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Partes de guerra: el seguimos ganando libertario

OPINIÓN

Carne de burro, exceso de casta, peleas de trolls y batallas que se pierden en todos los frentes de combate. Balas que entran, bombas que explotan y fichas que caen mientras crujen los cimientos de la realidad y del relato libertario. Por Exequiel Svetliza.

Foto: https://www.laizquierdadiario.com/


En la fila del mostrador de la obra social cada mañana hay un rostro distinto gritando, reclamando, puteando. Porque no les cubren la medicación de sus tratamientos, porque están perdidos en el cruel laberinto de la burocracia, porque ya están hartos. Del otro lado, siempre hay una mujer que trata de explicar con paciencia y amabilidad, pero no hay caso. Le toca poner la jeta, recibir las granadas verbales, inmolarse como carne de cañón en la primera línea de una batalla que no es la suya ¿Alguien piensa en ella? ¿Cómo hará este mes para refinanciar la deuda de la tarjeta? ¿De dónde sacará esta vez el tiempo para responder a la demanda afectiva de sus hijos? ¿O se pensarán que tiene el pasto hachado y la vida resuelta? ¿O creerán que no llora bajo la ducha? En la calle, el tipo del Uber maneja ensimismado, el crujido metálico del tren delantero le hace eco en la consciencia. Parar no es una opción. Si para, se lo comen los piojos. Si para, quién lleva el puchero a la casa, quién compra los útiles para la escuela, quién paga la cuota del crédito. En la verdulería, un jubilado pide que le vendan papas porque quiere hacerse un guiso de burro. Bromea, pero quizás no tanto. Se ríe, pero sólo por no llorar. Le pone onda, hace lo que puede. En la universidad, los docentes van al paro porque el gobierno nacional se niega a cumplir con la ley que les brindaría un piso de dignidad salarial. Apenas un piso, una base, una tabla para mantenerse a flote en un océano minado de pirañas. En las escuelas, los estudiantes amenazan con tiroteos y les mandan a la policía. Y en la tele, Manuel Adorni, la inflación, la rosca política. Y en las redes, el presidente, el Gordo Dan, Lilia Lemoine. Son muchos los frentes abiertos a la vez. Es una batalla de todos contra todos, todo el tiempo. Balas que entran, bombas que explotan, fichas que caen. Pero dicen que seguimos ganando. 

Propulsado por el decepcionante gobierno de Alberto Fernández, la crisis inflacionaria y el bombardeo mediático que lo posicionó como un fenómeno singular de la política; Javier Milei llegó a la presidencia en 2023 con un discurso que prometía una guerra en tres grandes frentes de combate: la aniquilación de los privilegios de la casta política, la lucha contra la inflación y la tan mentada batalla cultural. Con más de la mitad del mandato transcurrido y las próximas elecciones cada vez más cerca, los resultados en los distintos frentes son más que evidentes. Conviene repasarlos para vislumbrar qué tan cerca está el gobierno libertario de alcanzar una victoria definitiva. O de alzar la bandera blanca. 

Ustedes quizás eran demasiado chicos en aquel entonces, pero, al comienzo de su mandato y en su afán de mostrarse austero, Milei viajaba en vuelos de línea a sus giras internacionales y hasta había dado de baja la provisión de medialunas y tostados en Casa Rosada. Pero la perfo de la motosierra anticasta no le duró demasiado. En abril de 2024 y alegando razones de seguridad, volvió al uso del avión presidencial en sus incesantes giras a otros países para participar de festivales de la ultraderecha global, recibir premios flojitos de papeles y visitar a su ídolo Donald Trump en Estados Unidos. Los números son contundentes: hasta marzo de este año acumulaba 35 viajes a 15 países distintos y 111 días en el exterior durante los primeros 822 días de su gobierno. O sea, digamos, uno de cada siete días de su gestión se la pasó viajando con la tuya; con la nuestra. A esta altura, esa mesura inicial con el gasto estatal parece haber quedado en el olvido. Sin ir más lejos, en su último viaje a Nueva York en marzo aprovechó para alojarse tres noches junto a su comitiva –en la que sumó a la esposa de Manuel Adorni- en el lujoso hotel The Langham de la Quinta Avenida, con un costo de alrededor de 5000 dólares la noche por pera; algo así como el equivalente a 41 salarios mínimos en la Argentina actual. 

