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IA y educación: dilemas del pasado o diálogo transformador del futuro, la columna de Alejandro Urueña y María Taboada

OPINIÓN

En el ámbito educativo, en todos los niveles, predomina una representación de la IA como amenaza de las tareas de producción, interpretación y evaluación, en la medida en que se considera que los estudiantes la emplean para delegación de sus responsabilidades.

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En el ámbito educativo, en todos los niveles, predomina una representación de la IA como amenaza de las tareas de producción, interpretación y evaluación, en la medida en que se considera que los estudiantes la emplean para delegación de sus responsabilidades.

La IA aparece así como agente sustituto de las prácticas que competen a los estudiantes: sintetiza o resume textos, elabora trabajos, responde consignas, y la lista parece ser interminable. Esta representación ha sido precedida -y ahora converge- con otra también referida a la tecnologìa: la demonización de los dispositivos, particularmente los celulares, que se visualizan como herramientas de alienación de los procesos de enseñanza-aprendizaje. La presencia de celulares -se argumenta- aleja o distrae a los alumnos de sus roles y responsabilidades. En este contexto, la única alternativa para la relación "IA-educación" es el dilema: es una u otra, no hay posibilidad de convergencia.

Paralelamente asistimos, por todos los medios de comunicación y redes, a una sobreoferta, de origen estatal público o privado, de cursos, seminarios, plataformas, aplicaciones destinadas a que los docentes tomen conocimiento de la IA y la incluyan en sus prácticas formativas y formadoras. En este panorama no queda claro cómo pueden converger el dilema y el diálogo en el paradigma "educación e IA".

Una cuestión de base, que no suele estar explicitada, es cuál es la política educativa que se proyecta para la "era de la IA", que es ya un hecho presente e insoslayable. Y un poco más acá (y más allá de generalizaciones retóricas) para qué se va a introducir la IA en la formación, en cualquiera de los niveles educativos. Y todavía más cerca. ¿Cómo? Se trata de interrogantes que se implican mutuamente en distintos niveles.

El "cómo" no sólo significa "de qué modo" sino que implica con qué infraestructura. Porque para que la IA esté presente en las prácticas educativas cotidianas se requiere de dispositivos, por un lado, y de internet. Tecnologías ambas sin las cuales el acceso a la IA es impensable. Una rápida mirada sobre el sistema educativo, incluída la universidad, nos permite advertir que buena parte de las instituciones públicas carecen de servicios de internet adecuados, si los tienen. Por otro lado, tanto estudiantes como docentes, si tienen al alcance dispositivos, en su gran mayoría son de propiedad personal. Es decir, han sido costeados por los docentes y por las familias de los estudiantes. En este último caso, también de manera generalizada, el dispositivo al alcance es el celular. Por lo que, si prohibimos su uso en las aulas, la IA queda automáticamente afuera.

El problema de la infraestructura necesaria y de su contraparte, la realidad de las instituciones, no suele aparecer en los discursos oficiales o institucionales sobre la "necesidad de inclusión de la IA". Se soslaya o se solapa, porque ello requiere de decisiones político presupuestarias de equipamiento necesario. Se insiste en la retórica de no quedar rezagados en el planeta en relación a la IA, pero se silencia el primer paso indispensable: cómo se va a acceder a ésta en las aulas. Una de las autoras de esta columna, es docente en la universidad estatal y pública desde hace cuatro dècadas y, salvo en un período acotado en que se pudo adquirir con subsidios de investigación una pc, los integrantes de la càtedra y de los equipos de investigación siempre proveyeron de sus bolsillos -con salarios siempre limitados- los dispositivos.

Con el servicio de internet institucional ocurre algo similar: funciona de manera intermitente y cuando se lo requiere en las aulas, hay que apelar de nuevo a los "datos" de los dispositivos personales, costeados de manera particular por docentes y estudiantes. Sostener elocuentemente en los discursos la presencia de la IA en educación, sin garantizar los recursos bàsicos, es como proponer la construcción de aulas y establecimientos educativos sin la posibilidad de insumos tales como ladrillos, cemento, hierros, etc. y sin operarios para llevar a cabo la tarea que, sin duda, no van a proveer esos insumos tal como ocurre cotidianamente en el àmbito educativo cuando queremos o necesitamos ingresar a la web.

