Top

La Trampa de Tucídides y las patéticas miserabilidades libertarias

TRIBUNA ABIERTA

Tenemos que hacer un esfuerzo para entender un poco la geopolítica, porque corremos el riesgo de ser el menú del festín de los poderosos. Por Sisto Terán Nougués.

(Foto: sistoteran.substack.com)


Xi Jinping, líder chino, sentado frente a frente con Donald Trump, con voz serena y firme dice: “La situación internacional cambia constantemente, el mundo ha llegado a una nueva encrucijada, ¿pueden China y Estados Unidos superar la llamada trampa de Tucídides?”.

Trump escucha la traducción simultánea gracias a un audífono conectado a su oído, y asiente repetidamente moviendo su cabeza, pero probablemente sin entender mucho lo que le están diciendo.

La visita del presidente estadounidense a la República Popular de China está mostrando una simbología implacable: El mundo ha cambiado, hay un giro copernicano en el esquema del poder mundial, y Xi Jinping, con una sutileza maciza, sin que se le mueva un músculo de su rostro impasible, se lo comunica, como si se tratara ya de un hecho consumado, a Donald Trump.

El estadounidense, acostumbrado a despreciar y humillar a sus interlocutores, como lo hizo con Zelensky o con la primer ministro japonesa, tuvo que aceptar mansamente todas las reglas que le fueron impuestas por el chino, en ocasión de su visita.

Trump, en lugar de rodearse de expertos en diplomacia y política exterior, concurrió a la reunión acompañado de los CEO de las empresas tecnológicas más importantes del mundo. Un error incomprensible que cuesta entender. Más que un encuentro entre Jefes de Estado, Trump propuso una ronda de negocios. Peor aún, demostró al mundo entero que el verdadero poder norteamericano reside, no en sus instituciones políticas, sino que ha sido transferido fácticamente a los tecnócratas billonarios.

Una torpeza que Xi Jiping aprovechó para establecer su propia agenda política, consciente de que su poder tiene una proyección cronológica que excede la finitud del de su interlocutor norteamericano. Mientras el norteamericano buscaba contratos y ventajas económicas para sus amigos multimillonarios, y se deshacía en amabilidades para ver si su interlocutor le concedía la posibilidad de comprarle algo de soja y unos aviones, el chino habló de geopolítica y reparto del poder mundial.

Imagino a Trump consultando a la salida de la reunión respecto de quién era este mentado Tucídides y de que se trataba la trampa que tenía que eludir. No pareciera ser hombre instruido, y la ironía sutil con que Xi Jinping lo trató lo desarmó por completo. Respondió con un mensaje inusualmente amable para sus estándares, dejó de lado toda belicosidad, y no escatimó elogios para con su par chino. No quedaron rastros del prepotente mandatario que amenaza con apropiarse por la fuerza de medio mundo, y que insulta groseramente a los líderes de las naciones aliadas tradicionalmente de los Estados Unidos. Un hombre sumiso que escuchaba con atención, y sin entender mucho, los dichos de su anfitrión. Un Donald Trump irreconocible.

Tucídides es un militar e historiador griego, considerado el padre de la historiografía científica, ya que fue el primero en prescindir en sus relatos de toda referencia a la intervención de los dioses en los hechos históricos, y se basa en recopilación de pruebas y análisis en términos de causa-efecto de los sucesos que narra. Su obra cumbre es la Historia de la Guerra del Peloponeso, entre Esparta y Atenas.

Pero, ¿Por qué Xi Jinping lo cita y nos habla de una trampa que lleva su nombre?

Pues ocurre que un politólogo estadounidense, de nombre Graham Allison, basándose en la Historia de la Guerra del Peloponeso, donde Tucídides intenta explicar el origen del conflicto en el rápido ascenso emergente de Atenas, cuyo poderío generó temor en Esparta, que era a la sazón la potencia hegemónica. Esta conjunción entre la irrupción de un poder naciente y una hegemonía declinante condujo a una guerra inevitable.

Allison encabezó un equipo que investigó 16 casos históricos similares donde lo emergente desafió a la nación dominante. En 12 de los 16 casos estudiados, la situación derivó en un conflicto bélico de gran magnitud.

