Las primeras medidas de la guerra contra la inflación
Ante el rimbombante anuncio del presidente Alberto Fernández de la lucha contra la suba de precios, muchos se preguntan cuáles son las medidas que implementará el gobierno al respecto. Un análisis de las primeras batallas.
Foto: diario Tiempo Argentino.
Unas horas después del discurso de Alberto Fernández del día de ayer, se publicaron en el Boletín Oficial dos decretos con las primeras medidas para enfrentar la suba de los precios de los alimentos.
Ambas medidas habían sido anunciadas durante la semana pasada, una es la suspensión de un decreto del año pasado mediante el cual se reducían las retenciones a la soja y al aceite de soja. También hay un pequeño aumento en la retención a la harina de trigo.
En su momento dije que, como casi todas las medidas tomadas por el Ministerio de la Producción, eran incoherentes entre los objetivos enunciados en los considerandos y las medidas concretas, la parte resolutiva. Uno más de esos vaporosos y promocionados acuerdos donde el Estado (nosotros) ponemos la moneda y la otra parte un conjunto de promesas y buenas intenciones.
Por lo tanto, hasta diciembre, las retenciones serán las mismas que fijó el gobierno de Macri.
El segundo decreto es para la creación de un fideicomiso para que los precios en el mercado interno del trigo y sus derivados se desacoplen de la suba extraordinaria ocasionada por los enfrentamientos en Ucrania. Esta medida se conocía desde la semana pasada y fue también anunciada por el presidente anoche.
El fideicomiso será administrado por el Ministerio de la Producción.
Hablando en plata, significan unos 400 millones de dólares de incremento de recaudación del Estado Nacional, los que se destinarán al fondo fiduciario.
El precio de todos los bienes producidos en el país debe estar regido por los costos de producción y no por factores externos. Claro que si hay componentes importados, los precios de estos se trasladarán al del bien final. Pero en el caso de los alimentos o combustibles, la incidencia es prácticamente nula, porque sus costos son en pesos y son los del mercado local.
Y aunque tuviera componentes importados, no todos los precios de los bienes o insumos no producidos en el país subieron igual. Por ello, no hay razón para que los productores de alimentos, los intermediarios u otros componentes de la cadena aumenten sus ganancias a costa de nuestro pueblo.
La mejor herramienta para desvincular los precios internos de los mercados globales son las mal llamadas retenciones, es decir, los derechos de importación y de exportación.
El Fondo fiduciario es una forma de garantizar las ganancias extraordinarias de los productores de trigo, en este caso a costa de los recursos del Estado.
Se les garantiza así ésas ganancias a quienes ya las están recogiendo en pala. Y se priva al Tesoro Nacional de divisas que deberían ir en mejora de nuestras reservas para poder defender el valor de nuestra moneda o a obras públicas imprescindibles para mejorar el sistema productivo.
Las medidas me parecen demasiado poco, casi minimalistas. Significa un 5% de las ganancias extraordinarias del sector por el aumento de precios de la soja y derivados (28%). Tampoco se entiende el por qué se aplican exclusivamente sobre la soja, el aceite y la harina de trigo, cuando los mayores aumentos de precios en el mercado internacional se dieron en el trigo, el girasol y el maíz.
Esperemos que no haya marcha atrás y que se complementen rápidamente con otras medidas.
No obstante lo ante dicho, son sin dudas medidas en el sentido correcto y que debemos apoyar fuertemente y sin fisuras.