Los otros interrogantes, cuyo debate tiene como condición resolver el anterior, no son menos trascendentes. ¿Qué sujetos se propone formar la política educativa y para qué mundo? Porque si se trata de continuar con modelos enciclopedistas, que atienden a la repetición y reproducción acumulativa de información y conocimientos,sustentados en la persistencia de modalidades de estímulo-respuesta, el empleo de la IA conduce inevitablemente al dilema. La IA hace mejor que cualquier humano y en segundos la búsqueda y organización de la información. De ahí que sea para muchos estudiantes fácil y cómodo delegar estas tareas. Y lo es porque muchas de las propuestas curriculares -en la formación de profesionales y en la educación básica y secundaria.- no van màs allá de la acumulación acrítica de contenidos consuetudinarios, tarea en la que la IA, que opera precisamente con gigantescas bases de datos y búsqueda de patrones recurrentes, es experta. Si este va a seguir siendo el paradigma imperante, formaremos niños y jóvenes para el fracaso, la marginación y su sustitución por las máquinas. Y no será por el poderío de las máquinas convertidas en amos del planeta o por ficciones apocalípticas similares (que resultan sumamente convenientes en entornos de inacción) sino por inoperancia y negligencia o ignorancia de quienes toman las decisiones políticas.

Si, por el contrario, las políticas y la gestión educativas alientan el desarrollo de capacidades y potencialidades cognitivas de análisis y discernimiento crítico, la IA no solo se transforma en una herramienta indispensable sino que deja de ser una amenaza, al igual que los dispositivos. Se delega entonces en la IA las tareas para las que es experta y se trabaja cognitivamente sobre los resultados obtenidos para analizarlos, cotejarlos, discernir su fiabilidad, confiabilidad y validez y desarrollar proyectos creativos para avanzar en la resolución de desafíos y problemàticas. Y esto puede hacerse desde el nivel inicial. China es una de las pioneras y no por casualidad Trump decidió seguir pasos similares.

En este marco, los celulares -hasta tanto se garanticen dispositivos provistos por el Estado- necesariamente tienen que ingresar. Y es indispensable que lo hagan para que se trabajen analìtica y colectivamente los contenidos digitales en los que se sumergen diariamente los usuarios estudiantes y se favorezca la conciencia sobre las estrategias de manipulación y adicción con que operan no pocas plataformas. Y lo mismo cabe para los chatbots y los diferentes LLM al alcance público. Antes que demonizar GPT, hay que aprender a usarlo y, a su vez, desenmascarar los recursos de personalización que los gigantes tecnológicos diseñan para cooptar usuarios.

La reciente demanda a OpenAI por el suicidio de un joven de 16 años en Estados Unidos revela tanto la necesidad de regulación tecnològica como la de educación institucional y cotidiana, familiar, colaborativa sobre los sesgos y las operaciones de invisible avasallamiento de muchos algoritmos. El caso de este joven es una preocupante y dolorosa evidencia de que dejar a la IA fuera de la educación es tal vez al presente la mayor amenaza: si liberamos los algoritmos al arbitrio exclusivo de las empresas tecnológicas, abandonamos a los niños y jóvenes a su suerte y les cercenamos el poder de dominar la tecnologìa que ya se yergue como una "IAcracia" planetaria.

Resulta imperioso repensar una polìtica que apunte a una educación en proyectos crítico- creativos, colaborativos, donde los marcos estancos disciplinares -que aún imperan en los diseños curriculares- se reconfiguren en sostenes epistémicos inter y multidisciplinares, que potencien al máximo las capacidades cognitivas, axiológicas, empáticas y èticas del homo sapiens, de las que la IA hasta el presente carece.

