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El 2016 fue un cuento de García Márquez


A las elecciones estadounidenses las ganó Trump. En Arabia Saudita asesinaron a cuarenta y siete terroristas. Hubo dieciocho atentados en el mundo y otros miles de asesinatos y bombardeos. 
Más acá: Capturaron por tercera vez al Chapo Guzmán. Tras 52 años de guerra, en Colombia ganó el "No" al acuerdo de paz con las FARC. A Dilma Roussef la destituyeron tras un juicio político.
Más acá: Messi ganó su quinto balón de oro. El Estado pactó con los fondos buitres. Barack Obama visitó el país el 24 de marzo, en el 40 aniversario del golpe cívico-militar argentino. Perdimos (otra vez) la Copa América. Ganamos (por primera vez) la Copa Davis. El Gobierno redujo el 35% de presupuesto para Ciencia y Técnica y un 60% el ingreso de Investigadores al Conicet.
Más acá: Tucumán fue sede de los festejos por los doscientos años de la Independencia de la Patria. Se inauguró un gigantezco monumento en la Mate de Luna. Festejamos, acordamos, juntamos, bailamos, cantamos. San Martín volvió a la B y Atlético logró meterse en la Copa Libertadores de América.
La misma puerta que se abrió hacia la independencia del país, fue testigo de un hecho vandálico en el marco de la Bienal Argentina de Fotografía Documental: un intolerante desarmó una instalación que habían preparado allí para el evento.
La foto de Alicia Brito, la madre rindiendo un examen de la facultad con su hija en brazos, se volvió viral. También fue viral el arribo de Avianca a Tucumán, el esperado túnel de la Córdoba y el reciente retorno del limón a Estados Unidos.
Decidieron hacer caso omiso a las denuncias de Celeste, la chica trans que declaró haber sido abusada física y sexualmente en una comisaría local. Después de que la ONU lo solicitara, la Justicia liberó a Belén luego de dos años tras las rejas por lo que se consideró una condena por un aborto espontáneo. Un 18 de octubre, mientras Claudia paseaba por la plaza de Barrio Jardín, su ex la asesinó de dos puñaladas en el estómago. Eran las seis de la tarde.
Dos escándalos aeroportuarios de nivel mundial y dos tucumanismos absolutos. El antisuegra que activó la bomba que detonó la paranoia, y si no les gusta, "haganse c*liá' vo', vo' y vo".
Hace pocos días, menos de los necesarios para sanar una herida que en realidad nunca sanará, Tucumán perdió a tres militantes por los Derechos Humanos. Se fueron, pero dejaron aquí todo su esfuerzo por cambiar el mundo. Así que, en realidad, nunca se irán. 
El 2016 fue una de cal y una de arena. Nunca supe cuál es la de cal y cuál la de arena. En fin, supongo que no interesa. En este 2016 vivimos algunas cosas buenas y algunas otras pálidas. 
En diciembre, en tiempos de cansancios, de hartazgos, de pesadumbres veraniegas y conversaciones festivas, la sensación general es que hubo algunas de cal y muchas de arena. O muchas de cal y y algunas de arena. La cosa es que hubo muchas pálidas y algunas buenas.
La particularidad del realismo mágico es la de ingresar elementos fantásticos en un relato de lo más habitual. La vida misma, pero con elementos increíbles que escapan a lo mundano, a lo creíble, y se vuelven magia. 
El realismo mágico, no por mágico es feliz. Es por momentos raro, oscuro, pesado, preocupante. 
El realismo mágico hace que la realidad se vuelva inverosímil.
Igual que este 2016.

A las elecciones estadounidenses las ganó Trump. En Arabia Saudita asesinaron a cuarenta y siete terroristas. Hubo dieciocho atentados en el mundo y otros miles de asesinatos y bombardeos.

Más acá: Capturaron por tercera vez al Chapo Guzmán. Tras 52 años de guerra, en Colombia ganó el "No" al acuerdo de paz con las FARC. A Dilma Rousseff la destituyeron tras un juicio político.

Más acá: Messi ganó su quinto balón de oro. Barack Obama visitó el país el 24 de marzo, en el 40 aniversario del golpe cívico-militar argentino. Perdimos (otra vez) la Copa América. Ganamos (por primera vez) la Copa Davis. El Gobierno redujo el 35% de presupuesto para Ciencia y Técnica y un 60% el ingreso de Investigadores al Conicet.

Más acá: Tucumán fue sede de los festejos por el Bicentenario de la Independencia de la Patria. Se inauguró un gigantesco monumento en la Mate de Luna. Festejamos, acordamos, juntamos, bailamos, cantamos. San Martín volvió a la B y Atlético logró meterse en la Copa Libertadores de América.

La misma puerta que se abrió hacia la independencia del país, fue testigo de un hecho vandálico en el marco de la Bienal Argentina de Fotografía Documental: un intolerante desarmó una instalación que habían preparado allí para el evento. También este año, recién, se nos dio por prohibir las riñas de gallos.

La foto de Alicia Brito, la madre rindiendo un examen de la facultad con su hija en brazos, se volvió viral. También fue viral el arribo de Avianca a Tucumán, el esperado túnel de la Córdoba y el reciente retorno del limón a Estados Unidos.

Hace pocos días, menos de los necesarios para sanar una herida que en realidad nunca sanará, Tucumán perdió a tres militantes por los Derechos Humanos. Se fueron, pero dejaron aquí todo su esfuerzo por cambiar el mundo. Así que, en realidad, nunca se irán.

Decidieron hacer caso omiso a las denuncias de Celeste, la chica trans que declaró haber sido abusada física y sexualmente en una comisaría local. Después de que la ONU lo solicitara, la Justicia liberó a Belén luego de dos años tras las rejas por lo que se consideró una condena por un aborto espontáneo. Un 18 de octubre, mientras Claudia paseaba por la plaza de Barrio Jardín, su ex la asesinó de dos puñaladas en el estómago. Eran las seis de la tarde.

Dos escándalos aeroportuarios de nivel mundial y dos tucumanismos absolutos. El antisuegra que activó la bomba que detonó la paranoia, y si no les gusta, "haganse c*liá' vo', vo' y vo".

El 2016 fue una de cal y una de arena. Nunca supe cuál es la de cal y cuál la de arena. En fin, supongo que no interesa. En este 2016 vivimos algunas cosas buenas y algunas otras pálidas.

En diciembre, en tiempos de cansancios, de hartazgos, de pesadumbres veraniegas y conversaciones festivas, la sensación general es que hubo algunas de cal y muchas de arena. La cosa es que hubo muchas pálidas y solo algunas buenas.

La particularidad del realismo mágico, movimiento literario al que se vincula Gabriel García Márquez, es la de ingresar elementos fantásticos en un relato de lo más habitual. La vida misma, pero con elementos increíbles que escapan a lo mundano, a lo creíble, y se vuelven magia.

El realismo mágico, no por mágico es feliz. Es por momentos es raro, oscuro, pesado, preocupante, triste.

El realismo mágico hace que la realidad se vuelva inverosímil. Igual que este 2016.

Aquí en el mundo real seguimos viviendo, trabajando, celebrando las fiestas. Más o menos felices o tristes, seguimos atados a esta realidad con toques de magia, de la oscura y de la clara, en la que solo podemos preguntarnos una cosa:

Mientras tanto, ¿qué comemos?

Y respondernos: