Adorni y las cascadas de la gloria
De ser un sujeto condenado a la intrascendencia a convertirse en el epicentro del debate político nacional, la transformación del Jefe de Gabinete no fue solo patrimonial y hoy el futuro del gobierno libertario parece atado a su destino. Un hombre común que quiso la gloria y pagó el precio. Por Exequiel Svetliza.
Adorni cuando no gozaba del ascenso social del Gobierno libertario.
Fue en el viaje que hicimos con el colegio en el último año de la primaria. Hacía un rato que el colectivo nos había dejado en la puerta de un modesto hotel de Carlos Paz. No sé en qué momento apareció por ahí un vendedor ambulante que vio en ese grupo de adolescentes alborotados una oportunidad. José, uno de mis compañeros, lo vio, corrió hasta donde estaba y, minutos después, volvió emocionado luciendo un reloj en la muñeca. La joya, una de esas piezas del mercado negro que no se molestan en disimular su condición apócrifa, era demasiado grande, chillona y estrafalaria. El reloj trucho respondía a la categoría de lo que nosotros en los noventas denominábamos como “chino” –hoy, cuando el consumo aspiracional de muchos argentinos se reduce a las compras en Temu, lo chino se ha resignificado- y causó indignación entre algunos de los imberbes que lo rodeaban. Sucede que, aunque privado, el nuestro era un colegio low cost que recibía a los hijos de la variopinta clase media tucumana. Y José era uno de los estudiantes a cuyas familias les había costado pagar la gira. Organizamos rifas y torneos de metegol y vendimos bizcochuelos para juntar lo que le faltaba para el viaje y unos mangos más para que pueda llevar. Pero no llevaba ni una hora en Carlos Paz y ya se había gastado toda la plata que tenía en el reloj. Muchos lo retaron, otros se le burlaron y alguno le festejó el derroche. Cuando me enteré esta semana de la costosa remodelación de la casa que Manuel Adorni compró en un country, incluida una cascada que hizo poner en la pileta, recordé la historia de José y su reloj.
A José no lo juzgo. Con el tiempo, entendí la compra del reloj como un arrebato infantil. Acaso, un pequeño gustito aspiracional. Tampoco cuestiono la estética de la alhaja que eligió porque aprendí que, a veces, hay que conformarse con el caldo cuando la gallina está cara. Además, dicen que sobre gustos no hay nada escrito así que no faltará quien le ponga mermelada al huevo, como postula el presidente. Por eso, me abstendré de esgrimir razones estéticas para cuestionar la cascada de Adorni. Quién no quiere llegar a su casa después de una fatigosa jornada laboral y mojarse las patas en la pileta con el relajante arrullo del agua de fondo. Quién no se permite algún que otro exotismo burgués cuando le da el cuero. El que esté libre de ponerle unas llantas doradas y cortarle los espirales al Gol Power que tire la primera piedra. El problema con Adorni es que su lujo peca de vulgar cuando la clase media, o lo que todavía queda de ella, raspa la olla y corta con agua el shampoo. El problema con Adorni es que muchos integrantes de esa misma clase media, o lo que todavía queda de ella, confiaron en el discurso anticasta de La Libertad Avanza con la ilusión de que, una vez hachados los costosos privilegios de la vieja política, ese excedente derramara sobre sus bolsillos. Se dejaron seducir por la virulenta extravagancia del outsider, como José por los destellos de aquel reloj. Pero no todo lo que brilla es oro y, a veces, sólo basta con raspar un poco el enchapado para que se revele el engaño. El problema con Adorni es que se convirtió demasiado rápido en lo que venían a combatir. Y lo hizo con la nuestra. El problema con Adorni es que se volvió un ancla pesada para el gobierno libertario; un barco que parece zozobrar en su propia tempestad.