O sea que lo que Xi Jiping está diciendo es que el mundo ha cambiado, lo ha hecho velozmente, y es China la potencia emergente que desafía estructuralmente la hegemonía dominante de los Estados Unidos, que pasa a ser la potencia en declive.

¡Impactante el desafío que implica esta frase pronunciada en las mismas narices de Donald Trump!

No se trató de una amenaza, sino simplemente de dejar por sentado con firmeza un hecho que ya no se puede discutir: China es, hoy por hoy, la principal potencia comercial del planeta. Y amenaza la situación que detentaban los Estados Unidos como la nación más poderosa del mundo.

En lo comercial, la capacidad productiva y la competitividad de los chinos, que además cuentan con un inmenso mercado interno, ha superado a todos sus potenciales competidores. Desde la tecnología compiten de igual a igual, y quizás con alguna ventaja con las grandes empresas transnacionales. Esta situación está poniendo en aprietos a las economías de los países occidentales, que no están encontrando la manera adecuada de disputar con la producción china en precios y en la preferencia de los consumidores.

Y finalmente, desde lo militar, los chinos vienen haciendo una exhibición de fuerza bélica nuclear muy importante, como para advertir que están también en condiciones de ser considerados dignos de temor en materia bélica.

Ya no hay que fingir más cordialidad. Xi Jiping envalentonado por entenderse en una posición de fuerza, advierte a Donald Trump de que China debe ser tratada con respeto y hasta con temor.

Para colmo el estadounidense está atrapado en una dinámica negativa que lo condiciona mucho a la hora de sentarse en la mesa de negociaciones. Entrampado por sus propios errores ha iniciado una guerra en Irán de la que no sabe como salir airoso, y que se ha prolongado ya por más del doble del tiempo que él mismo había pronosticado. En el interior de su país el descontento contra su figura es creciente, los sondeos de opinión no le favorecen en absoluto, su partido ha perdido rotundamente la mayoría de los comicios recientes en distintos estados de la Unión, las movilizaciones masivas en su contra se suceden sin solución de continuidad, y el fantasma de una eventual derrota electoral en noviembre próximo lo debilita enormemente.

La guerra de aranceles y el incremento del precio del petróleo y la energía, producto directo de las guerras comerciales y bélicas que Trump insensatamente desencadenara con prepotencia vulgar, han generado un preocupante incremento de la inflación en los Estados Unidos. Y sus aliados europeos tradicionales le han dado la espalda, hartos de sus amenazas e insultos. Demasiados frentes abiertos como para participar en una reunión cumbre en igualdad de condiciones.

No es de extrañar entonces que Xi Jinping haya buscado todas las maneras entre sutiles y simbólicas para refregarle en la cara el cambio de condiciones mundiales que ya se ha verificado. Las demostraciones de fuerza bruta de Trump en Venezuela e Irán, y las amenazas contra Groenlandia, Dinamarca, la Unión Europea, el canciller alemán, la primer ministro japonesa, el presidente ucraniano y el líder de España, solo han servido para ponerlo en ridículo, despertar el temor que produce la insensatez de conductas propias de un loco, y, paradójicamente han abierto canales impensados para China, hoy su competidor más importante.

Xi Jinping no fue a recibirlo al aeropuerto, le planteó frontalmente sus intereses geopolíticos sobre Taiwán y expuso una agenda planificada con precisión de relojería. Trump rodeado de nerds billonarios preocupados por sus propios negocios e ignorantes de todo concepto de geopolítica, hizo el ridículo en un periplo donde pareciera hasta haber perdido las ínfulas prepotentes que solían caracterizarlo.

Lo acontecido no es menor. No hago aquí una valoración respecto del gobierno chino, cuya monolítica característica dictatorial no puedo compartir desde mi visión occidental. Simplemente resalto lo que ya es una obviedad. Guste o no, los chinos hoy son el actor principal del mundo contemporáneo.

