"¿Dónde está mi amiga?": Lucía, Mirta y la verdad sobre Pochola, la señora de la Iglesia San Francisco de Tucumán
"Que me ayude, que me ayude, que me ayude". Desde hace tiempo no vemos a la señora que se sienta en las puertas del templo ubicado en 25 de Mayo y San Martín. Dos amigas que también paran en esa cuadra dialogaron con eltucumano, revelaron qué pasó y realizaron un pedido que no puede esperar más. | Por Alfredo Aráoz
Mirta es de Puerto Chico, Leales; y Lucía es de La Florida. Son amigas hace ocho años. También preguntan por la señora Pochola.
La señora Pochola es la mujer que durante años se sentó en la puerta de Iglesia San Francisco, en el corazón de San Miguel de Tucumán. Sobre una lata de leche Nido, junto a un poste de luz, un peatón apurado pasaba cerca de ella y escuchaba: "Que me ayude, que me ayude, que me ayude".
Ajena a las cámaras, doña Pochola nunca quiso revelar una entrevista y es por ello que preservaremos su imagen. Al fin y al cabo, lo que aquí nos preocupa es cómo está ella, por qué no la vemos más en el lugar que ocupó durante años para formar parte del paisaje urbano de la Ciudad, frente a las pancherías, a metros de Casa de Gobierno y Plaza Independencia.
"Doña Pochola es del barrio Samoré y hace rato que no viene", confirma el vendedor de juguetes ubicado en el puesto de la Caja Popular de Ahorros, un caballero con acento del litoral muy respetuoso que ordena capibaras y muñecos de Messi ahora que viene el Mundial.
La señora Pochola ha sido testigo de la alegría del pueblo tucumano cada vez que Argentina salió campeona del mundo. Entre banderas celestes y blancas, entre hinchas trepados a los ventanales de la iglesia San Francisco, hasta en el 2022 flameó la felicidad cerca de ella.
Pasaron cuatro años de la atajada del Dibu Martínez y ella ya no extiende sus manos para pedir una moneda, que la ayude, que la ayude. ¿Dónde está? ¿Qué le pasó?
Las preguntas nos llevan a dialogar con Lucía Orellana y Mirta Morales, dos entrañables amigas desde hace ocho años quienes se conocieron en la misma cuadra de la señora Pochola: 25 de Mayo al 100.
Entre el drugstore McKio y la puerta de salida para los artistas del teatro de Mercedes Sosa, allí se encuentra Lucía, una señora de La Florida, quien llega desde el Este hasta el centro todos los días y no encuentra a la señora Pochola en el lugar de siempre: "Sabemos que ya tiene más de 80 años y anduvo con algunos problemitas de salud, típicos de la edad. Nos dijeron que la familia la cuida y que le pidieron que no vaya a la iglesia San Francisco, que se ponga bien".
Lucía también tiene sus problemitas de salud y me los cuenta: "¿Sabe una cosa, Alfredo? Ando mal de la espalda por eso no puedo estar mucho tiempo parada. Tengo los resortes vencidos de la cama y no duermo bien en la casa. Me despierto adolorida. Por eso lo que más necesito es una cama. Casa tengo, pero lo más importante es una cama".
Lucía me señala los pies apretados por el calzado conocido como guillermina, de lona azul, el modelo que se consigue desde Zatuc en la 24 de Septiembre y Virgen de la Merced hasta el sinfín de casas de calzado en El Bajo y en varios locales del microcentro.
"La cama es lo más urgente, pero sé que es no tan fácil de conseguir. Lo que más necesito son medias. Los pies me duelen de tanto caminar. Tengo el pie chiquito: debo ser talle 35 o 36. Estas medias que tengo puestas ahora me las han dado los chicos de la panadería de al lado", relata Lucía Orellana mientras los empleados pasan a su lado y miran su brazo izquierdo extendido para pedir una ayuda. ¿Qué le pasó en el brazo izquierdo?
"Tengo un problema en el hombro. No lo puedo mover bien. Antes andaba cargando bolsas con botellas y se me ha dislocado. Estoy vendada. No puedo levantar bien el brazo. Si me vuelvo a caer me van a tener que operar. y con este frío me duelen más los huesos", explica Lucía.
Y es aquí cuando vuelve doña Pochola a la historia contada por Lucía: "Cuando me duele mucho el hombro ya me siento perdida. Doña Pochola también tenía sus achaques, como quien dice. A mí el dolor del hombro me desvaría. Deja de circularme la sangre. Soy medio miedosa para ir al médico pero agradecería si me pueden atender. Tengo miedo a esa operación. Yo no tengo el teléfono aquí y no me sé el número pero aquí en la 25 de Mayo me encuentran".
Cuando Lucía de Florida dice "aquí" es porque está cerca de El Calafate, la panadería de la 25 entre tantas pancherías y locales de la galería Paseo Independencia, un edificio convertido en oficiales gubernamentales y donde abajo funciona un bar y una óptica.
Abrimos los ojos para conocer la historia de Mirta, mientras de reojo nos fijamos si aparece Pochola. "Yo soy de Puerto Chico, de leales. A mí el agua me llevó todo. Necesito una puerta y una ventana. Tengo a mi hija que va a ser mamá el lunes. La tienen que operar y estamos a la espera. Yo no tengo teléfono pero sí le puedo pasar el de mi hija. Ella se llama Nadia y su teléfono es 155729133".
Lucía y Mirta son dos amigas entrañables, quienes se ayudan en la necesidad. Una es de Florida y otra de Leales. "¿Quieren una fotito? Están hermosas las dos", les digo y sonríen. "Dejá que nos arreglemos un poco y nos sacás juntas. Somos muy amigas. Nos queremos mucho", me dicen mientras posan sonrientes con la ausencia de fondo, con la vereda del frente donde Pochola no está.
"¿Dónde está mi amiga?", nos preguntamos entre los tres. Ojalá que se encuentre bien. Y que si necesita algo, ya sabe, aquí estamos.


Aquí, en la vereda de la iglesia San Francisco, la señora Pochola estuvo muchos años y formó parte del paisaje de San Miguel de Tucumán. Todos los amigos de la cuadra le desean que mejore de la salud. Nos sumamos a ese deseo.








