No sé cómo explicar mi situación
En una encrucijada entre en el bien y el mal me siento parada en el último tiempo. Entre el calor y el frío, entre un mago y un muggle, una tibia, una snob.
Foto de semmexico.com
O estás con Dios o estás con el Diablo, y por lo que sonaba adentro de mi cabeza, yo no estaba con ninguno de los dos. En estos tiempos donde la intolerancia juega el papel principal, de algún lado tengo que estar, y es alinearme con una ideología mi problema principal, creer que alguien la pensó toda y la pensó bien. Resistirte a alinearte con una de las partes parece ser el camino más fácil, hasta que te das cuenta que ni siquiera hay camino, el estar a medio pelo nunca funcionó en ningún lado.
Desde el principio de mis tiempos profesé la fe cristiana y sentía como el feminismo se estaba llevando varias horas de mi día. Tenía miedo a considerarme a mí misma una feminista, y osar dudar de mi religión, pero la relación entre las dos posturas parece no tener comparación, el feminismo no es una religión y el cristianismo no es un movimiento, entonces ¿cómo terminé sintiéndome en la cuerda floja? No creer en el cristianismo nunca fue una opción, y no pude dejar de encontrar razones en todos lados para ser feminista.
Terminé por creer que mi imagen de Dios-Diablo es en realidad la imagen de un 9, un 9 visto al derecho y al revés.
Ser feminista parece llevarte a odiar a los hombres, a los cristianos y ni hablar de a los hombres cristianos. Ser cristiana te lleva a odiar a una feminista que prende fuego tu catedral en busca de atención. Si sos cristiana, la feminista es el diablo y vos defiendes a Dios, y viceversa.
Que violen una nena es indignante, que el sexismo esté esparcido como un gen en toda nuestra sociedad y que esté naturalizado y normalizado por todos es indignante, que el resto de las mujeres no entiendan que tu lucha como feminista también es por ellas es indignante, que no entiendan que las del show del aborto la Virgen son unas cuantas es indignante, que ensucien tu iglesia es indignante y se rían de tus creencias es también indignante. En conclusión, estamos todas indignadas en igual medida, al 9 todas lo podemos ver, pero depende de la vereda en la que estás parada si es un 9 o un 6.
La Iglesia es considerada una opresora y un gran monopolio de poder y de plata, las feministas unas salvajes, según quien responda la encuesta de Twitter o de qué Facebook provenga la opinión.
La verdad es que nada de esto es verdad. La Iglesia es una comunidad de miles de personas, dentro de la cual hay quienes no se saben comportar. El feminismo es un movimiento mundial interesantísimo que plantea un mundo que deje de lado los estándares machistas a los que estamos todas sometidas, dentro del cual hay quienes se ven superadas por circunstancias de desventaja y luchan con un modo polémico y válido de juzgar. Aclaro, tienen, como todo y todos, sus cosas buenas y sus cosas malas.
Hay que ponerle un paño frío a tanta indignación. Hay que aceptar que hay cosas que están bien y cosas que están mal, aunque tengan un hermoso disfraz justificativo, si están mal, están mal; que cuando discutimos no escuchamos lo que dice el otro para entenderlo sino para ver qué contestar, que es difícil convivir con alguien que no piensa igual y por sobre todo que es difícil sentir como sienten los que no sienten como yo. Hay que debatir desde una posición de igualdad, en la que yo no me considero mejor, más informada, más preocupada que otra por cómo pienso. Y, sobre todo, hay que dejar de tomar a cualquier afirmación como argumento para que los demás piensen como yo. No todo lo que se me ocurra puede ser una justificación, no construye, no lleva al diálogo.
El aborto existe y es una realidad, las feministas no luchan para que vos abortes si no quieres, o para que un médico en desacuerdo lo haga, luchan porque quienes lo decidan no dependan de su clase social para sobrevivir o no. Las feministas no entienden al aborto como asesinato de bebes, sino como libertad de decidir sobre tu cuerpo. Como cristiana entiendo esta realidad, pero defiendo la vida, defiendo a los que no tienen voz, a los que considero que no son parte del cuerpo de su mamá y esto aparentemente me hace menos feminista, menos fanática o menos conocedora de la realidad, y el mundo científico parece no querer resolver mis problemas existenciales, con sus varias posturas sobre la concepción y la vida humana.
¿Vamos a seguir juzgando a otro por decidir a quién amar o por lo que decida profesar? ¿Vamos a seguir forzando a los demás a pensar como yo?
Jesús no pidió que haya curas pedófilos, ni que el vaticano sea millonario. Las feministas no piden que quememos a todos los hombres y que viva la anarquía. Tener una ideología no te habilita a descartar a las demás, ni tampoco una religión desmerecer a otra. Todo pensamiento es válido, mientras que sea eso, un pensamiento.
La verdad absoluta, la ideología y el movimiento perfectos no existen.
Espero que mi religión y mi feminismo me llenen de lucha, que todos aprendamos a juzgar al odio, a luchar por la vida, por la justicia y que logremos tener la capacidad de abrir los ojos y respetar a todos los demás. Hagamos desde el lugar que nos toca a cada uno lo posible cada día por mejorar.
Alineate con lo que más te guste, pero jamás te desalinees de la paz.