Quizás la intención del líder libertario de acabar con la casta política fue genuina, pero se le colaron, entre otros manyines, unos cuantos Menem en el gobierno (apenas 19 integrantes del clan sirio-riojano prendidos de las ubres estatales en la actualidad). Los familiares del ex presidente, legítimos herederos de la casta más casta de todas las castas en la política vernácula, han demostrado no perder las mañas ni la angurria a la hora de detentar algunos privilegios de ese mismo Estado que Milei prometió destruir. Desde las caras más jóvenes del linaje como Sharif Menem y Nazarena Menem, quienes con 24 y 26 años accedieron a créditos del Banco Nación por 357 millones y 236 millones de pesos, respectivamente. Hasta el ex senador Eduardo Menem, padre del presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, quien le acaba de ganar un juicio al Anses por reajustes jubilatorios y se calcula que cobrará una cifra estimada en más de 1.500 millones de pesos. Y después dicen que los jubilados del país ganan poco. Claro que hay jubilados y jubilados ¿no?

Pero el talón de Aquiles del relato anticasta libertario en los últimos días es Manuel Adorni. Al Jefe de Gabinete cada vez le encuentran más propiedades adquiridas gracias a la infinita bondad de jubiladas generosas y viajes a destinos ostentosos; los últimos que se conocieron hace unos días fueron una escapadita familiar a Aruba en diciembre de 2024 –gastó 5800 dólares sólo en los pasajes que abonó tiquitaca- y otra a Bariloche en junio de ese año con estadía en el exclusivo hotel Llao Llao, donde la noche de alojamiento ronda los 700 dólares y una empanada sale 20.000 pesos (ni que fuera de la Estela Pachado). Sin dudas, pequeños gustitos burgueses no aptos para secos. 

El carismático Manuel Adorni parece condenado, no sólo por el obsceno desfasaje entre sus ingresos –cuando era vocero presidencial cobraba alrededor de tres millones de pesos- y su vida de nuevo rico, sino también por sus propias palabras. Sucede que hay tuiteros que gozan de un aura epifánica y sus viejos tuits, lejos de perder vigencia, vuelven del pasado para comentar este presente con una precisión y actualidad que mete miedo. El caso paradigmático es el del fallecido escritor Carlos Busqued, quien se ha vuelto una especie de Nostradamus irónico de las redes. Para cada situación política actual, por extravagante que sea, parece haber un viejo tuit de Busqued a mano. En el caso de Adorni, entrenado en el arte del picanteo virtual como todo buen libertario, sus publicaciones antiguas -de cuando era pelado y no viajaba en avión privado- han regresado como una especie de boomerang que vuelve para bajarle los dientes de un golpe. Sentencias del calibre de “Es hermoso vivir del Estado. Más aún cuando lo mantienen los demás… (abril de 2017), “Saluden a los viajes al exterior que se van...” (noviembre de 2021), “Es increíble que este país no haya quebrado definitivamente luego de 200 años de corrupción ininterrumpida” (junio de 2016) o "Delincuente que roba, delincuente que tiene que ir preso de por vida. Fin"(febrero de 2021) son auténticas gemas de la justicia poética que hoy se ajustan a la horma de sus zapatos y que anticipan la vara con la cual debería ser juzgado. 

Es que la estrepitosa caída de Adorni no sólo arrastra consigo al fondo del océano al relato anticasta, sino también al chamuyo libertario de la lucha contra la corrupción y de la moral como política de Estado. Convengamos que la dupla de los hermanitos Milei tampoco ha contribuido demasiado en ese sentido con los casos de la criptoestafa $Libra y de las coimas en el área de discapacidad aún pendientes de resolución. 

En el plano económico, ahí donde radica la supuesta experticia del presidente, las noticias que llegan del campo de batalla tampoco parecen demasiado alentadoras. El último dato oficial del Indec arrojó un 3,4% de inflación para marzo. Se trata de una cifra que no sólo es la más alta de los últimos doce meses, sino que acumula un 9,4% en lo que va del año, es decir, un número que roza, en apenas tres meses, lo que estaba previsto en el presupuesto para todo el 2026 (10,1% es lo que estaba contemplado para el año). Lejos ya de aquel panelista que años atrás se paseaba por los canales de televisión promoviendo las virtudes del sexo tántrico, como mandatario, Milei devino en un inflacionario precoz. Tan contundente fue el dato que el presidente no tuvo más remedio que admitirlo, primero en sus redes y, después, hace apenas unos días durante un evento de la cámara de empresas estadounidenses AMCHAM. Eso sí, intentó matizarlo al decir que “esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios”. Inflación o salto de precios, reconoció que el dato le había repugnado y pidió templanza: “Lo único que hay que hacer es tener paciencia. No hay que desesperarse”.

