la lluvia, del perfume de la angustia y el sonido del silencio que dejás cuando te vas”. Túnicas y prendas cómodas para el sensei del amor vestirán su cuerpo pero nunca sus brazos, al descubierto, abiertos de par en par, como dándole gracias a la vida que le ha dado tanto, a nuestra Mercedes Sosa, quien también será recordada en una noche de dos horas y media, con una batería de hits que apuntó al cielo y detuvo definitivamente la llovizna porque “está saliendo el sol para vos y está bailando mi corazón”.
Después de Ella, Chano le habló a la multitud biónica. Lo hizo con el tono lúcido, cálido y maduro que lo acompaña en este Regreso postergado un día más por las lluvias del sábado: “Disculpen lo de ayer. Era imposible. Lo vimos todos. Era muy riesgoso para ustedes, para nosotros. Fue muy dificil poder armar esto. Quiero agradecer muchísimo a todo el equipo técnico de Tan Biónica, un equipo de lujo. Lo valoramos de verdad. Gracias a la Policia, a los Bomberos, a toda la provincia. Todo el mundo estuvo sacando agua para no suspender esto, que era un show increible, pensado de la misma manera que hacemos los estadios en Buenos Aires, con la misma calidad técnica porque hace 11 años que no veníamos, y ustedes lo estaban esperando”.
Ante la ovación, Chano profundizó en las gracias y tocó la fibra de todos cuando recordó a Gonzalo Urueña: “Quiero un agradecimiento especial para la familia Urueña que siempre confió en nosotros. Y, a quienes lo conocieron, un aplauso muy especial para Gonzalo Urueña que se fue antes de tiempo. Queríamos mucho nosotros a Gonza”.
Después del recuerdo, dos notas en el piano marcaron el inicio del coro angelical que fue Central Córdoba esta noche: “¿Cantamos todos?”, preguntó. Y cantamos todos: “Te burlaste de mis sueños, siempre me trataste mal / Te miraba, me veía, y eso me gustaba tanto / me acerqué, quise hablar, pero vos querías pelear / Y a mí tanto me gustó que no te duré ni un round”.
Protagonista de mil nocauts, uno de los momentos más conmovedores para quienes conocen esta historia de tropezones y caídas, de amaneceres y buenos días, fue la canción de los hermanos Charpentier, de Chano y Bambi, alma y camino de la recuperación: “Soy la sombra de una luz / Que no se quiere apagar / Llevo una tristeza encima / Que no puedo revocar / Llevo una tristeza encima / Y no puedo renunciar”.
Si hablamos de renuncias, de pegar portazos, de cerrar ventanales, de apagar el día, de encender la noche, una luz siempre se filtrará en las letras de Tan Biónica para dar paso a la siguiente canción y recordar que “mientras caemos siempre hay música / Aunque ahí afuera esté todo mal / Es el parlante de mi ciudad”.
El clima del recital oscila entre las olas del hit y las aguas calmas del acústico. Así lo entiende Tan Biónica que emociona cuando canta “Loca vos no entendés nada de vivir / se fueron con septiembre, tus ganas de mí” y, cuando en esta búsqueda de paz, avisa en Tus Cosas: “Estoy desactivando mil bombas. Y estoy harto de sentir”.
Para el recuerdo, pastillitas del olvido y a seguir porque el show se acerca a su fin con un regalo para el pueblo biónico: otro escenario, más íntimo, cercano a la popular, a la multitud que se bancó la espera bajo la lluvia sin luna. “Es un honor hacerla aquí: Lunita de Tucumán”, dijo Chano. Y entonamos todos: “Yo te cantaba Lunita de Tucumán para que duela menos, cada día más”.
El Regreso al escenario principal demandó el ajuste de cinturones y el aviso de la azafata biónica: “Podrían experimentar la ausencia del tiempo (...) Vamos adonde probablemente nunca llagaremos. Mientras bailemos no hay nada que temer. Este viaje hacia nuestro interior no terminará jamás”.
A las 22.05, Central Córdoba tembló. Conquistada la luna tucumana, los rayos y centellas llegaron desde la Ciudad Mágica de Buenos Aires y partieron la tierra electro pop: “Intento seguirte pero no doy más / Sospecho que el tiempo se nos va a acabar / Estás algo loca y sos tan clásica / Dejá que la noche nos proponga más Me quedo con vos, yo sigo de largo, voy a buscarte / Qué noche mágica ciudad de Buenos Aires / Se queman las horas, de esta manera nadie me espera / Cómo me gusta verte caminar así”.
Con los pies cansados y el alma desbordada de felicidad, con el cuerpo abrumado y el corazón contento lleno de alegrías, Obsesionario en La mayor fue el clímax coral: “No te encontré en el centro hoy / Y una secuencia de terror / Y no sé qué está pasando con vos / Y sin embargo pasa que tengo ganas de verte”.
Antes del cierre de este Domingo de Gloria, un caramelito ácido para El Problema del Amor: “Aunque te haga mal / Yo te quiero bien / Pero tengo que / Desaparecer / Yo persigo el / Sueño de volver”.
Y el final soñado, el que detuvo el tiempo, el que todavía persiste en las miles de personas que encontramos refugio en la música de Chano y Tan Biónica, La melodía de Dios, el himno que retumbó como nunca: “Cuando el frío no enfríe tanto / Los domingos y jueves de espanto (...) Vivo, como siempre, desarmado sobre mí Yo buscaré algún sol ahí / Con vos es 4 de noviembre cada media hora / Atrasaré las horas, horas, horas…”.








