Nudismo playero
Los pechos femeninos se han vuelto objeto de polémica y debate tras el escándalo que se produjo en una playa del país. ¿Hay tetas buenas y tetas malas? ¿Cuál es el límite entre lo público y lo privado?
Cuadro de Silvana Orcese en www.elperromorao.com.
Cuando un grupo de mujeres en las playas de Necochea decidieron alejarse de sus corpiños quizás no sabían el revuelo que se iba a producir. Si el hecho treparía a la altura de escándalo o si las ahora atrevidas tetas serían aceptadas como extranjeras íntimas, ansiosas de agua y sol. Al igual que en una película en la que Woody Allen persigue con un inmenso corpiño a una teta desbocada, un sector playero exigió prohibición inmediata del suceso. La situación se vuelve confusa cuando se trata de corregir o reprimir la escena. Parece querer decir que hasta tanto las tetas sean guardadas en lugar seguro nadie las mire. Ese oscuro objeto del deseo no debe ser iluminado porque lo que era para mirar casualmente no debía ser visto intencionalmente.
Si la sexualidad femenina se manifiesta como deseo de ser deseada, la mujer mostrará aún más dejando escuálida a la pobre imaginación, ya que esta sigue siendo para muchos el bastión del erotismo. Entonces ¿hay tetas buenas y tetas malas? ¿cuál es el límite entre lo público y lo privado? ¿qué se ofende cuando se ofende? Lo que no se sabe se descubre y así la intimidad suele correrse de un lado al otro, cambiando presencias y ausencias según convenga al deseo. Las cosas se complican porque las tetas, fuente y destino de placer, también amamantan y la maternidad también reclama su territorio de inocencia, satisfaciendo así la prohibición del incesto, única ley que junto a la de la gravedad permanecen en este mundo. Para colmo organizaciones feministas se reunirán los próximos días nada menos que junto al obelisco. El símbolo fálico de difícil discusión está generando marchas masculinas que saldrán a defenderlo no se sabe muy bien de qué… La consigna de las mujeres será “¡Igualdad!”, reclamo también confuso porque algún despistado puede creer que los hombres también tienen tetas y debieran mostrarlas. Y las mujeres, igual que las armas, tienen derecho tanto a la tenencia y portación como a la mostración. Los organizadores de desnudos apagan la luz antes del final porque prefieren un público curioso que ignore antes que decepcionado por ver lo que falta.