Al terminar su segundo mandato a fines del 2015, Cristina Kirchner se despidió de la presidencia con una inflación mensual del 2,4% y del 26,8% interanual, según las estadísticas del IPC del Congreso que entonces se consideraba más fiable que el cuestionado Indec. De hecho, una foto de Patricia Bullrich junto a Federico Sturzenegger con un cartel que reclama lo elevado de esta cifra por aquellos días da fe de eso. Después de hacer el autoproclamado ajuste más grande de la historia de la humanidad -incluso más grande que el que hizo el meteorito hace 66 millones de años con los dinosaurios- y de endeudar al Estado por 40.000 millones de dólares con el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos, la performance inflacionaria actual de Milei es aún peor que la de Cristina cuando el Pami cubría los remedios de los jubilados, se subsidiaban el transporte y los servicios y se mantenían las rutas y la obra pública. Claramente, no es algo que se pueda exhibir como un logro ni como un éxito del plan económico libertario, aunque desde el Gobierno insistan en que todo marcha de acuerdo al plan. 

Otros tiempos cuando una inflación mensual de 2,4% era síntoma de debacle.

Una muestra contundente de la fragilidad del pretendido equilibrio económico del gobierno está en la negativa a instrumentar la ley de financiamiento universitario que fue votada y ratificada en el Congreso tras el veto de Milei. La norma busca actualizar el presupuesto de las universidades nacionales y recomponer los salarios docentes que cayeron casi un 50% en términos reales con la administración libertaria y se encuentran, en la mayoría de los casos, bajo la línea de pobreza. Aunque el impacto de la ley es de apenas un 0,23% del PBI - según el cálculo realizado por la Oficina de Presupuesto del Congreso -, el gobierno nacional volvió a judicializar el cumplimiento de la norma con la excusa de que atenta contra el superávit fiscal. En otras palabras, si el gobierno paga lo que debe –no sólo a las universidades, sino también, por ejemplo, al Pami y a los prestadores del área de discapacidad-, no le cierran los números. 

El panorama económico hoy indica que quizás debamos esperar un poco más de los 20 años que prometió Milei para convertirnos en Alemania. O tal vez debamos conformamos en el corto plazo con la prosperidad de algún país africano. Por lo pronto, un productor patagónico empezó a ofrecer carne de burro como alternativa económica a la carne de vaca (7500 pesos el kilo frente a los 25.000 pesos que cuesta, en promedio, el kilo de los cortes vacunos). Aunque suena a que se trata de un cambio radical para los hábitos alimentarios argentinos, la carne de burro voló del mostrador y el productor despachó en apenas un día lo que esperaba vender a lo largo de una semana. Una postal de la Argentina actual. 

En el último frente de combate, el de la batalla cultural, las huestes libertarias no tienen mucho que festejar. Quizás la derrota más contundente en ese sentido hayan sido las movilizaciones masivas en todo el país el 24 de marzo pasado con motivo de la conmemoración de los 50 años del último golpe de Estado cívico-militar. La afluencia multitudinaria de distintas generaciones de argentinos que coparon las calles bajó de un hondazo las aspiraciones del gobierno al tratar de imponer su narrativa de la mentada historia completa. De hecho, el documental del cineasta oficial del libertarismo Santiago Oria que el gobierno nacional compartió en sus redes en el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia pasó con mucha más pena que gloria. Aunque en los últimos años hemos asistido al avance del negacionismo y hasta de la reivindicación de los crímenes cometidos por la dictadura militar por algunos sectores, la respuesta popular del 24 de marzo fue categórica y las expresiones de tinte fascista tuvieron que recluirse y limitarse al ruido de las redes. Se trató de una jornada histórica que dio cuenta de la vigencia de uno de pilares de la convivencia democrática en el país: Nunca más. 