A muy pocos días de la visita de Trump, Xi Jinping recibió otra visita estelar. Vladimir Putin, el presidente de Rusia, fue cálidamente agasajado en China y reafirmaron la vinculación entre sus países, ratificando asimismo los acuerdos comerciales que permiten que el petróleo ruso sea adquirido por los chinos sin importar las sanciones aplicadas como consecuencia de la guerra de Ucrania. Conmemoraron los 30 años de asociación estratégica entre ambos países y afirmaron que “su cooperación bilateral se ha profundizado y consolidado continuamente”.

Imposible no traer a la memoria las reuniones de las Conferencias de Yalta y de Potsdam, donde se concretó el reparto del mundo tras la segunda guerra mundial, en una reunión tripartita que ya forma parte de la historia universal.

El mundo no es más el mismo

La torpezas de Trump han acelerado la visibilidad de algo que se presagiaba pero no se veía con claridad. Estados Unidos es el principal culpable de haber debilitado la OTAN, quebrando la confianza entre sus miembros, amenazando con desfinanciarla y anunciando anexiones territoriales absurdas como la de Groenlandia. Los titubeos de Trump también desmoronaron la cohesión del bloque europeo en relación a la guerra entre Ucrania y Rusia. Y las tensiones desatadas en Medio Oriente han ocasionado perjuicios severos al comercio mundial que todos imputan a la administración norteamericana.

La volatilidad geopolítica es muy importante, y las salidas posible parecieran ser solamente dos: (1) se definen las diferencias por medio de una guerra, como lo indica la llamada “trampa de Tucídides”, o (2) se produce un nuevo reparto mundial donde China adquiere un rol preponderante.

En el reparto ya no se hablará de territorios o jurisdicciones extendidas, como se hizo tras la segunda guerra mundial que generara la guerra fría y la estructuración de bloques incomunicados separados por la llamada “cortina de hierro”. Se discutirán ahora la propiedad de los recursos minerales y energéticos estratégicos para el desarrollo y el sostenimiento de una tecnología cada vez más sofisticada con requerimientos exponenciales de materia prima.

Un panorama decididamente complejo que requerirá del resto de los países, los que serán objeto del reparto, hábiles negociadores, reagrupamientos trasnacionales que fortifiquen la defensa de los intereses nacionales y mucha prudencia para mantener cierta equidistancia entre los contendientes del poder mundial.

Un alineamiento sumiso con los Estados Unidos es un despropósito importante. Trump fue a China a mendigarle a Xi Jinping para que este último tenga a bien comprarle soja a los productores norteamericanos. Nosotros somos competidores directos de esos agricultores del norte.

Tenemos que hacer un esfuerzo para entender un poco la geopolítica, porque corremos el riesgo de ser el menú del festín de los poderosos.

Casi en simultáneo con la visita de Trump a China, Santiago Caputo fue convocado a los Estados Unidos en un viaje relámpago. Según las crónicas periodísticas mantuvo reuniones en la Casa Blanca, el Capitolio y el Departamento de Estado “para reforzar la alianza estratégica con Estados Unidos”.

La primera reflexión que me surge, no sin cierto fastidio, es que me parece insólito que alguien que no forma parte oficial del gobierno argentino, un “outsider” sin responsabilidades de firma ni área de gestión jurisdiccional específica, sea considerado interlocutor válido, a espaldas de la Cancillería y la Embajada argentina en los Estados Unidos. El dato no deja de ser una muestra de la falta de institucionalidad de un gobierno que transita desprolijamente todos los andariveles diplomáticos.

Más allá de estas formalidades, el hecho cierto es que Caputo fue citado por sus mandamases que le manifestaron su preocupación por el interés de China por expandirse en Argentina y Sudamérica, le exigieron que bloqueara esos avances y ratificaron que Argentina tiene que profundizar aún más su alineamiento con los Estados Unidos en el tablero global que enfrenta a Trump con Xi Jinping.

Estas reuniones trascendieron desde el propio entorno de Santiago Caputo, ávido de resaltar su importancia en medio de la interna libertaria. Causa indignación la prepotencia estadounidense de exigir una vez más sumisión a sus intereses por parte de nuestro gobierno nacional. Es contradictorio ver a Trump entre sonrisas complacientes con Xi Jinping y suplicándole que le deje hacer negocios con él, mientras en el mismo instante se le exige a la Argentina que se desentienda de sus propios intereses para someterse a los del país del Norte.