Desde un tiempo a esta parte, todas las semanas surge un nuevo dato revelador acerca del patrimonio del Jefe de Gabinete. Si no es una nueva propiedad comprada con préstamos de jubiladas es alguna escapadita al caribe, a Nueva York o a Bariloche. Esta vez, hace unos días, el contratista Matías Tabar declaró en Comodoro Py, en el marco de la causa por presunto enriquecimiento ilícito, que Adorni gastó 245.000 dólares en la remodelación de su casa en el country Indio Cua de Exaltación de la Cruz. Además, el contratista reveló que el ex vocero presidencial pagó todo en efectivo, un dólar arriba del otro. Para que se entienda: Adorni puso la rúcula, la viva, la crocante, la biyuya, la tarasca. Se conoció también que las refacciones incluían, entre otros ítems, la famosa cascada en la pileta y una parrilla de 13.800 dólares. Pavada de asador pegó Manuel. Todo en acero inoxidable, como esos que usan los jugadores de la Selección en sus casas. La imagen contrasta con la foto de un Adorni joven y en alpargatas junto a una precaria parrillita en un patio de paredes sin revocar y da cuenta del meteórico ascenso social que sólo el gobierno libertario puede ofrecer. Los números son contundentes: desde que es funcionario, entre gastos y deudas, el Jefe de Gabinete suma hasta el momento unos 725.000 dólares. Habrá que ver cómo los justifica en su tan esperada declaración jurada cuando hasta hace poco ganaba alrededor de tres millones de pesos al mes.
Pero su excepcional crecimiento patrimonial no es el único prodigio atribuible a Adorni. Quizás su mayor milagro es haberse convertido en el epicentro del debate político nacional. Un sujeto que parecía condenado al ostracismo de los hombres grises, a la intrascendencia de los comunes, de pronto, no sólo se vuelve la figura central de la discusión mediática, sino que logra un cambio de roles inédito, propio de una inversión carnavalesca: hace del propio presidente su vocero y principal protector. Contradiciendo cualquier lógica de la estrategia política, Javier Milei no sólo fue a aplaudir desde el balcón del Congreso a su Jefe de Gabinete sospechado de corrupción, sino que también salió a bancarlo ante los medios. Habrá que revisar los libros de historia para ver si algún mandatario alguna vez fue vocero de su ex vocero; defensor de quien se supone debe defender sus acciones de gobierno. Con su reciente estelaridad, Adorni se lleva la marca de la agenda política y logró eclipsar hasta el rimbombante anuncio del Súper Rigi; la pretendida bomba quedó reducida a pirotecnia insulsa que parece ya no distraer a nadie.
“Ni en pedo se va Adorni”, fueron las contundentes palabras con las que el presidente salió a defender a su Jefe de Gabinete en una comunicación telefónica mientras viajaba de regreso al país tras una nueva visita a Estados Unidos. Se lo notó demasiado nervioso a Milei durante la entrevista, a pesar de estar secundado por Luis Majul y Esteban Trebucq, dos de sus mascotas mediáticas preferidas especialmente adiestradas en el arte de asentir. Aunque su defensa de Adorni fue categórica, los argumentos que esgrimió en su favor no se mostraron muy sólidos que digamos. De la tan renombrada cascada dijo que “eran dos cañitos de agua” y acusó al contratista Matías Tabar de ser “un militante kirchnerista” con un prontuario dudoso. Sin embargo, la actividad del contratista en sus redes sociales lo muestran más gorila que King Kong. Para la precariedad argumentativa del oficialismo libertario y ante la ausencia de explicaciones consistentes, la causa última de cualquier problema que enfrenta el Gobierno, desde el fracaso del modelo económico hasta el enriquecimiento injustificable de Adorni, se reduce a un único mal: la amenaza Kuka.