Sin victorias ostensibles en ninguno de los campos de batalla y ante una realidad que amenaza con llevarse puesto cualquier intento de narrativa, por más impuesta y ensobrada que esté, las tropas oficialistas parecen haber entrado en una fase de descomposición interna. En los últimos días las redes sociales han sido el escenario de una interna a cielo abierto dentro de las filas libertarias que hace rato evidencian una grieta entre el karinismo y el santicaputismo. En ese contexto, la cosplayer y legisladora por LLA Lilia Lemoine le disparó con munición gruesa al influencer libertario Daniel Parisini, mejor conocido como Gordo Dan. “Bancaste a Villarruel y a Pagano, Dan. En la vida real, vos dejabas caer al gobierno. Perdón. Me cansé”, le recriminó la blonda a través de X el apoyo a dos figuras que se alejaron del mileismo. Por su parte, Dan viene cuestionando abiertamente la incorporación del ex kirchnerista Sebastián Pareja al espacio libertario como armador bonaerense respaldado por Karina Milei.

“Dan... vos tampoco. Y entendiste lo que quise decir... ¿no creo que seas tan boludo como Mengolini? ¿O sí? Capaz que compartir espacio con Rebord te nubló las ideas”, continuó Lemoine y la respuesta del influencer no se hizo esperar: “Lilia, para tratar de boludo a alguien mínimamente te pido no tener tan solo dos puntos más de IQ que Fijap. Te mando un abrazo”, en referencia al youtuber libertario Fran Fijap que se hizo famoso por correr en las marchas y que esta vuelta la ligó de arriba. 

En la misma línea que el Gordo Dan y otros trolls de las fuerzas del cielo, el influencer ultraderechista Alejandro Sarubbi apuntó a la dirigencia libertaria y la tildó de “tibia y cagona”. "Nadie en la puta vida nos va a obligar a bancar a Pareja", dictaminó contradiciendo el mandato de la hermana del presidente y exhibiendo el malestar reinante en las bases del libertarismo. 

Otra expresión aireada de decepción respecto del rumbo político del oficialismo llegó de parte del influencer Emmanuel Dannan quien, en una comunicación telefónica con la periodista Romina Manguel, dijo sin titubear: “Lo voy a decir con todas las letras: 'Muchachos, nos cagaron... Vinieron a hacer lo mismo de siempre con los mismos de siempre'" y agregó de forma lapidaria: "Este no es un gobierno liberal, no es un gobierno liberal.... Expresamente han dicho y han publicado en sus redes sociales que no hay lugar para libres pensadores en La Libertad Avanza. El momento en que renunciaste a tu libertad de pensamiento y de conciencia renunciaste a las ideas de la libertad". 

Por su parte, Nicolás Márquez, biógrafo de Milei y una de las plumas más encumbradas del libertarismo, aprovechó para patear un rato en el piso al Jefe de Gabinete Manuel Adorni: “No me explico cómo puede ser que sigan sosteniendo a un personaje cuya credibilidad es nula de nulidad absoluta. Donde ya su reputación está en el subsuelo… Adorni, políticamente, es un sujeto muerto, terminado. Supongamos que es un hombre honorabilísimo, pero políticamente no sirve más, está terminado, está acabado”. 

Fuego amigo, fuego cruzado, pases de facturas, inquinas casquivanas y trapitos al sol. Mientras la oposición parece jugar al quedo, el oficialismo exhibe sin pudor sus múltiples fracturas. El acorazado libertario hace agua por todos lados y muchos parecen preparar los botes para un éxodo inminente. 

El 27 de mayo de 1982, en pleno desarrollo de la guerra de Malvinas, la revista Gente publicó una portada con el título “¡Seguimos ganando!” en grandes letras amarillas junto con la foto del destructor inglés Coventry cubierto por un denso humo negro. Se trataba de una imagen trucada en los laboratorios fotográficos de la editorial Atlántida y formaba parte de una acción psicológica planificada por la dictadura. A diferencia de lo que dicta cualquier manual de estrategia militar, durante el conflicto bélico del Atlántico Sur las acciones psicológicas en los medios argentinos no estaban dirigidas a influir sobre el enemigo, sino sobre la población del país que seguía el desarrollo de la guerra desde el continente en un clima de excesivo triunfalismo. Menos de 20 días después de aquella tapa, los argentinos se despertaron con la sorpresiva noticia de que las tropas argentinas habían firmado la rendición en las islas. 

Fiel a su dogmatismo ortodoxo y desde su parcela de la realidad, Milei insiste en que seguimos ganando. Es sólo cuestión de esperar para ver si el tiempo le termina dando la razón o lo desmiente.