En un planeta convulsionado, inmerso en guerras y sometido a tensiones geopolíticas insoportables, lo que pasa en la Argentina es sencillamente penoso.

Hipólito Yrigoyen, durante su segunda campaña presidencial acuñó una frase que se inmortalizó. Le pedía a los ciudadanos en general y a los políticos en particular que dejaran de lado, de una buena vez por todas, lo que él llamó “las patéticas miserabilidades”.

Lo miserable es lo despreciable, la miserabilidad es la condición más deplorable y reprobable que se pueda concebir. Lo patético es un sentimiento trágico, que se asocia al ridículo, al grotesco, y que produce vergüenza ajena.

Los libertarios han llevado la frase de Yrigoyen a un superlativo extremo que parecía imposible de alcanzar.

Mientras el país entero padece la brutalidad de un ajuste sin fin, el mundo se angustia entre guerras presentes y potenciales, nuestros gobernantes se están ensañando en una fratricida interna desprovista de todo decoro, con una vulgaridad espantosa.

Lo que se susurraba en los pasillos del poder es hoy un estruendo horroroso que hace las comidillas de todos los programas de radio y televisión. La hediondez de las redes sociales, cuyo anonimato permitía las más brutales y soeces agresiones, ha desbordado y la interna libertaria ha quedado expuesta.

Los agentes de la desinformación y la maldad dispersada en las redes aprendieron a desdoblar su identidad desde cuentas apócrifas, que se utilizaban para difundir todo tipo de lamentables infundios contra todo y contra todos. Ya nos acostumbramos a que el insulto y la descalificación reemplacen al argumento, pero los ataques no cesan en su pavorosa impunidad.

Una cuenta de X, de un tal periodista Rufus, se dedicó durante mucho tiempo a esparcir ataques contra dirigentes libertarios con información precisa que delataba una fuente cercana al propio gobierno. Por un error, una imprudencia, se detectó que la cuenta en realidad pertenecía a Martín Menem, o que era él quien financiaba a los troles que difundían su contenido.

El episodio grotesco pone de manifiesto la cobardía del uso del anonimato para atacar a sus enemigos internos, la traición que implica ventilar arteramente información interna, y la falta de pudor en el uso de todo tipo de alusiones de contenido sexual que hacen referencia incluso al Presidente de la Nación y su hermana.

Por razones de elegancia y decoro me niego terminantemente a volcar en el papel las aberrantes consignas utilizadas para descalificar a propios y extraños. La vulgaridad es tan impactante que produce asco, aunque a algunos periodistas les haya renovado el ansia de cotilleo indecente como manera de exponer la locura aberrante de los personajes que nos gobiernan.

Pero el hecho ha existido, y, más allá de las impresentables cuestiones de tipo personal que maliciosamente se han dejado trascender, lo más grave es que se está utilizando este canal de difusión para exhibir presuntos negociados escandalosos como el que se estaría fraguando con el tema de la licitación de la hidrovía. Pero no hay ningún ánimo esclarecedor en estas filtraciones. Solo tienen como finalidad la de evitar que el otro miembro del gobierno, aquel con quien se está enfrentado a muerte, obtenga réditos económicos derivados de la corrupción estructural que está explotando todos los días.

La delación mutua ha pasado ha ser manera de actuar de los intereses en pugna, en una exhibición penosa que resulta abrumadora.

Y mientras la batalla interna entre los libertarios adquiere ribetes tragicómicos, el Presidente sigue en Narnia, aferrado insensatamente a sus arrebatos cotidianos de ira.

Una excursión loca por los canales de streaming de sus periodistas favoritos, de una duración inexplicable, derivó en balbuceos incoherentes, explicaciones inconsistentes que confunden más que aclaran, y en explosiones de furia con el rostro congestionado y hablando casi entre escupitajos. No es la primera vez, ni será seguramente la última que le vemos en esas condiciones lamentables, que nos describen un desequilibrio emocional cuya evidencia visible transforma el diagnóstico de demencia en superfluo.

Da mucha pena que el Presidente de los argentinos se muestre de esa manera inconexa con la realidad, presa de ataques de furia y con signos de alteración mental importante. Mis dichos suenan crueles, son simplemente descriptivos de lo que todos vemos y no todos quieren decir en voz alta.