Aunque el ministro de Economía Toto Caputo haga denodados esfuerzos para intentar minimizar la incidencia del Cascada Gate en el rumbo actual del Gobierno, lo cierto es que hay sectores dentro del oficialismo para los que la principal amenaza política es interna y se llama Manuel Adorni. La que salió a marcarle la cancha al Jefe de Gabinete fue la senadora Patricia Bullrich y lo instó a que presente su declaración jurada “de inmediato” porque “sino el gobierno se empantana”. La jefa del bloque oficialista parece tener todo preparado para eyectarse a tiempo antes de que el Titanic colisione contra iceberg. Aunque le dicen Pato, Bullrich tiene olfato de sabueso a la hora de procurarse la subsistencia política, su camaleónica trayectoria partidaria -Montoneros, PJ, Nueva Dirigencia, Unión por Todos, Coalición Cívica, PRO y ahora La Libertad Avanza- son la prueba más cabal de ese instinto de supervivencia. Ante un gobierno que hace agua por varios frentes, a nadie le extrañaría que la senadora les suelte la mano a los hermanos Milei para jugar la personal en un futuro electoral.
La pregunta que se hacen propios y extraños es qué sostiene esa fidelidad que Milei le profesa a Adorni y que, en términos políticos, se parece cada vez más a un pacto suicida. ¿Qué hay detrás de ese acuerdo? ¿Cierta complicidad en la estafa de la criptomoneda $Libra y/o en la red de coimas detectadas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS)? Por lo pronto, el periodista Nicolás Wiñazki reveló la existencia de una trama de negocios millonarios que vincularían a Karina Milei con el Jefe de Gabinete, como el proceso de licitación de Tecnopolis. A su vez, en las últimas horas fuentes judiciales le confirmaron a Infobae que la fiscalía a cargo de Gerardo Pollicita detectó operaciones con criptomonedas a través de distintas cuentas vinculadas a Adorni. En medio del escándalo patrimonial que involucra al ex vocero presidencial, la Oficina Anticorrupción extendió hasta el 31 de julio el plazo para que los funcionarios nacionales presenten sus declaraciones juradas (inicialmente, el plazo vencía el 31 de mayo). Eso le da un poco más de tiempo a Adorni para hacer los números de una cuenta que hoy no cierra por ningún lado. Si bien todavía puede zafar ante la Justicia, la opinión pública ya parece haberlo condenado.
Mientras su figura reaviva las internas del oficialismo y suma descredito al Gobierno nacional, en los últimos días Adorni volvió a mostrarse en público. Primero, para recibir los mimos del siempre obsecuente Alejandro Fantino. Después, en una conferencia de prensa junto a los ministros Luis Caputo y Alejandra Monteoliva en la que evitó referirse a las sospechas de corrupción y al cobro de sobresueldos por parte de funcionarios del Gobierno. En su participación mediática, el Jefe de Gabinete dijo que no quería referirse a la causa por supuesto enriquecimiento ilícito para no interferir con la investigación de la Justicia, sin embargo, llamó al contratista de las remodelaciones en la casa del country horas antes de que este declare. Extraña forma de no interferir. En ambas apariciones se lo vio bastante apagado, sin esa estampa canchera y sobradora que caracterizó sus tiempos como vocero. Aunque nunca fue un dechado de virtudes, cada vez está más lejos de su mejor versión. Hoy es un zombie político en avanzado estado de descomposición y no hay cascada ni escapadita turística que consiga calmar su atribulado espíritu.
Fue en el programa de Fantino que Adorni se autodefinió como “un tipo sencillo en el sentido del goce”. En el fondo, al igual que mi antiguo compañero del colegio, Manuel no es más que un hombre común enajenado por el deseo. Catapultado por el poder de un Estado al que venían a destruir, vio su oportunidad de desear sin restricciones y no perdió el tiempo. Quiso un departamento y un viaje y después otro y otro más. Quiso tener pelo, un reloj bien piola, una casa en un country, una parrilla a todo culo, una pileta y también una cascada. Quiso volar alto y mirar al mundo desde las alturas como Ícaro. Quiso la gloria y pagó el precio. Ahora le toca responder de dónde sacó la plata.








