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El último lluvioso, frío y fatídico feriado del año

FERIADO LLUVIOSO

La consigna de hoy es reducir la energía a la necesaria para vivir. Por desgracia, a algunos les toca activar. Una mala, una buena y una mejor.

Fidel y La Garganta Poderosa me acompañaron todo el año, inclusive en este fatídico feriado.


Expectativa: A esta misma hora, en algún lugar de Tucumán, una madre no se está poniendo al día con el laburo atrasado y decide pasar más tiempo con su hijo, que aunque no tenga la más pálida idea de qué significa “ciclo lectivo”, acaba de terminarlo: dejó los crayones hasta el año que viene.
A un par de cuadras, una adolescente que ya terminó la escuela lee una novela en su pieza. Su hermano, que prepara un par de materias para diciembre, larga los apuntes y se acerca a conversarle. Hace mucho que no tienen tiempo de charlar.
En algún edificio, un estudiante universitario se toma la tarde para tocar la guitarra, a pesar de que rinde el martes el final más duro de la carrera. En el piso de arriba, una pareja asume que no tiene ganas de ir al supermercado, ni de ordenar la casa, ni de trapear los pisos, se pide un cuarto de helado y se tira en el sillón a ver Black Mirror.
Realidad: la madre lo lamenta, pero tiene que seguir trabajando: quiere un lindo arbolito para su casa. El adolescente envidia a su hermana, pero tiene que aprobar en diciembre: el año que viene empieza la facultad y quiere entrar limpio. El estudiante universitario hizo un par de notas en su guitarra aérea y volvió a los apuntes: su sueño es vencer las adversidades y entrara la CONICET. La pareja se calzó las zapatillas y partió al supermercado: esta noche se reunen con amigos para celebrar el fin de año.
Diciembre es el mes del “último esfuerzo”, que cuesta más que la sumatoria de todos los esfuerzos anteriores juntos. A este fatídico mes le quedan quince días hábiles, gran noticia si estuviéramos en julio, pero no. En diciembre quince días son como cuarenta y dos.
Pero el día de hoy se lleva el premio. Diciembre, feriado, lluvioso y fresco. Las ganas de hacer algo se reducen a la vitalidad: respirar, comer, dormir, y alguna que otra actividad que no implique más movimiento que el de los músculos necesarios para cambiar de canal. 
Mientras que algunos cumplieron con la consigna de hoy, a otros les toca activarse. La realidad es que si hay algo que nos une a todos, hoy, 8 de diciembre, día de lluvia, de los esfuerzos triples y la fatiga de fin de año,
son las ganas de no hacer nada
de nada
de nada.

Expectativa

A esta misma hora, en algún lugar de Tucumán, una madre ha faltado al trabajo para pasar más tiempo con su hijo, que aunque no tenga la más pálida idea de qué significa “ciclo lectivo”, acaba de terminarlo: abandonó los crayones, al menos hasta el año que viene.

A un par de cuadras, una adolescente que acaba de levantarse lee una novela en su pieza. Anoche fue su fiesta de egresados y está oficialmente fuera del colegio secundario. Su hermano menor, que prepara un par de materias para diciembre, larga los apuntes y se acerca a conversarle. Hace mucho que no tienen tiempo de charlar.

En algún edificio, un estudiante universitario se toma la tarde para tocar la guitarra, a pesar de que el martes rinde el final más duro de la carrera. A la noche llegan dos amigos más y tienen planeado pedir unas pizzas y jugar a la play.

En el piso de arriba, una pareja asume que no tiene ganas de ir al supermercado, ni de ordenar la casa, ni de trapear los pisos, se pide un cuarto de helado y se tira en el sillón a ver Black Mirror.

Realidad

La madre lo lamenta, pero tiene que seguir trabajando: no le queda otra. El adolescente envidia a su hermana, pero tiene que aprobar en diciembre: se lo prometió a sus viejos. El estudiante universitario hace un par de notas en su guitarra imaginaria, piensa en pedirse una pizza temprano y vuelve a los apuntes: su sueño es entrar al CONICET, a pesar de las adversidades. La pareja se calza las zapatillas y parte al supermercado: esta noche son anfitriones de una reunión de laburo para cerrar el año.

Diciembre es el mes del “último esfuerzo”, que cuesta más que la sumatoria de todos los esfuerzos anteriores juntos. A este complejo mes le quedan quince días hábiles, gran noticia si estuviéramos en julio, pero no: en diciembre quince días son como cuarenta y dos.

Pero el día de hoy se lleva el premio mayor. No solo es diciembre, sino que también es feriado, llueve y hace frío. Las ganas se reducen al mínimo posible y lo único a lo que apelamos es mantenernos más o menos vivos: respirar, comer, dormir y alguna que otra actividad que no implique más movimiento que el de los músculos que se necesitan para cambiar de canal. 

Si te tocó descansar, relajate y gozá. Si te tocó estar feliz, sé feliz. Si te tocó estar triste, llorate todo, que está ideal para llorar. Si pudiste ver series, visitar a tus viejos, dormir la siesta, leerte un libro, descansar, fue un buen feriado.

Ahora, si te tocó salir con el taxi, preparar un examen, hacer compras, escribir una nota o acomodar el placard, para vos puede haber sido el día más difícil del año. Pero hay una mala, una buena y una mejor.

La mala: parece que al año le quedan cuarenta y dos días.

La buena: solo le quedan quince.

La mejor: ahí se fue el último lluvioso, frío y fatídico feriado del año.

Buenas noches.