IA Agéntica: La revolución educativa que viene

La evolución hacia la IA agéntica representa un salto cualitativo fundamental para la educación del siglo XXI. Los agentes de IA son sistemas inteligentes que pueden planificar, ejecutar acciones complejas y adaptarse autónomamente, funcionando como verdaderos asistentes educativos inteligentes tanto para docentes como para estudiantes.

¿Qué son los Agentes Educativos de IA?

A diferencia de los chatbots tradicionales que responden preguntas puntuales, los agentes educativos son entidades digitales que pueden:

Planificar procesos de aprendizaje completos y personalizados

Ejecutar tareas educativas de manera autónoma y secuencial

Adaptarse dinámicamente al ritmo y estilo de cada estudiante

Colaborar proactivamente con docentes en la gestión pedagógica

Aplicaciones transformadoras en el aula

Para Estudiantes:

Los estudiantes pueden contar con agentes educativos personales que se hagan cargo de:

Organización automática de materiales de estudio y cronogramas

Búsqueda y curación inteligente de recursos académicos relevantes

Seguimiento personalizado del progreso de aprendizaje

Generación de resúmenes y síntesis de múltiples fuentes

Preparación adaptativa para evaluaciones y exámenes

Esto libera tiempo y energía mental para que los estudiantes se enfoquen en el análisis crítico, la creatividad y la resolución de problemas complejos que requieren exclusivamente capacidades humanas.

Para Docentes:

Los educadores pueden diseñar o utilizar agentes pedagógicos que automaticen:

Planificación curricular adaptada a objetivos específicos

Evaluación y seguimiento personalizado de cada estudiante

Generación de material didáctico diversificado y contextualizado

Análisis de patrones de aprendizaje y dificultades comunes

Comunicación proactiva con familias sobre el progreso educativo

El paradigma colaborativo Humano-IA

La IA agéntica facilita un modelo educativo donde:

Los agentes asumen las tareas repetitivas, de búsqueda y organización informacional

Los estudiantes desarrollan competencias de pensamiento crítico, creatividad y colaboración

Los docentes se enfocan en el acompañamiento pedagógico, la innovación epistemológica y metodológica  y el desarrollo socioemocional

La comunidad educativa trabaja conjuntamente en el diseño y mejora continua de estos agentes educativos

Diseño colaborativo de Agentes Educativos

Una dimensión fundamental es que docentes y estudiantes pueden co-crear agentes educativos específicos para sus contextos:

Agentes especializados por área disciplinar o proyecto interdisciplinario

Configuración colaborativa de objetivos, metodologías y criterios de evaluación

Ajuste continuo basado en feedback y resultados de aprendizaje

Compartir y adaptar agentes exitosos entre instituciones educativas

La Educación Generativa

Esta transformación posibilita el surgimiento de una "educación generativa" donde:

Estudiantes generan conocimiento original en lugar de reproducir información

Docentes generan experiencias pedagógicas innovadoras y contextualizadas

Comunidades educativas generan soluciones colaborativas a desafíos sociales reales

La sociedad genera una IA educativa ética, equitativa y orientada al desarrollo humano integral

La IA agéntica educativa no sustituye la función docente ni la responsabilidad estudiantil, sino que amplifica exponencialmente las capacidades humanas de enseñar, aprender y crear. Es la herramienta que puede materializar finalmente el ideal de una educación verdaderamente personalizada, crítica y transformadora.

El desafío educativo impostergable es propiciar (generar) "aptitudes para" dominar estratégicamente la IA ( lo que aporta y lo que no tiene). Si ya tenemos una IA generativa, avancemos en una humanidad generativa que sea -toda ella- capaz de producir IA para la equidad y justicia socio-epistémica, socio-cognitiva y socio-ética. Una IA para la garantía colectiva de los derechos humanos naturales.

*Alejandro Urueña: Ética e Inteligencia Artificial (IA) - Founder & CEO Clever Hans Diseño de Arquitectura y Soluciones en Inteligencia Artificial. Magister en Inteligencia Artificial.

*María S. Taboada: Lingüista y Mg. en Psicología Social. Prof. de Lingüística General I y Política y Planificación Lingüísticas de la Fac. de Filosofía y Letras de la UNT.