Nadie en su fuero íntimo puede, al verlo actuar de esta manera, considerarlo estable emocionalmente. Asusta su desquicio cuyos desbordes son cada vez más frecuentes. Solo intereses creados muy fuertes y vinculados a sus políticas económicas o a un odio profundo contra el peronismo hacen que algo tan notorio no se exponga más crudamente.

Sus cambios de opinión son tan bruscos como imprevisibles. Y parece haber perdido hasta la capacidad de comprensión de los hechos. En un tuit inexplicable apareció haciendo una defensa insólita de José Luis Espert y de Fred Machado, diciendo que la Justicia de los Estados Unidos había considerado inocente a este último del delito de narcotráfico. En realidad la noticia es exactamente la contraria a la que difunde Milei.

Fred Machado, en un intento torpe de reducir los cargos en su contra, se declaró culpable de los delitos de lavado de dinero y conspiración para cometer fraude electrónico. O sea que aceptó en forma expresa que es un delincuente, cuya actividad principal consistía en lavar dinero. ¿Y qué dinero lavaba? Pues el de los narcotraficantes, obviamente.

O sea que, buscando zafar de penas mayores aduce no haber participado directamente de las operaciones de narcotráfico, sino que solamente se declara culpable de haber lavado el dinero producto de tales operaciones.

Una locura total y absoluta de parte de Milei es pensar que esta estrategia procesal de un delincuente que se reconoce como tal, exculpa a su amigo José Luis Espert. Todo lo contrario, agrava su posible condición de cómplice en las operaciones de lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

Milei banca a Espert, Machado es "solo" estafador y lavador de dinero

Ni una palabra dice el Presidente sobre la interna que sacude su gobierno, pero todos los días dedica horas y horas de su tiempo en insultar a diestra y siniestra. En los últimos días ahora pareciera que se ha enfocado en su consigna de no odiamos lo suficiente a los periodistas, y se ha dedicado a adjetivar con ferocidad a distintos profesionales del periodismo, muchos de ellos trabajadores de medios de comunicación afines en su política editorial con los programas del gobierno.

Asesina” pasó a ser Deborah Plager. Franco Mercuriali de TN recibió el apelativo de “mierda humana”, y pasaron de esta manera a engrosar el listado de damnificados por un presidente que ha hecho de la falta de decoro una marca personal de su accionar.

Tengo una impresión personal, que empieza a ser respaldada por sondeos de opinión pública que se están difundiendo por estos días, de que la paciencia social se está agotando y que todo este show de agravios desopilantes está deteriorando de manera terminal la gestión del gobierno libertario.

Urge recuperar una pizca de cordura.

El mundo se agita en convulsiones que anuncian la llegada de tiempos nuevos con renovados desafíos geopolíticos y nosotros estamos inmersos en los escandaletes de Adorni, los disparates de Milei y las internas feroces de personajes ávidos de negocios espurios, cuya aceleración se agiganta proporcionalmente con el declive de un gobierno que obliga a apurar los tiempos de todo, en especial de todo aquello que se vincule con operaciones económicas vidriosas.

Cierta pena me produce este brusco descenso desde un análisis internacional de la más importante estrategia geopolítica que busca definir una recomposición de los intereses mundiales, hasta esta chabacanería miserable en la que estamos inmersos.

Pero es el signo de estos tiempos, donde el despropósito parece haber ganado la batalla y el sentido común ha sido arrojado a la banquina.

Buenos Aires, 21 de Mayo del 2026

Sisto Terán Nougués


Artículo publicado originalmente en sistoteran.substack.com.


Sisto Terán

Tucumano. Abogado. Político. Escritor. Fue vicegobernador de Tucumán, legislador, director de la Casa de Tucumán en Buenos Aires, entre otros cargos públicos. Ha publicado los libros "Cartas a mi hijo que está por nacer" (1999), “Yo no creo en la muerte” (2009), "Camino de Santiago" (2000) y "Hitler, un pecado Colectivo" (2023). Pueden leer sus últimos escritos en sistoteran.substack.com.